Capítulo 21: Veritas in tenebris

INT. HOSPITAL/HABITACIÓN DE EMILIANO – DÍA

Emiliano se encuentra en bata, peinándose frente a un pequeño espejo colgado en la pared y se ve que tiene algunas contusiones y raspones en el rostro, aunque no de gravedad. Fernanda justo detrás de él, colocando unas prendas de ropa sobre la cama.

Emiliano: (fastidiado) Hubieras mandado a una de las criadas con mi ropa. No tenías que aparecerte por aquí.

Fernanda: Deberías al menos agradecerme el esfuerzo que hago después de todos los desplantes que me haces.

Emiliano: No tengo por qué agradecerte nada. Se supone que eres mi mujer y ese es tu deber, portarte como toda una esposa abnegada y cristiana, aunque de cristiana no tengas ni un pelo.

Fernanda no dice nada ante ello y solo respira con rabia contenida.

Fernanda: Y bien, cambiando de tema, ¿no te parece que te falta contarme algo?

Emiliano sigue peinándose.

Emiliano: ¿Contarte qué?

Fernanda: Dímelo tú. Tuviste un accidente de coche horrible. Hubo hasta un muerto. Christian y tú se salvaron de puro milagro. ¿Qué hacían esa noche saliendo de la ciudad?

Emiliano deja el peine a un lado, se voltea y cojea hasta ella. Toca los labios de la mujer con el dedo pulgar y una calma inquietante. Fernanda se aparta de inmediato.

Emiliano: Déjate de interrogatorios, ¿quieres? Entre menos sepas mejor, mi chula. No quieras meter las narices donde nadie te ha llamado.

Fernanda: Christian tampoco quiso contarme nada. Merezco que me informen de lo que hagan y más si mi hijo estaba implicado. 

Emiliano: Deja ya de sobreprotegerlo, mujer. Deja que viva su vida. Todo este tiempo lo único que has logrado es entorpecerlo y hacerlo más pendejo de lo que ya es. Es que hasta virgen debe ser y se le debe bajar cuando intenta coger.

Emiliano se aparta, fastidiado y agarra la ropa. Fernanda permanece seria.

Emiliano: Mejor ya vete que me hartas. No te necesito aquí.

Fernanda: ¿Vas a salir?

Emiliano: Es obvio, ¿no? Dos días encerrado en este pinche hospital ya me tienen cansado.

Fernanda: No creo que sea buena idea. Todavía ni siquiera te han autorizado la salida. Deberías descansar, tomarte unos días…

Emiliano: No insistas. Aunque esté cojo, no voy a faltar a mis deberes, menos ahora, a punto de cerrar el negocio del año hoy en la tarde.

Fernanda: Ah, te refieres al centro comercial.

Emiliano: (extrañado) ¿Cómo sabes?

Fernanda: Christian me comentó un poco esta mañana, pero no te preocupes. Él ya se está haciendo cargo.

Emiliano: (desconcertado) ¿De qué estás hablando?


CORTE A:

INT. CORPORATIVO FONSECA/SALA DE JUNTAS – DÍA

Christian se encuentra trajeado, rodeado de inversionistas a los cuales les da la bienvenida con un apretón de manos. Sonríe con simpatía, algo nervioso. 

Fernanda: (off screen) Alguien tenía que ir al cierre del acuerdo comercial para la construcción del mall y en vista de que tú estaba convaleciente, Christian, como buen hijo, se ofreció a reemplazarte. De seguro lo hará muy bien.


CORTE A:

INT. HOSPITAL/HABITACIÓN DE EMILIANO – DÍA

Emiliano, furioso, toma del brazo a Fernanda con brusquedad.

Emiliano: ¿Y a ti quién te dio permiso de tomar decisiones sin consultarme?

Fernanda se suelta.

Fernanda: No fui yo. Christian se ofreció a hacerlo y no quise interferir. Él insistió, aun recuperándose del accidente. Quiere demostrarte que puede ganarse un lugar en la empresa. ¿Qué tiene eso de malo?

Emiliano: ¿Todavía preguntas? Ese “bueno para nada” solo va a empeorarlo todo. Él no tiene ni idea de cómo cerrar un negocio.

Fernanda: ¿Quién dice que no? Christian es hábil, inteligente…

Emiliano: (la interrumpe) ¡Es un inútil! Uno al que tú malcriaste y escondiste bajo tu falda. 

Fernanda: Estás siendo muy injusto, Emiliano. Deberías darle una oportunidad de demostrarte de lo que es capaz.

Emiliano: Él nunca me llegará ni a los talones. Es un cobarde, un imbécil. Ni siquiera fue capaz de…

Emiliano se detiene abruptamente y tiene un recuerdo.


FLASHBACK

Juan lo mira con fijación, esperando su destino con los ojos destrozados. Christian sostiene la pistola, pero tiembla.

Christian: (en un hilo de voz) No puedo…

Christian niega con la cabeza y baja la pistola.

Christian: No puedo. ¡No quiero hacerlo! ¡No puedo!

FIN DEL FLASHBACK


Emiliano deja de recordar. Fernanda lo mira desconcertada ante su silencio.

Fernanda: ¿No fue capaz de qué?

Emiliano: ¡De nada! El punto es que no pienso ceder por más que tú o él me metan presión. No voy a permitir que tu hijito meta las narices en mis asuntos, ¿sí entiendes? Y más le vale no haber echado a perder el negocio que tanto me costó porque ahí no se la va a acabar.

Emiliano le da la espalda y comienza a desvestirse.

Emiliano: ¿Qué esperas? Lárgate.

Fernanda no responde. Lo mira un instante, sonriendo con malicia y sale en silencio. Emiliano queda solo y tira la ropa al suelo con rabia.

Emiliano: Esto era lo único que me faltaba.

El hombre se pasa la mano por la cabellera y se queda pensativo. 


INT. HOSPITAL/HABITACIÓN DE MARÍA JOSÉ – DÍA

Paula toca un par de veces la puerta.

Paula: María José, ¿ya estás lista? Es hora de irnos.

Vuelve a tocar, pero no recibe respuesta.

Paula: María José, ¿qué tanto haces?

Paula se extraña, por lo que decide entrar y se extraña al no verla.

Paula: ¿María José?

Paula la busca en el baño, pero no ve rastros de su ahijada.

Paula: (susurrando) ¿Dónde se metería ahora esa estúpida?


VILLA ENCANTADA


Puede verse en vista panorámica las calles coloniales del pueblo en medio de un bonito día veraniego de cielo azul. Personas que visten de forma humilde van de aquí para allá, niños juegan en las calles y los autos que conducen por las calles. De forma panorámica, se aprecia también la plaza principal, en la cual resalta la iglesia y algunos mercados.


INT. CASA DE CHELA/HABITACIÓN – DÍA

Juan termina de beberse un vaso con agua, recostado en la cama, sin camisa. Chela se encuentra sentada a su lado y le esboza una sonrisa. Él le entrega el vaso.

Chela: ¿Te sientes mejor?

Juan: (asintiendo) Sí, gracias, aunque… (Hace una pausa, confundido) Todavía me siento algo mareado.

Chela: Es normal (Pone el vaso en una mesa al lado). Tuviste mucha fiebre ayer y tenías una herida en el costado.

Juan guarda silencio durante algunos segundos.

Juan: Disculpe, pero ¿me puede decir dónde estoy? Lo último que recuerdo es que me desmayé y de ahí ya no me acuerdo de nada más. ¿Cómo fue que llegué aquí?

Chela: Estabas tirado en la calle y como venía siguiéndote en un taxi, ahí fue cuando te encontré.

Juan: (sorprendido) ¿Usted me estaba siguiendo?

Chela: (asintiendo) Sí y casi te perdí la pista. Gracias a Dios te encontré más adelante y ya luego con ayuda del taxista, te traje hasta aquí, hasta mi casa. 

Juan: No entiendo. ¿Por qué me estaba siguiendo?

Chela tarda en responder y suelta una bocanada de aire.

Chela: Hay mucho que tienes que saber, Juan.

Juan: (desconcertado) ¿Cómo sabe mi nombre?

Chela: Quizá esto te parezca duro para saber así de golpe, pero yo… (Hace una pausa, con dificultad) Yo soy tu abuela materna, mijo.

Juan se sorprende más al escucharla y sus ojos desorbitados hablan por sí solos. 

Chela: Me llamo Graciela y… Fernanda es mi hija.

Juan se asusta por un momento y se echa hacia atrás.

Juan: ¿Quién más sabe que yo estoy aquí?

Chela: Nadie, te lo juro. Emiliano jamás te va encontrar y nunca se le ocurriría buscarte en este lugar. No te preocupes. 

Juan: Entonces ¿por qué me trajo a su casa? ¿Cómo supo usted quién soy yo? No entiendo nada.

Chela: Christian lo planeó todo.

Juan: (desconcertado) ¿Qué?

Chela: Él me llamó hace dos días temprano en la mañana…


FLASHBACK

INT. CASA DE CHELA – DÍA

Chela se encuentra terminando de sacar una ropa de una pequeña maleta y la va metiendo en un chifonier antiguo. Mientras cuelga de los ganchos algunas prendas, se queda viendo una foto en blanco y negro de una señora, colgada en la pared. 

Chela: De vuelta aquí, mamá. Estoy de vuelta de donde nunca debí salir…

De repente, la mujer es interrumpida por una llamada entrante a su celular y se dirige a la sala. Toma el teléfono y se apresura a contestar.

Chela: ¿Bueno?


INT. BODEGA – DÍA

Christian es quien está al otro lado de la línea y parece estar solo en la bodega por la que apenas entra la luz del sol. 

Christian: (con seriedad) Soy yo, nana.


INTERCUT CHELA/CHRISTIAN

Chela: (aliviada) ¡Ay, mi niño! ¡Qué alegría que me estés llamando! No pensé que te iba a volver a escuchar. 

Christian: Escucha, no tengo mucho tiempo. Nada más llamaba porque necesito que me hagas un favor y quiero saber de antemano si puedo confiar en ti.

Chela: (desconcertada) ¿Qué pregunta es esa? Claro que puedes confiar en mí. Tú sabes que te amo con todo el corazón y hay mucho que quiero explicarte después de la última vez que hablamos.

Christian: Luego, no tengo tiempo. Hay algo mucho más importante ahora que necesito que hagas por mí.

Chela: ¿De qué se trata?

Christian: Conocí a Juan. 

Chela: (confundida) ¿Juan?

Christian: Mi hermano gemelo (Chela se sorprende). Emiliano ya sabe dónde está y quiere matarlo. En este momento están yendo por él. 

Chela: (aterrada) ¡Dios santo! 

Christian: Tengo un plan para evitar que lo mate, pero para eso voy a necesitar tu ayuda y que hagas todo tal cual como te lo voy a explicar. 

Chela: Claro que sí. Cuenta conmigo. ¿Qué tengo que hacer?

Christian: No deben tardar en traerlo, así que escúchame muy bien porque no puede haber errores. 

Chela procede a escuchar con atención con una evidente angustia.

FIN DEL FLASHBACK


Chela termina de contarle aquel recuerdo a Juan, quien la observa con seriedad y algo tenso.

Chela: Fue ahí cuando él me dio la dirección de la bodega a donde te iban a llevar. Me pidió que llamara a la policía para distraer a los tipos esos que te tenían secuestrado mientras a él se le ocurría una forma de ayudarte a escapar y se suponía que yo debía estar ahí, pendiente, para ayudarte también a huir en el taxi. 

Juan se queda pensativo, procesando esa información.

Juan: Entonces fue por eso que usted me siguió.

Chela: Sí e inclusive vi cuando se accidentaron.

Juan: ¿Cómo que se accidentaron? ¿Quiénes?

Chela: Emiliano, Christian y los demás. Mientras te estaban persiguiendo, cuando los perdiste de vista, ellos tuvieron un accidente en ese coche en el que iban…


FLASHBACK

EXT. AUTOPISTA – NOCHE

Chela se baja del taxi, apurada y presa de los nervios, al ver el caos del accidente de la camioneta. Incluso hay otros conductores que se han bajado a ver y algunos parecen llamar a emergencias. 

Chela: Dios mío, ¿qué pasó?

Chela observa la camioneta que se consume en fuego. Christian es el único consciente, malherido, sobre el asfalto. Emiliano se encuentra a unos metros, desmayado.

Chela: ¡Christian!

Chela se acerca al joven, quien se ve adolorido, sangrando en la frente y con la pierna raspada. 

Chela: (angustiada) ¡Ay, mi niño! Mírate nada más. 

Christian hace un gesto de dolor al intentar incorporarse. Chela se arrodilla junto a él.

Chela: No te muevas. De seguro ya debe estar por llegar una ambulancia.

Christian: (adolorido) Vete, nana. Tienes que ir por Juan. 

Chela: No me pidas que te deje así en este estado. Tengo que quedarme contigo.

Christian: Yo estoy bien. Emiliano puede despertar en cualquier momento y no va a dudar en ir por Juan. Tienes que esconderlo como te pedí.

Chela se siente indecisa ante la petición. Mira también a Emiliano desmayado y duda.

Chela: ¿Y qué hay de ti?

Christian: Yo me las arreglo. Emiliano y yo logramos saltar a tiempo de la camioneta. Vamos a estar bien. 

Chela sigue dudando, muy nerviosa. Christian la toma de la mano con fuerza.

Christian: Ayúdalo, nana. Él te necesita mucho más que yo. No pierdas más el tiempo y encuéntralo.

Chela asiente, con un nudo en la garganta, y se incorpora para volver al taxi, aunque no puede evitar mirar hacia atrás, llena de preocupación.

FIN DEL FLASHBACK


Juan permanece en silencio ante el recuerdo que su abuela acaba de narrarle.

Chela: Y así te encontré después. 

Juan no dice nada y solo aprieta la sábana con los dedos, con la mirada baja y varios sentimientos encontrados.

Juan: Entonces él no me traicionó…

Chela: Jamás. De seguro pensaste lo peor de él y no es para menos, pero estuvo fingiendo todo el tiempo estar del lado de Emiliano para protegerte.

Juan: Vaya forma de proteger a alguien.

Chela: Era la única que tenía. 

Juan: ¿Y Benjamín? (Pregunta en tono de reproche) ¿Qué hay de mi amigo, del que sí fue como mi hermano todos estos años? Usted no lo sabe, pero a él lo mataron cuando intentaron llevarme en contra de mi voluntad. Lo mataron cruelmente, sin pestañear…

Chela lo mira con impotencia. Juan habla lleno de dolor.

Juan: Tengo todavía el recuerdo clavado en la cabeza de cuándo le dispararon y me hierve la sangre de solo acordarme que esta es la segunda vez que veo morir a alguien que me importa frente a mis ojos. Primero mi padrino, luego él…

Chela: Entiendo tu dolor, mijo

Juan: Dudo que pueda. Usted no se imagina lo que se siente ver morir a los que uno quiere sin poder hacer nada y por culpa de la misma persona. 

Chela: Christian nunca quiso que mataran a nadie. Fue algo inesperado que le salió de las manos. Es más, aunque él no hubiera intervenido, hubieran podido matar a tu amigo de todas formas. El resultado hubiera sido el mismo. Christian solo buscaba ayudarte. 

Juan: Da igual lo que haya hecho por dizque “ayudarme”. Nada de eso me va a devolver a mi padrino y a mi amigo que están muertos. 

Chela: Lo sé y créeme que entiendo toda esa impotencia que estás sintiendo porque yo también la he vivido en muchos momentos de la vida. Tal vez ahorita no sea importante que te cuente esto, pero yo… (Hace una pausa, con dificultad) Yo fui violada cuando estaba muy joven…

Juan se sorprende al oírla. Chela baja la mirada, avergonzada y entrelazando sus dedos. Luego, mira a su nieto con dolor.

Chela: Tenía dieciocho años recién cumplidos. Trabajaba para un hacendado como la muchacha del servicio y él abusó de mí. 


FLASHBACK

INT. HACIENDA/CABALLERIZAS – NOCHE

Chela, de joven, llora desconsolada y asustada, con el vestido rasgado y a su lado, un hombre muerto sangrando prominentemente en la cabeza. Varios peones vienen y se sorprenden al ver lo ocurrido.

Chela: (voz en off) Cuando intenté defenderme, lo maté por accidente…


CORTE A:

INT. ESTACIÓN DE POLICÍA – NOCHE

Chela: (voz en off) Me llevaron presa y pasé como dos meses encerrada…

Chela es llevada a la fuerza por unos policías, quienes la tiran a una celda. Ella se aferra a los barrotes, desesperada.

Chela: ¡No me dejen aquí, por favor! ¡Yo solo me defendí! ¡Él me estaba violando! ¡Tienen que creerme, por lo que más quieran!

Pero es ignorada y ella solo se deja caer, llorando desconsolada.

Chela: (voz en off) Su mamá y su esposa quisieron condenarme. Sobornaron al alguacil y chantajearon no sé a cuántas personas…


CORTE A:

INT. ESTACIÓN DE POLICÍA/OFICINA – DÍA

Dos mujeres, una mayor y otra más joven, visten de negro por el luto. La primera le entrega un sobre a un funcionario.

Mujer mayor: (con severidad) Tiene que hacer que esa mujer se pudra en prisión. Por ningún motivo la asesina de mi único hijo puede andar por ahí.

Chela: (voz en off) Fue ahí cuando mi madre empeñó esta casa, pagó un abogado y lograron probar mi inocencia…


CORTE A:

INT. ESTACIÓN DE POLICÍA – DÍA

Un policía abre la celda. Chela sale, aliviada, con lágrimas en los ojos. Un abogado, vestido de traje y su madre, una mujer ya mayor y de vestir recatado, la esperan. 

Policía: Eres libre, puedes irte.

Chela mira a su madre con agradecimiento.

Chela: Mamá…

Pero la mujer se va, con seriedad, sin decir nada. Chela se desconcierta.

Chela: (voz en off) Lo peor me vino después… Mi mamá nunca creyó que yo fuera la víctima y menos cuando le confesé que estaba embarazada de ese abuso…


CORTE A:

INT. CASA DE CHELA – DÍA

Chela acaba de recibir una fuerte bofetada por parte de su madre. Úrsula la ve como si tuviera fuego auténtico en los ojos.

Úrsula: ¿Cómo pudiste hacer algo así y deshonrarme de esta manera? 

Chela: (con lágrimas en los ojos) Mamá, no fue mi culpa.

Úrsula: (furiosa) ¡Cállate! Trajiste el pecado a esta casa. Tú le hiciste ojitos a ese cerdo miserable y le abriste las piernas como una completa perdida. ¿Cómo fuiste capaz?

Chela: Él me violó. Te lo juro.

Úrsula: No jures en vano, Graciela. No intentes tapar lo que hiciste. Una mujer cristiana debe saber guardarse y tú rompiste ese mandato.

Chela: (llorando) Mamá, no fue mi culpa…

Úrsula: ¡Que te calles! 

Úrsula la toma con brusquedad del mentón, obligándola a guardar silencio.

Úrsula: Nadie, absolutamente nadie, se puede enterar. No vas a salir de aquí lo que te reste de embarazo. ¿Entendiste?

Chela no responde y tan solo baja la cabeza.

Úrsula: Y agradece que no te castigo como debe ser con un látigo nada más por ese niño que llevas ahí, fruto del pecado, así que reza. Reza mucho a ver si alcanzas el perdón.

Úrsula la mira con desprecio y se retira. Chela rompe a llorar muy dolida.

Chela: (voz en off) Y cuando nació Fernanda, me dijo que tenía que irme. Me dijo que no iba a tener bajo su techo a una pecadora que además le debía la libertad…


CORTE A:

INT. CASA DE CHELA – DÍA

Chela besa en la frente a la bebé, la cual llora. Úrsula observa, sentada en una silla mecedora. Hay una maleta al lado de la puerta.

Chela: Déjame quedarme, mamá. Te lo suplico.

Úrsula: (apacible) Hemos hablado mucho de lo mismo y ya el momento llegó. 

Chela: Es mi hija.

Úrsula: Una hija que solo nos va a causar más deshonra si te quedas. Debes irte y trabajar muy duro. Te recuerdo que tenemos la casa empeñada y esa es una deuda que tú debes pagar. 

Chela solloza, llena de impotencia mientras aprisiona a la bebé en brazos. Úrsula sigue meciéndose en la silla, como si el dolor de su hija no le afectara en lo más mínimo.

Chela: (voz en off) Y me fui. Me fui con Minerva, tu otra abuela precisamente. Éramos buenas amigas…


CORTE A:

EXT. TERMINAL DE BUSES – DÍA

Es temprano. Hay varios viajeros que apenas están llegando a su destino. Chela y otra joven de su misma edad, bajan de uno de los buses con unas pequeñas maletas. Están cansadas, aunque la otra sonríe muy emocionada. 

Minerva: ¡Ay, Chela, mira la ciudad! Es que se ve enorme. ¿Te das cuenta? Aquí todo es distinto. Todo huele a futuro.

Chela mira a su alrededor, con cierta tristeza dibujada en sus ojos y sin tanto entusiasmo.

Chela: No sé qué tanto futuro tengo aquí, Minerva. Dejé mi vida en el pueblito y a lo más importante, a mi hija. No dejo de pensar si estuvo bien y menos con mi mamá.

Minerva: Fue lo mejor, Chela. Tú… 

Minerva le esboza una sonrisa y le frota el hombro para darle algo de confianza.

Minerva: Tú necesitas sanar, amiga. Esta ciudad es tu oportunidad de empezar de nuevo, de volver a ser tú sin que nadie te recuerde lo que viviste con ese asqueroso.

FIN DEL FLASHBACK


Chela: Ella siempre estuvo ahí para mí y cuando llegamos, conseguimos trabajo juntas en la casa de los Fonseca. Fue justo allá donde conoció a Ricardo Fonseca.

Juan: Entonces ellos dos…

Chela: Sí, se enamoraron y se casaron mientras que yo… (Hace una pausa y traga saliva) Yo seguí trabajando como el ama de llaves de la familia y ahí fue cuando cometí el peor error de mi vida cuando…  (Pausa) Cuando también me enamoré de él…

Juan continúa escuchando, expectante. 

Chela: (avergonzada) Ricardo no me fue indiferente. Nos hicimos amantes (Habla con voz temblorosa). Minerva no tardó en descubrirnos y se quitó la vida.

Chela comienza a sollozar. 

Chela: Venía de meses muy difíciles, hundiéndose en el alcohol y de un matrimonio muy tenso que yo me encargué de destruir. Todos estos años siempre me he sentido la culpable de su muerte porque fui yo la que prácticamente la orillé a que se matara.

Chela derrama un par de lágrimas discretas. Juan la mira apenado

Chela: Pero ahí no acabó. Mi error no solo le quitó la vida a mi amiga, sino que le desgració la vida a sus hijos. Les quité a su mamá cuando eran unos niñitos. Ricardo mandó a Paula lejos a un internado, a Emiliano lo trataba de lo peor… Gabriel era el único al que trataba bien. 

Juan: ¿Por qué? ¿Qué lo hacía tener esa preferencia?

Chela: Emiliano y Paula fueron adoptados.

Juan se impacta ante esa revelación.

Chela: Él tenía tres años mientras que ella era una recién nacida. Minerva venía de abortar un bebé de forma natural. Estaba muy deprimida y solía ir a un orfanato para hacer caridad. Cuando los vio y supo que los papás de los niños habían muerto, se ofreció a adoptar a los dos para no separarlos.

Juan: Entonces ¿ellos sí son hermanos de sangre?

Chela: Sí. Ricardo nunca estuvo de acuerdo, pero cedió. Para él era inaceptable criar hijos que no eran suyos. Gabriel era su único orgullo y fue al único al que le dejó toda la fortuna de la familia. 

Juan: Y por eso lo mató. Emiliano siempre le tuvo envidia.

Chela: No fue solo por envidia. También lo hizo por celos. Cuando mi mamá murió, Fernanda se quedó sola. Tenía apenas diecisiete años y yo le propuse venirse a vivir conmigo a la casa de los Fonseca. Ahí conoció a Emiliano. Era con él con quien se iba a casar, pero ella terminó cometiendo el mismo error que yo cometí y se enamoró de quien no debía…

Juan: De Gabriel… (Pronuncia de forma retraída)

Chela asiente y seca sus lágrimas con el dorso de la mano, un poco más tranquila.

Chela: Emiliano casi se enloqueció de la ira cuando supo que ella estaba embarazada y no precisamente de él. Un hijo de Gabriel le complicaba sus planes de apoderarse de toda la fortuna de la familia porque había un heredero vivo…

Juan: Claro y ahí entré yo…

Chela guarda un silencio culposo. Juan baja la cabeza, conflictuado.

Juan: Yo era un estorbo. Christian era el único que podía quedarse. 

Chela: Nada justifica el abandono, pero te aseguro que en parte fue mejor así, muchacho o sino ahorita mismo ni estaríamos platicando. Emiliano estaba enloquecido y te hubiera matado sin pestañear.

Juan levanta la mirada, con una mezcla de rabia y tristeza.

Juan: Y usted también siempre supo de mí, ¿no?

Chela duda un segundo y asiente, vencida. Juan evita mirarla, decepcionado, se levanta de la cama y le da la espalda, de cara hacia la ventana. 

Chela: Te juro que intenté buscarte, muchísimas veces, pero le perdí completamente el rastro a Evaristo. Quería ayudarlo aunque fuera con algo de dinero, desde las sombras, como hice con Christian. Esto tú tampoco lo sabes, pero tu hermano también sufrió mucho, mijo…

Juan se voltea con algo de interés.

Juan: ¿A qué se refiere?

Chela: Él supo que yo soy su abuela hace poco. Fernanda me había prohibido rotundamente decírselo. Mi mamá la envenenó en mi contra, diciéndole que yo la había abandonado, que la desprecié por lo de la violación y hasta el sol de hoy me odia a morir.

Juan: ¿Por qué nunca intentó explicarle?

Chela: Lo intenté, muchas veces y siempre me ignoró. Ella se convirtió en la viva imagen de mi mamá, tan religiosa, tan fanática. Maltrató a Christian cómo no tienes idea e incluso…

Chela se detiene, notablemente afectada. 

Chela: Incluso llegó a abusar de él… (Juan se impacta) Decía que era una forma de purificarlo y yo… (Rompe a llorar) Yo nunca intervine. Estaba atada de manos porque no era más que una simple sirvienta y me moría de la impotencia cada vez que lo azotaba hasta el cansancio o lo obligaba a rezar de rodillas.

Chela llora muy dolida. 

Juan: (muy impresionado) Dios mío…

Juan se pasa las manos por el rostro, impactado.

Chela: Emiliano, por su parte, siempre lo hizo menos haciéndolo pasar por hijo suyo y lo más que pude hacer era consolarlo y curarle las heridas en la espalda que le dejaban los azotes.

Juan: Ahora entiendo a qué se refería el día que nos conocimos cuando me dijo que Fernanda le había desgraciado la vida. Cuánta crueldad, cuánta maldad. Y usted… usted solo se calló. Nunca fue capaz de defenderlo de toda esa podredumbre (Muy indignada).

Chela: Fernanda me amenazaba con correrme cada vez que la enfrentaba y se me ocurrió que era mejor quedarme en la casa, al pendiente de él, al menos para consolarlo, pero no te imaginas lo mucho que quise hacer algo. 

Juan: De buenas intenciones vive el mundo, señora. ¿De qué sirve querer ayudar al otro si solo pasamos por un lado y nos hacemos los de la vista gorda? 

Chela se desarma ante tan contundente pregunta.

Juan: Mire, créame que entiendo todo su dolor porque ya veo que no tuvo una vida fácil. Me atrevería hasta decir que fue víctima de muchas cosas, pero eso no le quita que también haya sido la victimaria de muchas de esas situaciones que me acabó de contar. Incluso de omisión se peca.

Chela: Yo sé y no tengo excusa. Te conté toda mi historia y la de tus padres por una razón, para que veas que entiendo toda la impotencia que estás sintiendo ahorita, mijo y sobre todo para que no vayas a repetir los mismos errores que nosotros cometimos. 

Juan: (sollozo) ¿Y qué me sugiere? ¿Que viva como si nada, lleno de impotencia y miedo así como usted?

Chela: Yo no soy quién para pedirte una cosa así. Apenas y te conozco. Sería mucho esperar de mi parte que me veas ahorita como tu abuela. A lo que voy es que Christian hizo todo esto para evitar que te involucres con Emiliano. Tú ya viste de lo que es capaz. 

Juan: Pues no. Yo no pienso vivir cargando culpa o miedo, ignorando que allá afuera (Dice aquello señalando a la ventana, molesto) hay un matón que se cree que tiene el poder de decidir quién vive y quién no  Yo no voy a llegar a su edad, lamentándome de lo que no hice.

Chela lo mira con preocupación. Juan no puede evitar que se le salten las lágrimas y habla en un hilo de voz.

Juan: (muy dolido) Ya me quitaron mucho. Me quitaron a dos personas que amaba con todo el corazón. Emiliano Fonseca me las quitó y eso… (Pausa) Eso es algo que no le voy a perdonar a esa rata, a ese malnacido.

Chela: No puedes pretender enfrentarlo tú solo. Estuviste a punto de morir en manos de él.

Juan: Pues algo se me ocurrirá. Yo no voy a dejar que el miedo me domine. Mi padrino creyó que esconderme era salvarme y aun así Emiliano lo mató. Benjamín no tuvo oportunidad y se calló muchas cosas también por miedo. Christian tampoco tuvo oportunidades de niño.

Juan respira hondo y se limpia las lágrimas con el dorso de la mano.

Juan: Y ahora que yo sí tengo la oportunidad, no voy a vivir tranquilo hasta ver a Emiliano Fonseca pagar por cada vida que arruinó. Va a pagar. De eso me voy a asegurar. 

Chela lo observa con una mezcla de miedo y resignación, pues sabe que no puede detenerlo y las palabras se le quedan cortas. Juan solo la mira con firmeza, con los ojos rojos y frunciendo el ceño. 


INT. ORFANATO “NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE”/CAPILLA – DÍA

Chuy reza sentado en una de las bancas mientras aprieta un rosario entre las manos. No hay nadie más allí.

Chuy: (en susurro, quebrado) Señor, cuida a Juan donde quiera que esté. No permitas que la maldad de ese hombre lo alcance. No dejes que le pase nada malo, por favor. Te lo imploro. Permite que salga ileso de toda esta situación y que tu poder caiga sobre los que tenga que caer…

Jorge llega justo en ese instante, silencioso, sin aviso.

Jorge: Lo noto preocupado, padre.

Chuy abre los ojos lentamente y posa la mirada en el altar. Jorge se sienta a su lado y también mantiene la mirada fija hacia adelante.

Jorge: Veo que ora con mucha desesperación y no es para menos. Juan de La Cruz sigue desaparecido, sin rastros. Me sorprende que no le haya dado otro ataque al corazón.

Chuy: (con indiferencia) ¿Qué quiere?

Jorge: Tan solo preguntarle cuándo será el funeral de Benjamín. Ya pasaron dos días y me gustaría ir a darle el último adiós.

Chuy: En la tarde voy a oficiar la misa. Decidí que fuera cremado.

Jorge: (sorprendido) ¿Cremado?

Chuy: Era huérfano y me parece más pertinente que sus cenizas se queden con nosotros en el panteón del orfanato.

Jorge: Perdóneme, pero no me parece correcto que tomara una decisión tan arbitraria. Benjamín se merecía algo mejor y si de dinero se trata para enterrarlo, tengo ahorros. Yo podría pagarle un cementerio.

Chuy voltea a verlo con rabia e indignación.

Chuy: No sea hipócrita y deje de fingir que lo estimaba. Usted nunca pensó en lo que el muchacho se merecía cuando abusaba de él.

Jorge: Yo nunca abusé de él. Todo fue consensuado.

Chuy se levanta de golpe, sumamente indignado.

Chuy: ¡No se atreva, Jorge!

Jorge permanece apacible.

Chuy: ¿Cree que no lo sé? Benjamín quiso parar muchas veces y usted comenzó a chantajearlo, inventando calumnias sobre Juan. Usted sabía bien lo que Benjamín sentía por él y usó eso a su favor para destruirle la vida. 

Jorge no responde y permanece serio con su mirada hacia el altar, como si esas palabras no le causaran remordimiento. 

Chuy: Es más. Me da gusto que me haya venido a buscar para informarle que ahora que Juan está desaparecido, seguramente a merced de Emiliano Fonseca, se puede largar del orfanato.

Jorge se sorprende y también se levanta para encarar al sacerdote.

Jorge: Usted no tiene la autoridad de pedirme eso. ¿Olvida que teníamos un trato?

Chuy: ¿Trato? ¿Qué trato? Querrá decir chantaje. Usted me amenazó con entregarle información de Juan a Emiliano Fonseca y ahorita que el muchacho no está, ya no tiene nada más con qué chantajearme. 

Jorge se ve acorralado y tensa la mandíbula.

Jorge: No puede hacerme una cosa así, padre Jesús.

Chuy: Claro que puedo. Este recinto es mío y su presencia aquí solo ha traído dolor y pecado. Cómo me pesa no haberme percatado antes de la clase de persona que es y si me entero de que fue usted el que delató a Juan de La Cruz, lo pagará muy caro ante la ley y ante Dios.

Jorge: Puede estar tranquilo. Yo no hice tal cosa.

Chuy: Me da igual. Aun así no voy a permitir que se quede un día más en este lugar y le recomiendo que busque dónde quedarse. Un monasterio quizás le caería bien a ver si en el silencio y en la soledad reflexiona y logra arrepentirse, eso mientras hablo con el monseñor.

Jorge: No sería capaz de caer tan bajo. 

Chuy: No me rete. Voy a contar todo lo que ha hecho para que lo suspendan de los hábitos cuanto antes porque está visto que usted no merece llevar la sotana.

Jorge lo mira con odio, como si en los ojos guardara auténtico fuego. Chuy no le es indiferente y lo observa con rabia.

Chuy: ¿Qué espera? Lárguese de una buena vez antes de que pierda los estribos. No quiero faltarle el respeto a la casa de Dios. 

De repente, ambos son interrumpidos por una monja mayor. 

Monja: Padre Jesús…

Chuy voltea e intenta recomponerse. Jorge se hace a un lado.

Chuy: Dígame, hermana.

Monja: Disculpe que lo interrumpa, pero hay una joven que lo está buscando con mucha urgencia.

Chuy: (extrañado) ¿Una joven? ¿Quién?

María José justo entra a la capilla. 

María José: Yo, padre.

Chuy se sorprende al verla. María José se ve algo pálida e inquieta. Jorge solo observa de reojo con suspicacia. 


INT. CORPORATIVO FONSECA/SALA DE JUNTAS – DÍA

Parece que la reunión ya ha terminado. Los inversionistas se levantan, recogen sus carpetas y se despiden de Christian con un apretón de manos. Este les corresponde el apretón con una sonrisa algo torpe.

Inversionista 1: Gracias por todo. Vamos a deliberar un poco más y lo llamamos en cuanto tomemos una decisión.

Christian: Claro. Tómense el tiempo que haga falta. Quedo atento.

Inversionista 2: Deséele a Emiliano una pronta recuperación de nuestra parte. Hasta luego.

Christian: Gracias. Cuenten con ello. Que tengan un buen día.

Todos los hombres y un par de mujeres se retiran de la sala de juntas despidiéndose al unísono. Christian se queda a solas y se tumba en el sillón, soltando todo el aire que tenía contenido.

Christian: Creo que eché el pinche negocio a perder, carajo. Espero haberlos convencido y que sí llamen. Emiliano es capaz de matarme si no. 

De repente, la puerta se abre de golpe. Grettel entra y la cierra con fuerza. Christian se sorprende al verla y se pone de pie de inmediato.

Christian: ¿Qué te pasa? ¿Por qué entras así?

Grettel: No me vengas con formalismos, desgraciado. ¡No eres más que un traidor de mierda!

Grettel intenta cachetearlo, pero él la detiene con firmeza de la muñeca.

Christian: Oye, no te pases. 

Grettel: ¡No me toques!

Grettel se suelta de mala gana, iracunda.

Grettel: ¿Cómo tienes los huevos para actuar como si nada después de lo que hiciste? 

Christian: No sé de qué me estás hablando.

Grettel: (en tono irónico) ¿Ah, no? 

Christian: Es que no sé. Explícame.

Grettel: No te hagas. Juan está desaparecido desde hace dos días. Unos tipos fueron al orfanato y se lo llevaron a la fuerza. Todo quedó registrado en las cámaras de seguridad.

Christian baja la mirada con evidente culpa.

Grettel: Y Emiliano ni siquiera se ha aparecido por aquí, casualmente también desde hace dos días. Él no tenía cómo saber el paradero de Juan y por pura regla de tres es más que obvio que tú soltaste toda la sopa. ¡Miserable! 

Christian: (nervioso) Todo tiene una explicación. Cálmate.

Grettel: ¡No me pidas que me calme! (Empujándolo con fuerza) ¿Cómo pudiste, ah? ¿Cómo fuiste capaz de traicionar a tu propio hermano? Juan confío en ti, yo también. ¿Cómo pudiste, cabrón?

Grettel vuelve a empujarlo, furiosa.

Grettel: Por tu culpa mataron a Benjamín que era casi como un hermano para Juan. Era inocente, no tenía nada que ver.

Christian: Yo no quería que las cosas se pusieran así de feas, mucho menos que alguien muriera. Te lo juro.

Grettel: Entonces reconoces que tienes la culpa.

Christian: (intentando tranquilizarla) Escúchame…

Grettel: No, más bien escúchame tú a mí. O sueltan a Juan ya o aunque me maten, voy a decirlo todo. 

Christian: Eso solo va a empeorar las cosas.

Grettel: No me importa. Voy a publicar en redes sociales videos denunciando toda la basura que esconde tu familia y voy a responsabilizar a Emiliano si algo me pasa a mí o a Juan. Y no solo voy a culparlo a él. También a ti para que te pudras en el bote con tu “papi postizo”.

Christian: No lo hagas. Juan está bien. Te lo juro.

Grettel: (reacia) No te creo.

Christian: Es la verdad. Mi abuela está con él. 

Grettel: ¿Tu abuela?

Christian: Sí. Ella lo tiene escondido en su casa, fuera de la ciudad. Emiliano jamás lo va a encontrar por allá o se le va a ocurrir buscarlo. 

Grettel lo mira con incredulidad.

Christian: Puede que te cueste creerlo y a lo mejor no confíes en mí, pero todo lo que hice fue para proteger a Juan. 

Grettel: ¿Protegerlo de qué?

Christian: Emiliano lo iba a matar. Él ya había descubierto dónde estaba y lo mejor que se me ocurrió fue fingir ponerme de su lado para tener más chances de ayudarlo. Créeme, es la verdad.

Grettel no parece convencida y respira un tanto agitada.


INT. ORFANATO “NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE”/OFICINA – DÍA

Chuy ha hecho pasar a María José a su oficina y cierra la puerta tras sí.

Chuy: Toma asiento, por favor. ¿Quieres tomar algo?

María José: (sentándose) Gracias, padre. Estoy bien así.

Chuy también procede a sentarse en el sillón al frente del escritorio.

Chuy: Me habían dicho que te habías desmayado. ¿Cómo te sientes?

María José: No muy bien. Hubiera querido venir antes, pero me fue imposible. Entré en crisis cuando desperté y me medicaron con calmantes en contra de mi voluntad. Dígame que ya saben algo de Juan, por favor. No he podido tener paz pensando en él.

Chuy: (preocupado) Quisiera decirte que sí, pero aún no, hija. Desde hace dos días no sabemos nada.

María José: Quizá esto no sea de mucha ayuda, pero ahorita él debe estar en algún sitio escondiéndose.

Chuy: ¿Por qué lo dices?

María José: Emiliano Fonseca es el que está detrás de todo. Él y sus hombres tuvieron un accidente en coche saliendo de la ciudad justo hace dos días (Chuy se sorprende). Juan no estaba con ellos. 

Chuy: ¿Cómo estás tan segura?

María José: Mi madrina me lo dijo a no ser que me haya mentido, aunque no ganaba nada haciéndolo, así que no creo.

Chuy: De ser así, Juan ya se habría comunicado conmigo, aunque tampoco descarto esa posibilidad de que se esté escondiendo. 

María José: ¿Usted ya habló con alguien? ¿Llamó a la policía?

Chuy: Tuve que entregarles las grabaciones de las cámaras para que investiguen.

María José: ¿Y les dijo algo sobre Emiliano?

Chuy: Grettel me convenció de no hacerlo. 

María José: ¿Grettel?

Chuy: Es una amiga de Juan. Casualmente también trabaja de secretaria en el corporativo.

María José: Creo que no la conozco.

Chuy: Ella fue la que me dijo que no habláramos todavía con la policía porque podía ser peor si Emiliano se veía acusado. Me prometió que iba a investigar y todavía no sabemos si Juan de verdad logró escapar o si lo tienen encerrado en algún sitio. Tenemos que actuar con prudencia, aunque a mí la preocupación me esté matando. ¿Tú cómo te enteraste de todo?

María José: Porque escuché a Emiliano hablando con un amigo suyo de la policía, un tal Octavio Luján. Tal parece que llevaban tiempo buscando a Juan, no sé. Christian llegó después y se ofreció a decirles dónde estaba, y a mí lo único que se me ocurrió fue correr para prevenir a Juan, solo que no pude. Esos tipos le pegaron y se lo llevaron sin yo que pudiera hacer nada.

Chuy: Yo lo vi todo en la grabación de la cámara de seguridad que tenemos en el portón. Una cosa tan vil y tan criminal solo podía ser obra de ese hombre. Benjamín hasta terminó siendo una víctima más de ese miserable.

María José: (desconcertada) ¿De qué habla? 

Chuy: Justo cuando tú te desmayaste, Benjamín salió armado con una pistola, no sé de dónde la sacó. Intentó defender a Juan y le disparó a uno de los sicarios. Luego otro salió de la camioneta y… (Hace una pausa, afectado). 

María José se cubre la boca con ambas manos, sin dar crédito a ello.

Chuy: Murió, solo, sin nadie que lo pudiera ayudar y no te imaginas lo mucho que me duele que me lo arrebataran de esa forma tan injusta, tan inhumana… 

María José: (muy impresionada) Mi madrina sí me había dicho que hubo un seminarista muerto y otra persona sin identificar. No pensé que se refiriera a él.

Chuy: Yo todavía no me hago a la idea. Juan y él siempre fueron como hermanos, inseparables. 

María José: Pude darme cuenta de lo mucho que lo quería esa noche que él intentó suicidarse. Va a ser un golpe muy duro.

Chuy: (sollozo) Me temo que sí. Juan lo estimaba demasiado y yo también. Cada uno de los muchachos que veo crecer en este orfanato y más los que toman la decisión de ser sacerdotes son como mis hijos, pero fallé justo con él.

María José lo mira apenada.

Chuy: Benjamín necesitaba era un poco más de comprensión y de amor, una oportunidad y yo no estuve ahí cuando más me necesitó.

María José: Lo lamento mucho.

Chuy: Lo único que espero es que a Juan no le pase nada malo porque ahí sí creo que no lo aguantaría.

María José: Déjemelo a mí.

María José se levanta con decisión. Chuy se desconcierta.

Chuy: ¿Qué estás pensando hacer?

María José: Yo tengo muchas más chances de saber el paradero de Juan. Estoy dentro de la casa y puedo obtener información más fácil.

Chuy: (levantándose) Hija, no te pongas en riesgo ahorita. Te dije que debemos ser prudentes.

María José: Y yo pienso hacerlo. No se preocupe, además tengo un contacto en la policía que a lo mejor me puede ayudar sin levantar sospechas. Es mi expareja y nos puede servir de algo.

Chuy: (poco convencido) No creo que sea buena idea y menos meter a más gente en esto.

María José: Confíe en mí, padre. Juan ahorita es nuestra prioridad y cualquier cosa ahora que nos lleve a él, por más mínima que sea, importa. Yo lo voy a encontrar, se lo prometo.

Chuy se queda viéndola durante algunos segundos.

Chuy: Tal vez este no sea el mejor momento para preguntarte, pero me gustaría que fueras sincera conmigo. ¿Todo esto es porque… sientes algo por Juan?

María José guarda silencio ante tal pregunta y baja la mirada.

María José: Lo quiero mucho, no le voy a mentir. Es muy especial para mí (Levanta la vista, firme). Pero estoy muy consciente de que pensar ahora en una relación con él es imposible, no con todo esto y más por su vocación.

Chuy no dice ante tal respuesta. Tan solo suspira.

María José: Lo único que sé es que por esto que siento no voy a parar hasta encontrarlo, cueste lo que cueste.

Chuy la observa con preocupación. María José, por su parte, permanece firme en su objetivo.

CONTINUARÁ…

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