Capítulo 15: Tempus iustitiae

INT. CASA DE LAS GÓMEZ – NOCHE

Grettel llega a su casa y mientras saca las llaves de su bolso, tiene un recuerdo de hace una hora.


FLASHBACK

INT. HOSPITAL/HABITACIÓN DEL PADRE CHUY – NOCHE 

Grettel y Chuy platican luego de que ésta descubriera el evidente parecido entre Juan y Christian. 

Chuy: (muy serio) Sí, Grettel. Juan sí es parte de esa familia por desgracia (Grettel se impacta). Pero contrario a lo que crees, no es hijo de ese tipo.

Grettel: (extrañada) Creo que ahora sí estoy más confundida que al principio, padre. Yo misma le pregunté a mi jefe si ese muchacho que vi tan parecido a Juan es su hijo y él me dijo que sí. Por lo que pude ver, no tienen ni buena relación.

Chuy: No es para menos. Ni Juan ni ese muchacho que viste son hijos de Emiliano. 

Grettel: (sorprendida) ¿Cómo?

Chuy: En realidad son hijos de Gabriel Fonseca, el difunto hermano de Emiliano, el mismo al que él se encargó de matar en complicidad con Paula, la hermana.

Grettel, consternada, intenta procesar esa información.

Grettel: Entonces…

Chuy: Lo más seguro es que Emiliano se haga pasar por padre de ese muchacho. Fue su jugada para administrar la herencia de la familia que era toda de Gabriel. Desconozco si él sepa la verdad o no. 

Grettel: Nunca me imaginé que mi jefe tuviera un pasado tan turbio y esos alcances. Yo sí me imaginaba que la gente riquilla hace sus cochinadas por poder, pero al punto de matar y más a un hermano… 

Chuy: Es por eso que debes alejarte de inmediato de ese hombre, Grettel. No puedes quedarte trabajando más en esa empresa. Tú siendo tan amiga de Juan, lo podrías poner en riesgo. 

Grettel: ¿Por qué lo dice? 

Chuy: Emiliano Fonseca quería matar a Juan cuando nació. Vio que dos gemelos iban a ser un estorbo y se quería deshacer de uno.

Grettel: (perturbada) No lo puedo creer.

Chuy: Fue ahí donde Juan terminó en manos de Evaristo, que se hizo pasar por su padrino hasta que murió asesinado por Emiliano. Evaristo trabajaba para esa familia como jardinero.

Grettel: (muy impresionada) Todo lo que está contando es muy grave, padre y demasiado turbio. Jamás se me pasó por la cabeza que Juan pudiera estar relacionado con Emiliano Fonseca de esa manera.

Chuy: ¿Ves por qué te digo que debes irte de esa empresa? Es muy peligroso, hija. Debes renunciar y para mañana es tarde. Emiliano podría descubrir en cualquier momento la verdad y si de verdad aprecias la amistad de Juan, haz esto por él. Te lo pido.

Chuy la mira con preocupación y rogándole con los ojos. Grettel, por su parte, se queda pensativa.

FIN DEL FLASHBACK


Grettel deja de recordar, aún notablemente perturbada e impresionada. Luego, abre la puerta con su copia de llaves. Martha sale de su habitación y se sorprende al verla.

Martha: Grettel, volviste…

Grettel: (seria) No te hagas ilusiones. Vine nada más a recoger algunas cosas.

Martha: ¿De veras piensas irte? Esta es tu casa, hija. Yo en ningún momento te he corrido.

Grettel: Es mejor así, mamá. Está más que visto que tú y yo no podemos vivir bajo el mismo techo. Me quieres tratar como una niña y no te has dado cuenta de que ya soy toda una mujer que tiene ganas de comerse el mundo. 

Martha: (desanimada) Pues si eso quieres, no tengo forma de detenerte. Aunque tomes malas decisiones, sabes muy bien que aquí siempre me vas a tener.

Grettel: Sí, bueno, ahórrate los discursos. No pienso quedarme mucho tiempo. Iré a mi cuarto.

Martha la detiene y la toma del brazo con delicadeza.

Martha: Espera. Juan está ahí adentro y debe estar descansado. Me parece mejor que no entres hasta mañana. Puedes quedarte a dormir conmigo en mi cuarto si quieres.

Grettel: (sorprendida) ¿Qué hace aquí? 

Martha: No se siente muy bien. Por lo que me alcanzó a platicar, el pobrecito se enteró de su verdadero origen y al parecer es hijo de una familia muy poderosa.

Grettel se sorprende aún más al escucharla.

Martha: El caso es que esa gente lo quería muerto. No me dio muchos detalles y tampoco me pareció prudente preguntarle más. Estaba hecho un mar de lágrimas. Me dio mucha pena. 

Grettel: Siendo así, entonces me necesita.

Martha: No lo molestes, Grettel.

Grettel: Es mi amigo y sé lo que hago. Déjame. 

Grettel mira de mala forma a su madre y entra a la habitación. Martha niega con la cabeza y no puede evitar sentirse mal por la actitud de la joven. Dentro de la habitación, Juan se encuentra sentado en la cama, en silencio, jugando con su rosario entre los dedos y apenas iluminado por la tenue luz de la lámpara. Voltea y ve a su amiga.

Grettel: ¿Puedo?

Juan asiente con la cabeza. Grettel se acerca y se sienta a su lado. Juan la ve sin muchos ánimos.

Juan: Qué bueno que volviste. Supongo que recapacitaste y vas a hacer la paces con tu mamá.

Grettel: En realidad vine por unas cosas. Pienso mudarme a un departamento.

Juan: ¿Con qué dinero?

Grettel: Trabajo, ¿recuerdas? Tampoco es tan costoso, pero ahorita no vamos a hablar de mí. Me puedo imaginar cómo te estás sintiendo. Debe ser horrible enterarte así que te engañaron toda tu vida.

Juan: ¿Martha te contó?

Grettel: (asintiendo) Digamos que una parte, aunque yo me enteré hace rato por otra persona. 

Juan: (extrañado) ¿Quién?

Grettel no responde, agarra su celular y empieza a buscar algo en internet. Pocos segundos después, le muestra algo a Juan.

Grettel: Tómalo

Juan, dudoso y aún extrañado, recibe el celular. Ve en la pantalla una foto familiar de Emiliano, Fernanda y Christian, cosa que lo impacta. Reconoce a Fernanda, pero más le impresiona ver a su gemelo. Observa atónito con los ojos desorbitados.

Juan: Es mi hermano. Es igual a mí…

Grettel: Sí, lo sé. Es como verte en el espejo. Yo también tuve la misma reacción cuando vi a ese tipo esta tarde. 

Juan: (desconcertado) No entiendo. ¿Dónde lo viste?

Grettel: Juan, quizá esto te parezca sacado de una película y sea mucha coincidencia, pero este que ves aquí es mi jefe, Emiliano Fonseca…

Grettel señala con el dedo la cara de Emiliano. Juan se sorprende aún más.

Grettel: Te juro que no tenía ni idea y hoy por casualidad me encontré con él, con tu hermano y ya te imaginarás la impresión que me dio cuando lo vi tan parecido a ti.

Juan: (consternado) No puede ser…

Juan desliza el dedo por las fotos de aquella familia en algunos eventos sociales.

Grettel: Yo de inmediato supe que algo andaba mal. Fui al hospital para hablar con el padre Chuy y él me terminó contando todo. Por un momento pensé que eras hijo de Emiliano hasta que el padre me aclaró que es tu tío…

Juan: (exaltado) Ese tipo no es mi tío, no es nada mío. Ninguna de esas personas lo son. 

Grettel: No tapes el sol con un dedo, Juan. Te cueste o no aceptarlo, eres parte de esa familia.

Juan: ¿Una familia para lo que no valga nada? Grettel, esas personas me querían muerto. El tal Emiliano Fonseca me quería matar y mi supuesta madre me abandonó porque ni siquiera fue capaz de protegerme. Escogió a uno de sus hijos al azar como una lotería. ¿Qué familia?

Grettel: A ver, no te estoy diciendo que los veas como tal. Lo único que quiero es que veas la magnitud de lo que está pasando. 

Juan: ¿A dónde quieres llegar?

Grettel: A que a lo mejor todo esto pasó por una razón.

Juan: (indignado) ¿Una razón? Te estoy diciendo que Emiliano Fonseca me quería matar y mi padrino por defenderme fue el que sufrió las consecuencias. 

Grettel: Tu padrino también te engañó, ¿sí sabes?

Juan: Sí, pero fue el único que me quiso y que me dio un hogar, y si bien enterarme ahora de que me mintió también me duele, tampoco se me olvida que dio su vida por salvarme.

Grettel: Exactamente y ese es el otro punto al que quería llegar. Lo que te hicieron y lo que le hicieron a él no fue justo. ¿De verdad piensas quedarte sin hacer nada ahora que sabes la verdad?

Juan no responde a esa pregunta, aunque frunce el ceño y tensa el rostro con rabia. Grettel lo toma del rostro con delicadeza y hace que la mire. 

Grettel: Eres heredero de una familia muy rica y poderosa. Mereces que te devuelvan lo que te robaron, Juan.

Juan: No me interesa su lana ni su apellido. 

Grettel: ¿Vas a dejar que las cosas se queden así entonces?

Juan: ¿Y qué quieres que haga? ¿Ir a denunciar al tipejo ese? Porque ganas no me faltan, pero sé bien que no serviría de nada. 

Grettel: Tú lo has dicho. Emiliano es uno de los empresarios más influyentes del país. Tiene varios centros comerciales, hoteles, restaurantes… Ir a denunciarlo sería como hacerle cosquillas, pero si actuamos con cuidado, podemos hacerle pagar.

Juan: (desconcertado) Sigo sin entender. ¿Por qué me dices esto? Tú no tienes motivos.

Grettel: Porque te quiero y hemos sido amigos desde que éramos casi niños. ¿Crees que voy a dejarte solo en medio de esta guerra?

Juan: No he empezado ninguna guerra. Lo único que quiero es que la muerte de mi padrino no quede impune.

Grettel: ¡Muy bien! Yo tampoco quiero que tú sufras el resto de tu vida sintiéndote impotente y llenándote de rencor. Juntos podemos hacerle pagar a ese maldito que te robó tu vida y mató a tu padrino. 

Juan: (indeciso) No sé, Grettel. Estoy muy confundido, no sé qué pensar, no sé qué hacer. Toda la vida que tenía contemplada es como si se me hubiera ido por el fregadero. Estoy a nada de ordenarme sacerdote y con todo esto no sé si esté preparado. Tengo mucha rabia, tristeza, no me gusta sentirme así y la cabeza me va a explotar…

Grettel: ¿Vas a dejar entonces que él se salga con la suya?

Juan: Dios es el único que puede hacer venganza. No quiero dejarme envenenar de odio ni perder la fe que me queda. Me da miedo convertirme en alguien que no quiero.

Grettel: Mira, yo sé que tú eres religioso y que la venganza no es buena, mucho menos tiene cabida en la profesión que escogiste, pero esto no se trata de venganza, sino de justicia. 

Juan resopla mirando a la pared, lleno de dudas.  

Grettel: Te puedo asegurar que si te quedas de brazos cruzados, ese tipo nunca va a sentir la miseria y el dolor que tú sufriste de niño, mucho menos el haber perdido a un ser querido. Hay que echarle una mano a la justicia divina, ¿no crees? 

Juan no responde, notablemente pensativo y con aquellas palabras haciéndole eco.

Grettel: ¿De veras vas a vivir a atormentándote por el resto de la vida sabiendo que Emiliano Fonseca anda tan campante por ahí? ¿De verdad quieres eso?

Juan: ¿Y qué puedo hacer según tú?

Grettel: Yo tengo una idea que me vine pensando todo el camino y si te parece, Emiliano Fonseca podría irse a prisión muy pronto, pero solo funcionará si lo hacemos juntos. 

Juan se queda intrigado ante el posible plan de la joven. Tanto él como ella se miran en un silencio tenso. 


INT. HOSPITAL/SALA DE ESPERA – DÍA

Es muy temprano, apenas sale el sol. María José, Fernanda y Christian esperan noticias de Paula. María José está aparte, de pie, algo impaciente. Fernanda aprovecha la distancia y se acerca a Christian.

Fernanda: (susurrándole al oído) ¿Por qué no aprovechas y te acercas a María José? Este es el momento oportuno para que empiecen a hacer contacto.

Christian: Todavía no estoy de acuerdo con tu plan. Me parece una locura.

Fernanda: (sonriéndole) No me vas a negar que es bella.

Ambos miran con discreción a María José, quien no se da cuenta. 

Fernanda: Mírala… Tiene buen cuerpo, es elegante, habla y se expresa bien.

Christian se queda viendo a la joven con fijación, como si con su silencio asintiera ante lo que dice su madre.

Fernanda: Cosas como esas no las vas a encontrar en ninguna otra mujer y tú mereces sentirte hombre, sentirse deseado. Más que por el plan, te lo digo por tu bien, hijo.

Fernanda le sonríe de forma retorcida y le frota la espalda.

Fernanda: Iré por algo de tomar para que estés más cómodo a solas con ella. Hazme caso por una vez, ¿sí?

Fernanda se retira. Christian suspira, indeciso, pero al final se acerca a María José.

Christian: Te veo algo intranquila. Deberías tratar de sentarte y calmarte un poco.

María José se incomoda un poco y evita mirarlo.

María José: Quisiera, pero no estoy en condiciones, no hasta que me den noticias de mi madrina. Si algo le pasa, va a ser mi culpa.

Christian: ¿Por qué lo dices?

María José: (suspirando) Discutimos antes de que se desmayara. Le dije que me iba después de todo lo que pasó con doña Chela. No estuve de acuerdo con la forma en que todos la trataron.

Christian: Te entiendo y por eso mismo la quise defender de Emiliano. Mi vida con mis padres no fue fácil y ella fue la única persona en la que pude refugiarme, pero me engañó y me cuesta perdonarla por eso.

María José baja un poco la guardia al escucharlo y lo mira, sintiendo empatía.

María José: Créeme que te entiendo también (Esboza una sonrisa nostálgica). Mi madrina fue la que me acompañó desde niña después de que mis padres murieron y supongo que igual que yo, te sentiste muy solo a veces.

Christian: Ni lo digas. Al final, parece que tenemos más en común de lo que pensábamos.

María José: Eso veo y me imagino también que no debió ser fácil para ti crecer con un verdugo como Emiliano. Pude notar la relación tan tensa que han tenido.

Christian: No te equivocas, aunque en parte me da gusto saber que no es mi verdadero padre. No sé si te diste cuenta en la cena, pero mi mamá…

María José: Sí, lo sé. Fernanda tuvo un amorío con Gabriel Fonseca. Él era tu padre biológico.

Christian: Desde que lo supe, me he preguntado cómo hubiera sido mi vida si no se hubiera muerto. Supongo que tú sabes que su muerte fue causada por tu madrina, precisamente.

María José baja la cabeza.

Christian: (apenado) Disculpa…

María José: Está bien. Me enteré hace poco y tampoco puedo pretender negarme a la realidad de las cosas. Mi madrina hizo algo horrible y ese es justo otro motivo por el que quiero irme. 

Christian: Ahora que por fin tenemos oportunidad de hablar, nunca entendí por qué estuvo lejos tantos años. ¿Ella nunca te contó nada?

María José: Me contó una verdad a medias. Emiliano le prometió que partirían la herencia de Gabriel y la manipuló para que provocara el accidente, nada más que luego la traicionó y quiso inculparla del crimen. 

Christian: Típico de Emiliano. Deshacerse de lo que no le conviene. Puede que tu madrina matara a mi papá, pero ¿sabes? No le tengo rencor. 

María José: ¿De verdad?

Christian: Es mi tía y aunque apenas la conozco, en parte la entiendo. Mi abuela se suicidó cuando ella estaba pequeña. Debió vivir resentida mucho tiempo con mi nana. Después de todo, por culpa de mi nana, mi otra abuela se suicidó y dejó huérfana a tu madrina.

María José: Yo pienso lo mismo, pero su sufrimiento no justifica que matara a su propio hermano. Paula es tan culpable como Emiliano y eso nada lo va a cambiar. 

Christian: Pues ¿qué te digo? Todos cometieron errores y nos jodieron la vida, y no lo digo solo por mí, sino por mi hermano…

María José se sorprende al escucharlo y se hace la desentendida.

María José: ¿Hermano?

Christian: Sí, creo que somos gemelos o mellizos, no estoy seguro. Emiliano también se deshizo de él y de seguro ahorita está muerto porque lo último que supe es que estaba enfermo.

María José guarda silencio por unos segundos.

María José: ¿Nunca has pensado en denunciar?

Christian: Me callaron. Cuando supe lo de mi hermano, yo tenía quince años y me llené de miedo. Mi mamá me prohibió siquiera mencionarlo. ¿Qué podía hacer? Ni siquiera ahora serviría de nada. Emiliano saldría bien librado, así que, si puedes irte, no estaría mal que lo hicieras antes de que termines envuelta en toda la podredumbre de mi familia, solo que va a ser una pena. Se nota que eres una mujer muy interesante…

María José lo mira, sorprendida por el comentario. Antes de que pueda responder, un doctor se acerca con expresión seria.

Doctor: ¿Familiares de la señora Paula Fonseca?

María José: (exaltada) Yo soy su ahijada. ¿Cómo se encuentra, doctor?

Doctor: Despertó, le hicimos algunos exámenes en la madrugada y se encuentra estable, pero necesito ser muy sincero con usted, señorita. 

María José: (preocupada) ¿Por qué? ¿Qué ocurre?

Doctor: Su madrina padece cáncer de mama, etapa tres. Necesita iniciar tratamiento cuanto antes.

María José se queda paralizada. El rostro se le descompone, incapaz de procesarlo. Christian también se sorprende. Fernanda regresa en ese momento con dos vasos de café en las manos.

Fernanda: ¿Qué pasa? ¿Cómo sigue mi cuñada?

María José se siente incapaz de responder y quiebra la voz.

María José: ¿Puedo verla?

Doctor: Puede, pero…

María José no lo deja terminar y se apresura a entrar a la habitación. Fernanda luce desconcertada y se acerca a Christian.

Fernanda: ¿Qué dijeron? 

Christian: Paula tiene cáncer.

Esto sorprende a la mujer, quien se queda pensativa y con una actitud de suspicacia.


INT. ORFANATO “NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE”/CAPILLA – DÍA

Juan se encuentra de pie, observando con atención el cuadro de la Virgen de Guadalupe. Chuy aparece allí, puesto que al parecer ya ha sido dado de alta.

Chuy: Juan… ¿Podemos hablar?

Juan no voltea a verlo y solo permanece mirando con atención el cuadro.

Juan: Deme tiempo para pensar bien las cosas, padre. Creo que todavía no es muy prudente que hablemos y menos ahorita que estoy en un punto de mi vida en la que no sé ni qué rumbo tomar.

Chuy: ¿Qué quieres decir con eso?

Juan voltea a verlo esta vez, mirándolo con seriedad.

Juan: No me voy a ordenar todavía.

Chuy: No tomes decisiones de forma tan apresurada, menos así, con el corazón herido.

Juan: ¿Y cómo no? ¿Cómo quiere que no lo haga si me entero que mi padrino fue asesinado a sangre fría por el mismo hombre que mató a mi padre y que para colmo sigue libre? ¿Cómo quiere que siga adelante con esta rabia y este resentimiento? Hasta para mi mamá fui una carga y me abandonó como si nada. ¿Cómo quiere que me sienta?

Chuy: Te juro que te comprendo más de lo que crees, pero no dejes que tu corazón se llene de odio, muchacho. 

Juan: No me diga eso. El menos indicado para pedírmelo es usted que me ocultó por años la verdad como si fuera un imbécil. ¿Con qué moral me pide que no odie si usted me mintió? 

Chuy: (sollozando) Juan, yo te quiero mucho, más que a cualquiera de los otros muchachos que vi crecer en este orfanato. Quise protegerte y quiero hacerlo ahora. Por favor, olvídate de esto y vete del país. Toma la beca que te conseguí. Hazme caso.

Juan: ¿De verdad pretende que siga viviendo como si nada hubiera pasado?

Chuy: ¡Te lo suplico, por favor! 

Juan: (alzando la voz) ¡No me va a decir lo que tengo que hacer, padre! Ya estuvo de bueno de verme la cara de idiota. He rezado mucho, muchísimo, de rodillas y llorando, pidiendo tantito de claridad, discernimiento y no tengo respuestas, así que ahora voy a hacer lo que yo crea.

Chuy: ¿Y qué se supone que puedes hacer tú? ¿Enfrentar a Emiliano? ¿Crees que encarándolo o denunciándolo con la policía vas a hacer justicia?

Juan: Si usted ha pecado de cobarde, yo no lo pienso hacer. No voy a permitir que la muerte de mi padrino quede impune, ni siquiera la de mi papá al que no pude conocer.

Chuy: (asustado) ¿Qué tienes en mente?

Juan: (con frialdad) No le pienso decir. No puedo confiar en usted.

Juan se aleja de forma contundente hacia la salida.

Chuy: (con la voz quebrada) Juan… Juan, escúchame, te lo pido. ¡Es peligroso! 

Pero Juan no se detiene. La puerta se cierra con un golpe seco, dejando a Chuy solo, con los ojos llenos de lágrimas y el eco del resentimiento resonando entre los muros de la capilla. Chuy mira hacia al altar.

Chuy: (llorando) Señor, ayúdame. Te lo pido, por favor. Ayúdame para saber qué hacer y protege a Juan. No permitas que cometa una locura. 

Chuy se fatiga un poco y se sienta en una de las bancas, aún llorando ante la profunda preocupación que siente.


INT. HOSPITAL/HABITACIÓN – DÍA

María José ha pasado a ver a Paula, quien reposa recostada sobre la cama, con una de las manos inyectadas a suero fisiológico.


María José: ¿Cómo te sientes?

Paula: (con debilidad) Mejor, aunque no te preocupes. Puedes irte tranquila. No pienso detenerte más. Perdóname por el show que te armé.

María José: ¿Cómo me pides que no me preocupe si estás enferma, madrina?

Paula se sorprende y no dice nada.

María José: (solloza) ¿Por qué me ocultaste que tienes cáncer? ¿Cuándo pensabas decírmelo? ¿Hasta cuándo me vas a ocultar cosas?

Paula: No quería angustiarte.

María José: Es cáncer etapa tres. Hace mucho debiste empezar un tratamiento. Empezarlo ahora reduce mucho tus posibilidades de vida. ¿No te das cuenta?

Paula: Nunca he querido tratarme ni pienso hacerlo.

María José: Madrina…

Paula: Mi único objetivo desde que supe que me estaba consumiendo esta enfermedad era vengarme. Quiero aprovechar lo que me queda de vida para acabar con Emiliano. 

María José: No puedo creer que ni aún conociendo tu situación sigas empeñada con lo mismo.

Paula: Es mi única forma de irme en paz. No me interesa nada más. 

María José: ¿Y qué estás pensando hacer? No tienes pruebas, no tienes nada para vengarte de él. Todo el tiempo que podrías gastar pensando en cómo hundirlo podrías dedicarlo a tratarte.

Paula: Precisamente por eso no pienso perder el tiempo conectada a una máquina o drogada con quimioterapias. Debo enfocarme solo en mi venganza y la única que puede ayudarme eres tú.

María José: Ya te dije que no voy a casarme con Christian. No voy a caer en ese juego.

Paula: No te estoy pidiendo que mates a nadie, solo que te cases con él. Es lo único que necesito para asegurar el golpe final.

María José: (con ironía) ¿Y después qué? ¿Vivimos todos felices mientras tú te mueres sabiendo que me usaste?

Paula: No te quiero usar. Tan solo estoy pidiéndote un favor, además estoy tratando de dejarte algo, un futuro, una seguridad. Ese dinero es tuyo, María José. Yo solo quiero que lo tomes, ya que a mí no me va a servir de nada.

María José camina por la habitación, resopla e intenta no llorar.

Paula: Hazlo por nosotras, por el tiempo que compartimos. Hazlo también por ese pobre muchacho, Juan… 

María José se detiene y le da la espalda.

Paula: Él creció entre la miseria mientras Emiliano vivía rodeado de lujos que le robó. ¿Tú crees que eso es justo?

María José: No, no lo es (Vuelve a voltearse). De todas maneras, a Juan jamás le interesaría el dinero de esa familia.

Paula: No se trata de dinero o de ambición. Es una cuestión de hacer justicia, además con ese dinero él podría hacer muchas obras de caridad en su orfanato.

María José: (indecisa) No sé, madrina…

Paula alcanza la mano de la joven y la toma con delicadeza.

Paula: Si logras casarte con Christian, yo me encargo del resto. Puedo conseguir las pruebas suficientes para acabar con Emiliano y tu matrimonio es el primer paso para debilitarlo. Es lo último que te pediré en vida, mi princesa… Ayúdame.

María José permanece en silencio. Mira la mano frágil de su madrina sosteniendo la suya. En sus ojos se mezclan el amor, la duda y la culpa que siente por ella. Paula la mira con ojos suplicantes. 


INT. HOSPITAL/HABITACIÓN – DÍA

Benjamín ya ha sido dado de alta y se encuentra terminando de abotonarse una camisa. Hay otros pacientes, cuyas camas son separadas por las cortinas a una distancia prudente, ya que es una habitación para aquellos que no pueden pagar una privada. Cuando voltea, se sorprende al ver a Jorge, quien al parecer llevaba rato allí.

Jorge: (sonriendo con malicia) ¡Qué gusto verte de nuevo, mi querido Benjamín!

Benjamín: (muy molesto) ¿Qué está haciendo usted aquí?

Jorge: Tan solo vine a recibirte. Estuve muy pendiente preguntando por ti estos días. Quizá no me creas, pero me preocupé pensando lo peor, solo que no quise venir a visitarte antes para que descansaras un poco de mi presencia….

Jorge se asegura de que nadie los vea y le acaricia el rostro con gesto insinuante. Benjamín le baja la mano de un manotazo.

Benjamín: ¡No se atreva! Es la última vez que nos vamos a ver, ¿me oyó? Por su culpa me quise matar y ya que no tengo nada que perder, pienso dejar el sacerdocio.

Jorge: (burlesco, sonriendo) ¿Vas a seguir con esa actitud? Recuerda que Juan de La Cruz está de por medio.

Benjamín: No voy a permitir que me siga chantajeando con lo mismo. Si es cierto que tiene fotos o videos de cuando lo besé, yo mismo me encargo de explicarlo todo ante la curia. No voy a dejar que Juan pague por un malentendido.

Jorge se acerca, con una actitud sombría. Benjamín, sin embargo, no se deja intimidar.

Jorge: Esto no se trata ya de un simple video que por cierto no existe. Nada más me lo inventé para tener con qué manipularte y fuiste tan imbécil de caer.

Benjamín aprieta los puños al oírlo.

Jorge: Pero esta vez sí tengo pruebas que podrían hacerle a Juan de La Cruz más daño que solo retrasar su ordenación por presuntas conductas homosexuales contigo. 

Jorge lanza sobre la cama un sobre. Benjamín observa con recelo. 

Jorge: Ábrelo. Te juro que después de verlo vas a cambiar de opinión.

Benjamín, con suspicacia, toma el sobre de mala gana y saca rápidamente el contenido, viendo recortes de fotos y notas periodísticas de Emiliano Fonseca, aunque sus ojos se detienen con asombro al ver una foto de Christian.

Benjamín: (confundido) ¿Qué es esto?

Jorge: (sonriendo) Es la familia de Juan y ese de ahí es nada más que su hermano gemelo. Me tomé la tarea de hacer mi investigación, como puedes ver.

Benjamín: (consternado) No puede ser…

Jorge: Lo es. Por casualidad descubrí a la madre biológica de Juan y a aquella muchacha, la tal María José, platicando. El padre Jesús me lo confirmó y resulta que ese hombre, Emiliano Fonseca, es tío de tu queridísimo Juan y quiso matarlo cuando nació como si del mismísimo rey Herodes se tratara cuando mandó a masacrar a los recién nacidos de Belén. 

Jorge se burla sutilmente. Benjamín sigue pasando los recortes de periódico y fotos una tras otra.

Jorge: En todo caso, ese secreto ahora está en mis manos. ¿Te das cuenta? Con solo un correo anónimo a Emiliano Fonseca diciéndole dónde se encuentra su sobrino, le haría un gran favor. ¿No te parece?

Benjamín lo toma de la ropa con brusquedad y le habla en voz baja.

Benjamín: (furioso) ¡No se atreva! ¡Si llega a hacerle daño a Juan, le juro que lo mato! ¡Usted aún no me conoce ni sabe de lo que soy capaz!

Jorge: (burlesco) No sabes lo mucho que me prende cuando te pones así. 

Benjamín lo suelta de mala gana, asqueado.

Benjamín: Usted es una basura, una maldita porquería. No sabe el asco que me da.

Jorge: Puedo ser peor si me provocas y no me gusta ser derrotado como te habrás dado cuenta. 

Benjamín respira agitado, lleno de ira. Jorge lo mira con lascivia.

Jorge: Tú me perteneces, Benjamín. Me perteneces desde ese día que me probaste y yo también te pertenezco. Somos uno y no te imaginas cuánto eché mucho de menos tener esto en mi boca que tanto me vuelve loco. 

Jorge dice aquello metiéndole la mano por debajo del pantalón. Benjamín se aparta, retrocediendo con repulsión.

Benjamín: No puede tenerme bajo su yugo la vida entera. 

Jorge: Claro que puedo y ni siquiera intentando matarte te vas a librar de mí tan fácil, ¿sabes por qué? Porque muy en el fondo quisiste suicidarte, no por mí, sino porque no soportas lo que eres.

Benjamín: ¡Cállese! ¡No sabe lo que dice!

Jorge: Admítelo. En el fondo disfrutas revolcarte conmigo y a diferencia de ti, yo no lo niego. Te odias a ti mismo por sentir ese placer y no lo soportaste. El problema eres tú, no yo… Eres demasiado patético y cobarde.

Benjamín tiembla, sintiéndose completamente humillado. Juan llega de repente y se extraña un poco al ver la cercanía tan tensa entre ambos hombres.

Benjamín y Jorge se apartan. El primero respira hondo, intentando reponerse y con discreción recoge el material para meterlo en el sobre.

Benjamín: (nervioso) Ho… Hola, Juan.

Jorge: (con hipocresía) Qué gusto verlo por acá, Juan. No sabía que venía.

Juan: (mirándolo con suspicacia) Lo mismo digo. No esperaba verlo aquí.

Jorge: Vine a hacerme un chequeo de rutina y recordé que no había visitado a Benjamín, así que quise saludarlo. Veo que le van a dar de alta.

Juan: Sí, de hecho por eso vine, para acompañarlo.

Jorge: Usted siempre está al pendiente del bienestar de todos. Es un bonito gesto.

Juan: Benjamín es mi mejor amigo. No iba a dejar que se fuera solo para el orfanato.

Jorge: De todas maneras, admiro su gentileza. Estoy seguro de que Benjamín también siente un gran aprecio por usted y haría cualquier cosa para que esté bien.

Jorge dice aquello mirando con discreción a Benjamín y con doble sentido. 

Benjamín: Le agradezco por el saludo, padre Jorge. Ya me voy. 

Jorge: No hay de qué. Yo también me retiro. Nos vemos.

Jorge les sonríe a ambos con su típica burla y se va. Juan se queda viéndolo con extrañeza y curiosidad.

Juan: (mirando el sobre) ¿Qué es eso?

Benjamín: (nervioso) ¿Esto? Nada importante. Es mi historia clínica.

Juan: ¿Y por qué estás así?

Benjamín: ¿Así cómo?

Juan: No sé, nervioso. 

Benjamín: Para nada. Estoy bien.

Juan: ¿Seguro?

Benjamín: Sí, Juan. No entiendo a qué vienen tus preguntas. ¿Por qué me estás indagando tanto?

Juan: No lo tomes a mal. Es que siempre que te encuentro con Jorge, los noto muy raros. Hace días, en el baño del orfanato, alcancé a ver que te estaba acariciando los labios y hoy, no sé, me da la impresión de que discutían. 

Benjamín: Es parecer tuyo. ¿Qué podría pasar?

Juan: Dímelo tú. Jorge a mí se me hace un tipo bien raro, no confío en él y además, estoy casi seguro de que le va a… (Se detiene)

Benjamín: ¿A qué?

Juan: Que le va a los hombres, que le gustan, pues y lo digo porque se me ha insinuado muy por encima y de forma muy descarada, solo que no soy menso y me he dado cuenta. 

Benjamín: (poniéndose a la defensiva) ¿Y crees que yo tengo algo con él?

Juan: Claro que no. Nada más digo por si contigo también está haciendo lo mismo y se te está insinuando. Con eso confirmaría la sospechas que tengo y de ser así, habría un motivo más para que lo investiguen y lo destituyan. No está bien que ande por ahí, tú sabes…

Benjamín: No veas cosas donde no las hay, Juan. Ignóralo y ya mejor vámonos que estoy cansado de este sitio, ¿sí?

Benjamín se adelanta y sale de la habitación. Juan, no obstante, no se convence mucho.


INT. CORPORATIVO FONSECA/OFICINA DE CHRISTIAN – DÍA

Christian, entretanto, se pasea por su amplia y nueva oficina, mirando alrededor con una sonrisa llena de satisfacción. 

Christian: No está nada mal.

Christian se sienta en la silla principal y pone los pies sobre el escritorio.

Christian: Quizás me termine gustando esto. ¿Quién quita y me vuelve un hombre de negocios?

De repente, tocan la puerta y él baja los pies del escritorio.

Christian: ¿Quién es?

Grettel entra, sosteniendo una carpeta en las manos. Incluso tiene el uniforme un poco más arriba de la rodilla de lo normal.

Grettel: Buenas tardes, licenciado.

Christian: (riéndose) ¿Licenciado?

Grettel: Bueno, usted va a ser mi jefe también. Yo siempre llamo a mis jefes así.

Christian: Pues búscate otra palabra. Para empezar yo ni he ido a la universidad y me hace sentir bastante ruco eso de “licenciado”. 

Grettel: ¿Puedo tutearte entonces?

Christian enarca una ceja y sonríe con simpatía.

Christian: Por mí no hay problema. Igual, somos de la misma edad, creo. ¿Cuántos años tienes?

Grettel: Veintisiete.

Christian: Yo igual. Le atiné entonces. ¿Cómo te llamas? 

Grettel: Grettel, mucho gusto. 

Grettel sonríe con picardía y le extiende la mano con una confianza muy espontánea. Christian la escanea con la mirada y no puede evitar fijarse en sus piernas, por lo que se tarda unos segundos y le corresponde el apretón de manos.

Christian: Mucho gusto.

Grettel: Tú debes ser Christian, si no me equivoco. 

Christian: Casi nunca vengo por aquí. ¿Cómo lo supiste?

Grettel: Ayer no pude evitar quedarme escuchando un poco la conversación que tuviste con tu papá. Me pareció que ibas a empezar a trabajar acá y me puse en la tarea de investigar. De hecho, hasta me puse muy nerviosa cuando te vi.

Christian: (incrédulo) ¿Ah, sí? ¿Y eso por qué?

Grettel: No me imaginé que el hijo del licenciado Fonseca fuera tan joven y tan guapo. 

Christian: ¿Y siempre eres así de coqueta? ¿No será que mi papá te mandó a espiarme?

Grettel: Supongo que lo dices porque no tienes una buena relación con él (Christian se extraña). Y sí, antes de que me lo preguntes, él mismo me lo comentó, pero no me mandó a espiar. Vine por mi cuenta para darte la bienvenida y darte un informe de primera mano para que sepas lo básico del corporativo. 

Grettel pone la carpeta sobre el escritorio. Christian la toma y la hojea, mostrando poca sorpresa.

Christian: Muy bien, pero yo no te lo pedí.

Grettel: Tranquilo. A mí me gusta ayudar.

Grettel se apoya en el escritorio y se inclina un poco hacia él, mostrándose un tanto provocativa.

Grettel: Tómalo como una disculpa por el café que derramé. De seguro no te di buena impresión y así te puedo compensar para que veas lo profesional que soy.

Grettel le guiña un ojo y se aleja. Christian queda un tanto perplejo por la seguridad que ella le transmite.

Grettel: Te dejé algo al final de la carpeta. Léelo.

Grettel sale de la oficina. Christian se extraña y pasa las hojas rápidamente hasta llegar al final de la carpeta donde encuentra una nota pegada.

“Nos vemos esta noche en esta dirección. Llega a las ocho y no faltes. Te conviene”.

Christian: (en voz baja, desconcertado) ¿Qué se trae esta tipa?

Su mirada cambia a una mezcla de curiosidad y cautela. Luego se reclina en la silla y sonríe con un dejo de intriga.

Christian: (susurrando) Bueno. Veamos qué tanto me conviene.


INT. ORFANATO “NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE”/OFICINA DEL PADRE CHUY – DÍA

El despacho está lleno de cajas con ropa y juguetes que las hermanas de la congregación han ido reuniendo. A un costado, Martha dobla unas camisetas recién cosidas y las acomoda con esmero sobre una mesa. Chuy también la ayuda a doblar.

Chuy: ¡Qué manos las tuyas, Martha! Cada prenda parece como nueva.

Martha: (riendo con modestia) ¡Ay, padre! Nada más les paso una puntadita aquí y allá. Además, lo hago con gusto.

Chuy: Aun así, no creas que te vas a quedar sin tu pago. El trabajo se agradece y se valora.

Martha: Tranquilo, no me debe nada. Puede dejarlo así. Recuerde que le tengo mucho cariño a este orfanato. Grettel estudió aquí y ustedes me ayudaron mucho cuando no teníamos nada. No crea que se me olvida. Usted es un santo.

Chuy: (riendo) ¿Santo yo? Brincos diera. Yo me siento el más imperfecto de todos.

Chuy esboza su sonrisa y baja la mirada.

Martha: Me supongo que está así por lo de Juan, ¿no? (Chuy se sorprende) Él mismito fue ayer a mi casa y me contó un poco. ¿Quién se iba a imaginar que el muchacho iba a ser hijo ilegítimo de una familia rica?

Chuy: Tienes que guardar prudencia con respecto a ese asunto, hija. Es muy delicado.

Martha: Tranquilo. Usted sabe que yo soy una tumba. Más bien lo que no entiendo es por qué simplemente no denuncian a ese señor, al tal Emiliano Fonseca, si es un asesino. 

Chuy: Porque temo que su poder lo libre de la cárcel. Emiliano Fonseca tiene influencias, demasiadas, y Juan está tan dolido que ni siquiera quiere escucharme. Si se acerca a los Fonseca en ese estado, me temo lo peor.

Martha: Juan es un muchacho a todo dar. Confíe en que algún momento lo va a perdonar. Los jóvenes son así. Grettel, por ejemplo, anda insoportable. ¿No le conté que se fue de la casa? 

Chuy: ¿Se fue? ¿Por qué? 

Martha: Según ella porque yo la controlo cuando lo único que quiero es evitar que cometa un error. Me da la impresión de que tiene algo con su jefe, imagínese usted.

Chuy: (muy sorprendido) ¿Estás segura?

Martha: No del todo, pero ya pasó una noche por fuera y todo apunta a que fue con él. 

El rostro del padre Chuy se tensa. Recuerda la conversación en el hospital, cuando Grettel le dijo que su jefe era Emiliano Fonseca.

Chuy: (preocupado) No puede ser…

Martha: ¿Qué pasa, padre? 

Chuy: Martha, no sé cómo, pero tenemos que hacer que Grettel se aleje de ese hombre y que renuncie a ese trabajo. Ella me prometió que lo haría anoche que fue a verme al hospital, pero si lo que me dices es cierto, dudo que lo haga y puede meterse en problemas.

Martha: Pero ¿por qué lo dice en ese tono? ¿Qué tipo de problemas? ¿A poco qué le dijo?

Chuy: Emiliano Fonseca es su jefe. 

Martha se impacta al escucharlo y desencaja el rostro. Chuy la observa con preocupación.


INT. ORFANATO “NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE”/HABITACIÓN DE BENJAMÍN – DÍA

Juan abre la puerta y deja pasar a Benjamín, quien se sorprende al verlo tan ordenado y limpio. Es de notar que el segundo tiene la muñeca vendada todavía.

Benjamín: Órale. ¿Qué le hiciste a mi cuarto?

Juan: Nada importante. Cambié las sábanas y limpié un poco porque apestaba esto aquí y de seguro por tu culpa. Te pasas de cochino, eh. Hasta las cucarachas salían corriendo. 

Benjamín: (riendo) No manches. Tampoco estaba tan sucio.

Benjamín le pega un puño leve en el brazo. Juan se ríe un poco, aunque esboza su sonrisa y se queda en silencio. Benjamín lo nota.

Benjamín: ¿Qué tienes? 

Juan: Nada, no te preocupes. Estaba pensando lo mucho que me alegra que estés de vuelta, aunque sea por poquito tiempo (Pone su mano en el hombro de él). 

Benjamín: Ya, no empieces con eso. No quiero que te pongas triste. Te voy a escribir, ya que por celular ni modo. Ninguno de los dos tenemos. 

Juan: ¿Y si te dijera que me quiero ir contigo? 

Benjamín se sorprende ante tan inesperada pregunta. 


INT. CORPORATIVO FONSECA/PISO PRINCIPAL – DÍA

Martha ha llegado al corporativo y se baja del ascensor con una expresión sumamente seria. Debido a su vestir humilde, las miradas de los empleados se posan sobre ella con extrañeza. Ella, sin embargo, se acerca al escritorio de una secretaria sin dar importancia a tales miradas.

Martha: Buenas tardes, señorita. Quisiera hablar con el señor Emiliano Fonseca.

Secretaria: (extrañada) Buenas tardes. ¿Tiene cita?

Martha: No, pero dígale que es urgente y necesito hablar con él sobre mi hija Grettel de inmediato si no quiere que haga un escándalo.

La secretaria se sorprende por el tono firme de la mujer y luego toma el teléfono.

Secretaria: Licenciado, disculpe. Hay una mujer aquí que necesita hablar con usted sobre Grettel. Me dice que es urgente.

Grettel justo aparece caminando por un pasillo y cargando unos papeles que al parecer fotocopiaba, y se asusta al ver a su madre, por lo que se le acerca con discreción.

Grettel: (desconcertada) ¿Mamá?

Martha voltea, mirándola con seriedad.

Grettel: ¿Qué se supone que estás haciendo aquí?

Martha: Vine a ponerle fin a tu jueguito, Grettel.

Grettel la toma del brazo, avergonzada al ver como todos observan

Grettel: (susurrando) No hagas esto, por favor. Vámonos a casa y hablamos allá.

Martha: (soltándose y susurrando) No pienso irme a ninguna parte y tampoco pienso permitir que arruines tu vida involucrándote con un asesino.

Grettel: (muy incómoda) Cállate. No sabes de lo que hablas.

Martha: Claro que lo sé. El padre Chuy ya me lo contó todo y no voy a quedarme de brazos cruzados. Estás poniendo en riesgo tu vida y la de Juan.

Grettel vuelve a tomarla del brazo con fuerza.

Grettel: ¡Vámonos! 

Martha: ¡No me voy! ¡De aquí no me vas a sacar! ¡Y quiero hablar ya mismo con Emiliano Fonseca! ¡Llámenlo! ¡Díganle que salga!

Grettel: ¡Mamá, por favor! ¡Deja de avergonzarme así!

Martha: (gritando) ¡Licenciado! ¡Licenciado Fonseca! ¡Necesito hablar con usted!

Grettel: ¡Basta! (Impidiéndole el paso)

Emiliano: ¿Qué está pasando?

Grettel y Martha voltean a ver al escuchar la imponente voz de Emiliano, quien observa con seriedad desde la puerta de su oficina.

Grettel: (apenada) Licenciado…

Emiliano: ¿Qué significa este escándalo, Grettel?

Martha: Con usted quería hablar, señor. Mi nombre es Martha Gómez y tengo algo muy importante que platicarle.

Toda la escena se llena de tensión. Emiliano mira con una seriedad intimidante a ambas mujeres. Martha, no obstante, se ve firme y decidida. Grettel, por su parte, siente como si quisiera ser tragada por la tierra. 

CONTINUARÁ…

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