Capítulo 23: Vocatio fracta

SEMANAS ANTES

VILLA ENCANTADA

INT. CASA DE CHELA – DÍA

Grettel se encuentra preparando el desayuno. Juan sale en ese momento del baño, que queda al lado del comedor, semidesnudo y cubriéndose con una toalla del torso hacia abajo.

Juan: Órale, qué bien huele.

Grettel se voltea y se sorprende al verlo ligero de ropa, por lo que no puede evitar quedarse viéndolo con evidente atracción.

Grettel: (sonriendo) Pues qué bueno que te guste. No seré la más experta en la cocina, pero tengo mis truquitos.

Juan: ¿Y el padre Chuy?

Grettel: Fue a misa temprano con doña Chela.

Juan: Ah…

Grettel: Me dijeron que fuera con ellos, pero pensé mejor en quedarme a adelantar el desayuno (Lleva unos platos al comedor). Además, tú ya sabes que no soy nada religiosa y me aburren esas cosas.

Juan asiente distraído y se sienta, mirando los platos.

Juan: Sí, me acuerdo bien.

Grettel: Siéntate y comemos juntos. De aquí a que ellos lleguen se nos enfría la comida. Igual ya les guardé algo a ellos.

Juan: La mera verdad es que no tengo mucho apetito.

Grettel: Tienes que comer y echarle algo al estómago, Juan. No has probado nada desde ayer.

Juan suspira, apoyando los codos en la mesa.

Juan: Es que ahorita no tengo cabeza para nada más. Ni dormí bien. Me la pasé dando vueltas en la cama toda la noche pensando en la forma de hundir a Emiliano.

Grettel se sienta frente a él, escuchándolo con atención.

Grettel: ¿Y qué se te ocurrió?

Juan: Hasta ahora nada. La única conclusión a la que llegué es que para hundir a personas como ese tipejo solo se puede con poder y dinero, cosa que yo no tengo ni voy a tener.

Grettel duda un segundo, pensativa.

Grettel: Tal vez hay formas más inteligentes que esas. 

Juan:(poco convencido) ¿Cuáles? 

Grettel: Pruebas, documentos… algo que lo incrimine y deje ver sus negocios sucios. Yo trabajo en el corporativo. Te podría ayudar con eso.

Juan: (negando con la cabeza) No, Grettel, ni hablar.

Grettel: No vayas a empezar de terco, Juan. En estos momentos la persona más indicada para echarte una mano soy yo.

Juan: Es que no. Entiende que es muy peligroso.

Grettel: Puedo actuar con cautela. 

Juan: Pues no. ¿Qué quieres? ¿Que te maten sangre fría y yo me quede con el remordimiento de perder otra persona? 

Grettel: No tiene por qué pasar eso. Estás siendo muy fatalista.

Juan: (muy serio) Grettel, esto no es un juego y yo no puedo permitir que corras riesgo por mi culpa, menos después de haberte metido con ese criminal.

Grettel se queda helada al escucharlo. Juan se da cuenta que ha cometido una imprudencia y baja la mirada.

Grettel: ¿Tú…? ¿Tú lo sabías?

Juan suspira y asiente.

Juan: Él mismo me lo dijo cuando me tenía secuestrado. Me restregó en la cara que se había acostado contigo y pensaba hacerte pagar por conspirar contra él.

Grettel cierra los ojos con fuerza, sumamente avergonzada y se pone una mano en la boca. Un silencio incómodo se forma durante algunos segundos.

Grettel: Juan, yo… Perdóname, no quiero que pienses mal de mí, pero todo tiene una explicación, yo…

Juan: (la interrumpe) Tranquila, no te estoy juzgando.

Grettel: Es que no quiero que te quedes con esa impresión. Debes estar pensando que soy una desvergonzada, una perra, pero cuando me metí con él, te juro que no sabía que era tu tío…

Juan: No es mi tío, ni siquiera de sangre. Es adoptado (Grettel se sorprende). Chela me lo dijo. De igual forma, ya párale a las explicaciones que ahorita no importan. Lo que necesito es que te alejes y no vuelvas a esa empresa.

Grettel: No me parece que sea buena idea renunciar ahora.

Juan: Emiliano sabe que me conoces. Va a ir por ti. ¿Qué parte no estás entendiendo de que es peligroso?

Grettel: Puedo pedirle perdón o incluso seguir enamorándolo como venía haciendo. Tengo que estar cerca de él para tener más chance de destruirlo. Es nuestra oportunidad.

Juan: Me niego… Me niego a ver que te pongas en ese riesgo por mi culpa. Yo no soportaría que algo te pasara. Ya tuve suficiente.

Grettel se queda viéndolo, conmovida.

Grettel: ¿Lo dices en serio?

Juan: Claro… (Pausa) 

Juan la toma de las manos y ambos se miran detenidamente. 

Juan: Grettel, tú también has sido alguien muy importante y muy especial para mí. Has sido mi mejor amiga desde que estaba chamaco. Te quiero y no voy a aguantar que te maten por mi culpa. Vete de esa empresa, por favor. 

Grettel no puede evitar que se le forme un nudo en la garganta al oírlo.

Grettel: Yo tampoco soportaría que algo te pasara a ti.  ¿Qué no diera yo por verte feliz?

Juan: Pues ahorita la mejor manera de ayudarme es alejándote de esa rata. Hazme caso, ¿sí?

Grettel: ¿Y hacer como si nada? 

Juan: De eso me voy a encargar yo y no voy a permitir que nadie más se meta. 

Grettel: Perdóname, pero no puedo. Yo te amo y no me puedo quedar tranquila viéndote así, tan lleno de dolor por culpa de Emiliano Fonseca.

Juan se desconcierta al oírla, le suelta las manos y se aleja un poco, frunciendo el ceño, confundido. Grettel sabe bien lo que le ha confesado y se le quiebra un poco la voz.

Grettel: Y sí. Me oíste bien. Te amo y te he amado desde hace mucho, no como tu amiga. Lo que siento va más allá de eso. Yo te amo, Juan…

Juan se queda sin palabras. Grettel lo mira, con tristeza y con los ojos sollozos. 


CIUDAD DE MÉXICO

INT. CASA DE LOS FONSECA/TERRAZA – DÍA

Emiliano se encuentra sentado bajo una sombrilla mientras lee el periódico. Paula aparece en ese instante, sosteniendo un vaso de jugo de naranja.

Paula: Supe que tuviste un accidente. ¿Cómo sigues?

Emiliano hace buena cara al verla y sigue hojeando el periódico.

Emiliano: Mejor hasta que te vi con esa cara de uva pasa que te cargas. 

Paula: (sorprendida) ¿Por qué siempre eres tan grosero? Nada más quise venir a saber de ti y a hacerte una atención. 

Paula le entrega el vaso. Emiliano duda en recibirlo, mirándola con desprecio.

Emiliano: Pues no te hubieras molestado, manita.

Emiliano recibe el vaso de mala gana.

Emiliano: Me choca cuando pretenden fingir ser lo que no son. 

Paula: Te equivocas. No pretendo fingir nada. Lo único que he querido desde que regresé ha sido mejorar mi relación contigo después de tantos años que estuve por fuera. ¿Qué tiene de malo eso?

Emiliano: Yo no confío en las viejas, Paula. Todas las que han pasado por mi vida no han sido más que unas pinches traidoras. Chela, Fernanda…

Paula: Yo nunca te he traicionado.

Emiliano: ¡Exactamente! Tú no y justo por eso es que tampoco me fío de ti. ¿Me vas a decir que no me odias después de lo que te hice?

Paula no responde y permanece seria. Emiliano sonríe con burla y toma un sorbo del jugo, algo que ella observa con cautela.

Emiliano: Digo, ya sé que estuvo cañón que te quisiera achacar el accidente de Gabriel, pero mira, aquí sigues. Vivita y coleando. 

Paula aprieta los labios. Se obliga a mantenerse firme.

Emiliano: Hasta te regresaste y quién sabe con qué intenciones.

Paula: No volví para reclamarte nada. Volví porque estoy enferma y porque no quiero morirme con rencores.

Emiliano suelta la carcajada, incrédulo, y bebe más del jugo de naranja.

Emiliano: Ay, sí, tú. ¿Enferma? Eso me contó también tu ahijadita. Cáncer, ¿no? Pues mira qué conveniente, eh.

Paula: No es mentira, Emiliano. De verdad estoy enferma.

Emiliano: (fastidiado) Ya, déjate de pendejadas. Enferma o no, para serte bien sincero, me importa un comino y me tiene sin cuidado. ¿Qué quieres? 

Emiliano se pone de pie, apoyándose en su bastón y la mira con suma seriedad. 

Emiliano: ¿Que nos demos besitos y abracitos de reconciliación como un par de hermanitos que se han querido toda la vida? ¿Eso quieres?

Paula: No deberías tratarme así. Bien lo dijiste. Somos hermanos. 

Emiliano: Para mi infortunio. Yo a decir verdad nunca te vi como tal. Para mí siempre fuiste una poca cosa, débil, vulnerable, fácil de manipular…

Paula le sostiene la mirada con la misma seriedad.

Emiliano: Lo único que tuvimos en común fue el odio que le teníamos a ese cabrón de nuestro padre y eso lo supe usar muy bien para que hicieras lo que yo necesitaba, matar a Gabriel.

Emiliano se termina el jugo de un solo trago. Paula lo observa, tensa.

Emiliano: Y nada más para que estemos claro, no te odio, eh. No vayas a pensar eso.

Emiliano la mira de arriba a abajo con desdén. Paula se siente enfurecer, aunque se contiene.

Emiliano: Pero tampoco creas que somos iguales.

Paula: ¿Por qué no me corres entonces si tanto me desprecias? 

Emiliano: Nada más para que veas que todavía te considero mi hermana, por ese lazo, así que tranquilita y no te preocupes. Te voy a seguir acogiendo en mi casa, por pura caridad, y hasta que te mueras, si es que eso del cáncer es cierto.

Emiliano deja el vaso sobre la mesa con un golpe seco.

Emiliano: Eso sí… (Se inclina, amenazante) Mantén bien vigilada a tu ahijada, a la María José esa. No quiero que se le ocurra andar de lengua suelta porque por lo visto le confiaste lo que hicimos y tiene pinta de ser bien metiche la niña.

Emiliano se endereza y comienza a retirarse con ayuda del bastón, aunque luego se gira con un tono burlón.

Emiliano: Ah, y te quedó bueno el jugo. 

Emiliano se va. Paula no se contiene más y deja caer lágrimas discretas, aunque sin mudar aquella expresión endurecida de su rostro. Toma el vaso y lo lanza, furiosa, contra el piso, mientras tiembla de ira.

Paula: ¡Maldito! ¡Maldito miserable! ¡Maldito! ¡Maldito! (Repite furiosa)

Paula respira agitada e intenta recomponerse, apoyando las palmas de las manos en la mesa.

Paula: Es lo que tú crees, ¿no? Que no somos iguales. Pues te voy a hacer tragar tus palabras, Emiliano (Dice aquello mirando los fragmentos del vaso en el piso). No te imaginas lo que te espera tomando ese veneno sin que te des cuenta, malnacido. Te voy a hacer ver el infierno. 

Paula dibuja una sonrisa retorcida mientras observa los vidrios rotos. 


VILLA ENCANTADA

INT. CASA DE CHELA – DÍA

Grettel acaba de confesarle a Juan sus sentimientos. Él la observa desconcertado, aún semidesnudo, con la toalla que lo cubre. Grettel derrama una lágrima y ambos permanecen sentados a la mesa.

Juan: ¿Por qué…? (Pausa) ¿Por qué no me lo dijiste antes?

Grettel: Juan, yo te di muchas señales desde que estábamos bien jovencitos. No te hagas. Tú lo sabías.

Juan: Pensé que era cosa de chamacos, de adolescentes. No me imaginé que todavía te sintieras así por mí.

Grettel se seca las lágrimas con el dorso de la mano, sin dejar de mirarlo.

Grettel: Pues para mí fuiste más que una simple etapa de muchachita enamorada. Tú siempre me gustaste mucho, muchísimo. Eras tan lindo, tan tierno. Me encantaba tu forma de ser con los demás, ahí siempre dispuesto a ayudar. Me ponía bien mensa viéndote y eso nunca cambió.

Juan baja la mirada, incómodo. 

Grettel: Y sí, salí con otros chavos, conocí otros hombres, pero con ninguno sentí lo que siento por ti. Lo intenté y no pude. No pude… 

Juan: Debiste haber sido sincera conmigo antes y contarme.

Grettel: Por respeto no lo hice. Te veía tan entregado a lo tuyo, tan convencido de tu vocación. ¿Qué chances iba a tener así?

Juan: De todas maneras, debiste hablar conmigo y no guardarte lo que sentías. No está bien callarse así.

Grettel: ¿Y en qué hubieran cambiado las cosas? Tú no ibas a dejar el sacerdocio por mí.

Juan baja la mirada, pues sabe que es cierto.

Grettel: Por eso preferí callarme (Se toca el pecho). Pero siempre te tuve aquí clavado, Juan. Siempre. Te amo mucho. 

El silencio pesa. Juan respira hondo, intentando hallar las palabras correctas.

Juan: Para mí esto es difícil, Grettel. Yo siempre te he visto como una amiga y ahorita en lo que menos puedo pensar es en estar con alguien. Tú eres una mujer muy guapa, inteligente y yo, pues…

Grettel: (lo interrumpe) Yo sé y no te estoy pidiendo nada. No quiero que te sientas mal o responsable por esto que te estoy contando. Te lo dije para que supieras hasta dónde llegaría por ti.

Juan esboza una leve sonrisa triste. Le toma la mano con cuidado y la mira a los ojos con ternura.

Juan: Yo te quiero mucho y te agradezco esto, de verdad. Para mí tu apoyo vale oro (Presiona levemente la mano de ella). Pero si hace falta, lo mejor es que no nos veamos más. 

Grettel: Claro que no. No exageres. 

Juan: Es que no quiero hacerte sufrir. Yo ya pasé por esto antes con otra persona que ahorita no viene al caso y me dolió no poder hacer nada para que no sufriera. No quiero que eso pase contigo.

Grettel: Pues no. Te puedo asegurar que conmigo no va a pasar porque hace tiempo que me resigné. 

Grettel le acaricia el rostro con delicadeza.

Grettel: Te amo y solo quiero que sepas que cuentas conmigo para lo que sea. Yo te voy a ayudar y no como la primera vez que lo eché todo a perder por haber sido tan imprudente. Esta vez va a ser diferente.

Juan: Grettel, ya no volvamos a lo mismo. Esto no está en discusión. Tienes que alejarte de ese tipejo. 

Grettel: Y yo no voy a aceptar un “no” por respuesta. 

Juan: Grettel…

Grettel: No insistas, Juan. No voy a renunciar al corporativo, no por ahora. 

Juan: Es peligroso. Emiliano te puede matar. Entiéndelo.

Grettel: Más peligroso fue que casi te mataran por mi culpa y eso te lo debo. Esta vez voy a ser más prudente, te lo prometo. Tú déjamelo a mí.

Juan la observa, preocupado, sin convencerse.

Juan: No me voy a perdonar si te pasa algo.

Grettel: No te preocupes. No me va a pasar nada. Vamos a salir de esto. Confía en mí.

Grettel lo abraza con fuerza y recuesta su cabeza en el hombro del joven. Juan le corresponde y la rodea con sus brazos. Ella aprovecha ese momento para sentir su piel y no soltarlo.


CIUDAD DE MÉXICO

INT. ESTACIÓN DE POLICÍA/OFICINA DE GAEL – DÍA

Gael está terminando de revisar unos archivos, sentado frente a su escritorio. De repente, tocan la puerta.

Gael: Sí, adelante.

Un técnico entra y se acerca al escritorio.

Técnico: Buenos días, detective. 

Gael: Buenos días. 

Técnico: Ya tengo lo que nos pidió (Pone el pendrive sobre el escritorio). Pudimos descifrar la contraseña, aunque nos costó.

Gael: Pues qué bueno. Peor es tarde que nunca. Buen trabajo.

Técnico: Gracias. Con permiso. 

El técnico se retira. Gael agarra el pendrive y lo conecta en uno de los puertos USB de su laptop. 

Gael: (susurrando) Vamos a ver qué tanto tenía Michael guardado aquí. De seguro el muy enfermo se grababa teniendo sexo con su ex, la que vino ayer. De lo contrario, ¿para qué le iba a poner el nombre de ella a esta cosa?

Gael abre la carpeta del pendrive en su laptop y, en efecto, ve varias grabaciones de videos de unas cámaras de seguridad en el departamento. Gael sonríe y niega con la cabeza.

Gael: Ya decía yo. El muy puerco tenía cámaras instaladas y por lo visto, escondidas.

Gael ve que, en esas esas grabaciones, Michael grababa sus encuentros con algunas mujeres. Llama particularmente su atención que, en varias de esas grabaciones, aparece Michael teniendo intimidad con Paula. No obstante, Gael no la conoce.

Gael: No perdonaba ni una. Hasta con una madura… (Suspira) ¡Ay, Michael! De veras que eras una fichita, bro y por lo visto esta era la que más te gustaba. Sale en varios.

Gael sigue pasando los videos con el mouse. Llega hasta una grabación en que unos hombres lo golpean, sus acreedores, aunque adelante el video y ve que no lo mataron.

Gael: Pudieron ser estos mismos tipos que volvieron luego.

Gael sigue pasando videos. Llama su atención que en el siguiente, Michael discute con Paula y le sube el volumen a la grabación.


GRABACIÓN

Michael: A ti no te conviene que yo esté muerto después de lo mucho que te he ayudado y de lo caliente que te pongo a pesar de lo vieja que estás.

Paula: (ofendida) ¿Cómo te atreves, infeliz?

Paula intenta cachetearlo, pero él le detiene la mano y la mira con rabia.

Michael: Y tampoco creo que a María José le haga mucha gracia saber quién es en realidad su madrina. Ya de por sí se decepcionó un chingo de ti. 

PAUSA


Gael se extraña y pausa la grabación.

Gael: ¿María José?

Gael devuelve un par de segundos la grabación y escucha de nuevo con atención.


GRABACIÓN

Michael: Y tampoco creo que a María José le haga mucha gracia saber quién es en realidad su madrina. Ya de por sí se decepcionó un chingo de ti. 

PAUSA


Gael: Entonces esta es la madrina de la ex. Carajo… (Suelta una risa de incredulidad) Se estaba cogiendo a la madrina de su ex y todavía la chantajeaba. 

Gael vuelve a reproducir el video.


GRABACIÓN

Michael: Pero tu hermano sí tiene lo suficiente. Podrías chantajearlo con lo que sabes.

Paula: ¿Chantajearlo para que mate y mandar a la mierda mis planes? Claro que no, querido. Todo lo planeé muy meticulosamente como para tirarlo a la borda justo ahora por tus problemitas.

Michael: ¿Y dónde crees que voy a sacar el resto?

Paula: Dales los diez que te estoy proponiendo y asunto arreglado. Más vale darles algo para calmarlos que no darles nada y si todo sale como lo estoy pensando, muy pronto te voy a dar el resto. 

Michael respira hondo, pensativo y dudando. 

Michael: (resignado) Está bien, pero necesito que me des algo más que también me podría ayudar.

Paula: (sonriendo incrédula) De veras que eres descarado.

Michael: No te estoy hablando de dinero. Me refiero al cura.

Paula: ¿Qué cura?

Michael: El del orfanato que vimos ese día cuando fuimos juntos para buscar a María José.

Paula: (extrañada) ¿Por qué me preguntas por él?

Michael: Hay algo muy raro. Mi jefe al parecer está buscándolo porque tenía una foto de él en un expediente en su oficina, aunque se veía diferente. El caso es que, ese día en el orfanato, me di cuenta de cómo lo miraste, como si lo conocieras. María José también lo conoce y se puso nerviosa. ¿Quién es ese tipo? 

Paula se queda en silencio y enarca una ceja, con seriedad, sin saber qué responder.

Michael: ¿Qué tiene que ver con ustedes como para que mi jefe lo esté buscando?

PAUSA


Gael: (confundido) ¿Mi papá? 

Gael quita la pausa y continúa hasta llegar a otra parte trascendental de la discusión que había quedado inconclusa en dicha escena.


GRABACIÓN

Paula: Es mi sobrino. Juan se llama (Michael se sorprende). Es gemelo de Christian, así que muy probablemente el que viste la foto no haya sido el cura, sino él, nada más que usaron su foto como referencia para encontrar al cura por el parecido.

Michael: (confundido) ¿Por qué lo buscan?

Paula: Emiliano de seguro le está pagando a Octavio para que lo encuentre y poder matarlo. No le conviene tener un heredero vivo andando por ahí. Mi cuñada lo abandonó cuando nació.

Michael sonríe como quien encuentra un tesoro.

Michael: No lo puede creer. ¿Quién diría que yo me lo iba a encontrar así, tan de la nada? Una información de esas vale millones.

Paula: En efecto, puede ser la solución a tus problemas ahora que lo pensamos bien. Emiliano no va a dudar en pagarte lo que sea para que le digas dónde está el otro bastardo. 

Michael: ¿Crees que me dé más de lo que necesito?

Paula: Muchísimo más, aunque yo que tú, le pediría solo lo que debes. Más adelante le puedes cobrar el favor pidiéndole más.

Michael: No suena mal.

Paula: E Incluso hasta a mí me conviene que ese cura salga de circulación. Christian debe ser el único heredero de la familia y María José tiene que casarse con él. Un heredero más solo va a entorpecer todo. 

Michael: Mañana entonces voy a tener una conversación bien interesante con mi jefe. Ya me imagino. Se va a poner pálido el cabrón que harto me trata de la patada como si fuera su empleado.

Michael se le acerca a Paula y la toma de la cintura, trayéndola para sí.

Michael: Definitivamente me diste más de lo que pedí. Yo sabía que me ibas a ayudar y eso merece un premio, ¿no crees?

Michael intenta besarla, pero ella se aparta, molesta.

Paula: No te confundas. Hasta hace un momento me estabas chantajeando y te atreviste a faltarme al respeto. 

Michael: (sonriéndole con picardía) No te hagas, Paula. No me vas a negar que en el fondo te estás quemando de las ganas que tienes de que te coja y que te dé como tu buen macho que soy.

Paula calla, mirándolo con seriedad.

Michael: Niégalo y te dejo en paz. Niégame que te encanta pedirme más y más…

Paula: Imbécil.

Paula es quien lo besa de forma efusiva. Michael le corresponde y ella le quita la camisa con destreza. Luego él la carga de la piernas y la tumba sobre el sofá donde continúan desvistiéndose. 

PAUSA


Gael se queda pensativo y cierra la laptop abruptamente. Ha obtenido más información de la que esperaba.

Gael: Entonces Emiliano y mi papá… Emiliano y mi papá no estaban haciendo ningún negocio esa noche…

Gael empuña una mano y se la pone en los labios, intentando procesar la información. 

Gael: Mi papá sí estaba metido en algo turbio, maldita sea. 


FLASHBACK

Octavio: Nos robaron un equipo. Fuimos detrás del ratero que se escapó en moto y por eso sacamos las armas, pero te aseguro que era solo para amedrentarlo y hacer que se detuviera el muy hijo de su madre. Fue ahí que perdimos el control de la camioneta. 

FIN DEL FLASHBACK


Gael: Claro, el supuesto ladrón es el tal cura que mencionaban ahí. Lo tenían secuestrado. ¿En qué lío te metiste, papá? ¿Qué carajos hiciste?

Gael asienta el puño sobre el escritorio, sumamente abrumado y pensativo.


VILLA ENCANTADA

EXT. PARQUE – DÍA

Juan se encuentra sentado en el parque del pueblo, pensativo. Ya está atardeciendo. Grettel llega con dos cervezas y se sienta a su lado.

Grettel: Toma, una chelita bien fría para el calor.

Juan la recibe sin muchos ánimos y sonríe levemente.

Juan: Tú sabes que no bebo.

Grettel: Ay, no seas aguafiestas. Es solo una cerveza, no es pecado.

Juan: Emborracharse hasta las manitas sí.

Grettel: Claro que no, no seas menso. Una cerveza no te va a emborrachar. Todo lo contrario. Te va a ayudar a relajarte y además te lo mereces. 

Grettel le da un ligero empujón con el hombro. Juan la mira, duda un segundo.

Grettel: Ándale, no te va a hacer daño.

Juan se ríe un poco y cede. 

Juan: Está bien. ¿Salud?

Grettel: Salud.

Ambos chocan sus botellas y beben un poco. Juan hace una mueca.

Juan: Está fuerte.

Grettel suelta una carcajada.

Grettel: Ay, qué exagerado. No aguantas nada.

Juan: Es que hacía mucho tiempo que no me tomaba una de estas, desde que nos graduamos de la prepa si mal no recuerdo.

Grettel: Ni lo digas. Te pusiste bien pedo solo con cinco cervezas.

Juan: (avergonzado) Sí y al otro día amanecí con la cruda. Justo me tenía que ir para el seminario porque me estaban esperando y llegué tarde.

Grettel: (sarcástica) Sí que empezaste con el pie derecho.

Juan: No te creas. Más bien del dolor de cabeza casi me voy con San Pedro.

Grettel: (riendo) Sí eres (Hace una pausa). Me acuerdo de que después del seminario fue que te entregaste del todo a tu vocación y ya casi ni te veía.

Juan vuelve a beber un poco más y suspira.

Juan: Sí, aunque a veces tuve curiosidad de saber cómo era vivir inmerso en el mundo para los que no son religiosos, tú sabes, para los laicos, como por ejemplo esto de beber. 

Grettel lo escucha con atención.

Juan: Nunca entendí por qué la gente bebe cuando está de luto o despechada. No es que como que con eso vayan a solucionar los problemas o traigan de vuelta a los seres queridos.

Grettel: A veces lo hacen para matar la pena un poco, así como tú…

Juan: No creo. Beber no me va a traer de vuelta a Benjamín o a mi padrino, mucho menos me va a quitar el dolor que siento.

Grettel: Quizás no, pero te ayuda a anestesiar el dolor tantito.

Juan la observa.

Juan: ¿Tú sí crees que sirva para eso?

Grettel se encoge de hombros y también bebe un sorbo de su cerveza mientras cruza las piernas.

Grettel: ¿Por qué no lo intentas y lo averiguas tú mismo? Es bueno olvidar y desconectarse de lo que nos causa tristeza.

Juan no responde y guarda silencio mirando el parque. Grettel, de repente, se para de golpe.

Grettel: Es más. Espérame aquí.

Juan: (extrañado) ¿A dónde vas?

Grettel: Te voy a traer algo. No te muevas.

Grettel se aleja entre la gente del parque. Juan la sigue con la mirada, da otro sorbo a la cerveza, pensativo.


CIUDAD DE MÉXICO

INT. HOSPITAL/HABITACIÓN DE OCTAVIO – DÍA

Gael ha ido a visitar a su padre. Octavio reposa en la cama y cuando escucha que la puerta rechina, abre los ojos.

Octavio: (sonriendo) Gael, no esperaba que fueras a venir ya a esta hora, hijo. 

Gael: (serio) Todavía es temprano. Van a ser las seis.

Octavio: Hubieras podido irte para la casa. Debes estar cansado.

Gael: Tampoco pienso tardarme mucho y quería saber cómo sigues.

Gael se adentra a la habitación y se acerca a la cama, manteniendo su expresión de seriedad.

Octavio: Bien, supongo. Hablé hoy con el doctor y me platicó que hay posibilidad de someterme a cirugía plástica, por lo menos para reconstruir una parte de la quemadura, aunque a mí la verdad me da igual ya. Estoy viejo y no es como eso me preocupe a estas alturas de la vida.

Gael: A mí no me parece mala idea, por lo menos para que no tengas que cubrirte o algo cuando salgas a la calle.

Octavio: Yo ya me voy a jubilar, Gael. Tampoco es que vaya a salir mucho. Lo único que quiero es descansar y darme buena vida. Lo estuve pensando, ¿y sabes qué? Voy a comprarme un rancho o una casa de verano en Estados Unidos. 

Gael: (extrañado) ¿Con qué dinero? 

Octavio: Con el de mi jubilación, hombre. ¿Con qué más? 

Gael: Papá, eres un funcionario público. Ni con todos los años de servicio te va a alcanzar para comprarte un rancho. ¿Qué te pasa?

Octavio: ¿Tú qué sabes? Confía en mí y si lo planeé así es porque así va a hacer. Ya hasta pensé en ti y también te pienso regalar algo. ¿Qué te parece un penthouse, ah?

Gael: ¿Y cómo lo piensas comprar? ¿Chantajeando a Emiliano Fonseca? ¿Ese es tu plan?

Octavio se sorprende al oírlo.

Octavio: ¿De qué estás hablando? 

Gael: (molesto) Ya lo sé todo. Descubrí que andabas metido no sé en qué mierda con ese tipo y no tiene caso que me lo niegues. 

Octavio se enmudece al escucharlo.

Gael: Ustedes mataron a Michael, ¿no? Lo mataron como pensaban hacer con ese tal Juan.

Octavio se queda sin palabras y sin justificación frente a los cuestionamientos de su hijo, quien se ve indignado y molesto.


EXT. CASA DE LAS LÓPEZ – DÍA

Martha, entretanto, justo viene llegando a su casa, con unas bolsas del mandado, aunque no se ve de tan buen semblante. Pone las bolsas en el piso y busca las llaves en su cartera mientras tiene un recuerdo de la noche en que discutió con su hija a las afueras del orfanato.


FLASHBACK

Grettel: No eres más que una vieja ridícula. Me juzgas como si fueras la más santa de las mujeres cuando lo único que hiciste fue quitarme la oportunidad de crecer con un padre.

Martha: ¿De qué estás hablando?

Grettel: No te hagas. ¿O qué pensaste? ¿Que nunca iba a descubrir todas las cartas que mi papá me enviaba y que tú me ocultabas por tu pinche orgullo?

Martha se sorprende.

Grettel: Ya hace mucho que sé la verdad, mamá. Mi papá me envió cartas por años y tú las tirabas. Por pura casualidad es que logré recuperar una sin que tú supieras y ahí descubrí que no eres más que una vieja egoísta que siempre me apartó de mi papá.

FIN DEL FLASHBACK


Martha: (dolida) Ay, Grettel. Cómo quisiera que por una vez en tu vida me escucharas y te pusieras en mi lugar sin juzgarme. 

Martha cierra los ojos y su semblante se pone un poco más pálido. Logra encontrar las llaves en su monedero, pero cuando intenta abrir la puerta, se marea.

Martha: ¿Qué me pasa?

Martha siente que todo le da vueltas y termina por desmayarse abruptamente en el piso.


INT. BAR – NOCHE

María José llega a un bar algo solitario. Casi no hay clientes y se escucha música instrumental de fondo, denotando que es un sitio elegante. Busca entre las personas y de lejos ve a Gael, sentado a la barra. María José se acerca y nota que ya lleva rato bebiendo.

María José: ¿Detective?

Gael se voltea a verla y le sonríe, denotando que ya se encuentra algo ebrio.

Gael: Qué gusto verla, señorita. Montiel es su apellido, ¿no?

María José: Sí, señor. 

Gael: Me alegra que haya venido. Siéntese, por favor. 

María José, algo incómoda, toma asiento al lado de él.

Gael: ¿Quiere tomar algo?

María José: No, gracias. Más bien me desconcierta que me haya citado a este lugar y a esta hora. Me dijo que era importante.

Gael: Lo es, sino no la hubiera hecho venir y no quería esperar hasta mañana.

Gael saca del bolsillo de su pantalón el pendrive y se lo muestra.

María José: ¿Lograron quitarle la contraseña?

Gael asiente y lo pone sobre la barra.

María José: (curiosa) ¿Y bien? ¿Qué encontraron? ¿Había información importante?

Gael tarda en responder y se pone serio por un momento, mirando hacia el frente y tomando un sorbo de su bebida. 

María José lo mira intrigada.

Gael: Desgraciadamente, no. 

María José: (desconcertada) ¿Cómo que no?

Gael: Pues eso mismo. Estaba vacía la carpeta y no había absolutamente nada. 

María José: Es que no puede ser. Sigo sin entender entonces por qué era tan importante ese pendrive como para Michael le pusiera mi nombre y todavía le pusiera una contraseña. 

Gael: Bueno, si había algo. Videos, muchos, de él en su departamento teniendo relaciones sexuales con mujeres (María José se sorprende). Nada más que por la relación que usted tenía con él, no creí pertinente decírselo de primera. 

María José se incomoda al oírlo.

Gael: Entenderá que borré los videos, ya que aparecen rostros de mujeres que fueron grabadas sin consentimiento, así que ya no hay nada ahí guardado.

María José: Me parece de no creer que hubiera hecho una cosa.

Gael: Michael era conocido por ser un mujeriego en el departamento de criminalística, señorita. Todos lo sabíamos.

María José: Incluso así, está muerto y ustedes todavía no tienen ni una pista de qué fue lo que le pasó. 

Gael: Muchos casos en la vida real se quedan así, sin respuesta. 

María José: Usted es detective. ¿Que no es esa la misión que tienen?

Gael: Sí, pero créame que la justicia puede ser cruel y una porquería a veces (Dice con cierta decepción). Incluso para nosotros que somos la “ley”. 

María José baja la mirada, frustrada, pues sabe que tales palabras son ciertas.

Gael: (cambiando el tono) ¿Por qué no me acompaña a una copa? Yo la invito.

María José: Gracias. Prefiero no tomar.

Gael: (sonriendo levemente) ¿Tiene algo mejor que hacer?

María José: No, pero igual prefiero abstenerme.

Gael: Una vez al año no hace daño. Me siento algo solo y me haría bien la compañía de alguien. ¿Qué dice?

María José guarda silencio y duda.

María José: No veo por qué no, pero un solo trago y ya no más.

Gael hace una seña al barman.

Gael: Un doble para mí y otro para la señorita.

El barman asiente y se aleja. María José lo observa aún intrigada, aunque reservada.


VILLA ENCANTADA

INT. CASA DE CHELA – NOCHE

Chuy termina de beberse un té caliente, sentado en el sofá. Chela se encuentra también sentada frente a él. Tal parece que ella le acaba de contar su historia de vida.

Chuy: Lamento mucho todo lo que vivió, Chela. Desafortunadamente hay personas que manipulan la religión a su antojo, así como hizo su mamá y lo peor es que lo replicó en su hija, en Fernanda.

Chela: (bajando la cabeza) Quiso hacerlo también conmigo, solo que yo fui más desinhibida, se podría decir. Me gustaba salir, tener amigos, ir a bailar a pesar de que al volver a la casa sabía lo que me esperaba…


FLASHBACK

INT. CASA DE CHELA – NOCHE

Úrsula observa por la cortina a su hija, que recién llega acompañada de otro muchacho. Ellos se sonríen, con evidente atracción, cosa que desata la furia de la mujer, pero su indignación es más cuando ve cómo él la besa en la mejilla y sale de la casa.

Úrsula: ¡Graciela! (Chela se voltea asustada) Entra de inmediato y usted, joven, lárguese si no quiere que le tire agua hirviendo.

Graciela desencaja el rostro y se mira preocupada con el otro muchacho. 

Úrsula: ¿Qué espera? ¡Váyase! Y tú, entra a la casa rápido.

Minutos después, se ve a la joven adolescente arrodillada frente a su cama y recibe los azotes de una pesada correa de cuero, con la espalda descubierta, propinados por su madre.

Úrsula: ¡Eres una perdida, Graciela! ¡Una perdida, una zorra!

Chela: (llorando) Basta, mamá. Detente, por favor. 

Úrsula: No lo pienso hacer hasta que reces. ¡Reza! ¡Vamos, reza para que te limpies!

Chela: ¡No hice nada malo!

Úrsula: ¡No mientas!

Úrsula la azota con furia. Chela pega un grito sumamente adolorida.

Úrsula: Te vi allá afuera. Vi cómo ese tipo te besaba.

Chela: Era un beso en la mejilla, mamá.

Úrsula: Un beso que podría haber terminado en otra cosa. ¿Crees que no lo sé?

Chela: (desesperada) ¡Basta ya! ¡Basta ya, Úrsula! ¡Basta!

Úrsula: ¿Te atreves a llamarme por mi nombre? ¿Tan poco respeto le tienes a la persona que te trajo al mundo? ¡Ingrata! ¡Pecadora!

Cada azote es más fuerte que el otro. Chela siente que se le abre la piel de la espalda y no lo soporta más.

Chela: ¡Perdón! ¡Perdóname, mamá! ¡Perdón!

Úrsula: ¡Eso! ¡Ruega ¡Ruega y pide perdón para que te salves! ¡Pide perdón y no te detengas!

Chela soporta adolorida aquellos azotes inhumanos, aferrándose a las sábanas de la cama mientras continúa repitiendo “perdón” entre lamentos. 

FIN DEL FLASHBACK


Chela: Hasta que me fui de la casa cuando cumplí los dieciocho y empecé a trabajar para tener con qué vivir por mi cuenta, nada más que después me vino encima la otra tragedia.

Chuy bebe un sorbo del té.

Chuy: ¿Perdonó a su madre?

Chela: (dolida) Creo que todavía no. Me ha costado a pesar de que lo he intentado. Me quitó a mi hija y la crio a su forma. Fernanda es la viva imagen de mi mamá. Christian también fue víctima de todo ese fanatismo religioso tan absurdo y es como una maldición, padre, una maldición que se pasa de generación en generación. 

Chuy: Muchas veces los pecados de los padres los pagan los hijos. Juan y Christian han sufrido mucho por culpa de Emiliano Fonseca, y si lo vemos de esa forma, Emiliano también fue víctima de su propio padre, según lo que usted me contó. He ahí la importancia de romper ciclos.

Chela: Tiene usted razón y me preocupa mucho todo esto. Christian está tan empecinado en recuperar su lugar en esa familia y Juan no se queda atrás. El otro día que platicamos estaba lleno de mucho rencor y se quiere vengar.

Chuy: Dígamelo a mí, pero me temo que no hay mucho que usted o yo podamos hacer para protegerlos esta vez.

Chela: (resignada) Me supongo que no y pensar en eso me pone peor. 

Chuy: A mí igual. Lo único que nos queda es orar mucho porque esta situación ya sobrepasa cualquier intervención humana. Pase lo que pase, debemos estar ahí para ellos y no abandonarlos.

Chela asiente con su silencio, angustiada. Chuy mira el reloj que cuelga de la pared, en el cual ya son casi las once.

Chuy: Qué tarde es, no me había fijado. Juan y Grettel ya deberían haber vuelto.

Chela: De seguro se quedaron explorando el pueblo por ahí. Como había ferias, hay mucha más gente en la calle esta semana. No deben tardar.

Chuy: De todas formas no es conveniente que se expongan. 

Chela: Tranquilo, padre. Villa Encantada es seguro.  Si quiere mientras esperamos, le sirvo otro tecito. ¿Qué le parece?

Chuy: Bueno, no me caería mal para los nervios de punta que he tenido últimamente.

Chela: Claro que sí, ya se lo traigo.

Chuy: Gracias, hija.

Chela se pone de pie y le recibe la taza para luego irse a la cocina. Chuy se queda intranquilo, aún mirando el reloj.


EXT. PARQUE – NOCHE

Juan, por su parte, se encuentra algo ebrio junto con Grettel, quien también está pasada de copas, ambos sentados en la banca y bebiendo mezcal. Las luces amarillas de las lámparas iluminan el parque que ya se ve solitario.

Grettel: (riendo) Ay, no manches. Pobrecito. De seguro le dolió un resto. 

Juan: Benja era bien torpe con la pelota. Después de ese balonazo que le dieron en la cara, ya le daba pavor acercarse a la cancha. 

Grettel: Con razón sudaba frío en las clases de gimnasia, aunque ya después se le quitó. Algo aprendió, ¿no?

Juan: Porque yo le enseñé. Nos quedábamos jugando solos después de clases. No era muy bueno, pero le echaba ganas y aprendió. 

Grettel: Y con las chavas era igual de tímido. ¿No te acuerdas de aquella güerita que le hacía ojitos y él ni la pelaba?

Juan asiente, divertido y sonriendo con nostalgia.

Juan: Claro que me acuerdo. Yo le decía que se le acercara, pero él decía que no, que prefería estudiar y que… además ya tenía a alguien más en la cabeza.

Juan desdibuja su sonrisa de repente al mencionar aquello.

Grettel: ¿Y nunca supiste quién era la que le gustaba?

Juan guarda silencio unos segundos, mirando al piso mientras juega con la botella de mezcal.

Juan: Sí supe.

Grettel: (con curiosidad) ¿Quién?

Juan alza la cabeza y mira hacia el vacío del parque.

Juan: Yo.

Grettel se queda muda de la sorpresa.

Grettel: ¿Benjamín…?

Juan asiente lentamente y la tristeza lo invade de repente.

Juan: Benjamín era gay. 

Grettel: No sabía nada. Nunca se me hubiera pasado por la cabeza y menos que…

Juan: Me lo confesó hace unas semanas y de ahí en adelante todo se fue al carajo. Hasta intentó suicidarse.

Grettel: Entonces él era la persona que me mencionaste esta mañana.

Juan: Sí. 

Grettel: Ay, Juan. Qué fuerte, no sé ni qué decir. Creo que en el caso de él era más difícil por lo que tú, pues… Ya sabes, no eres gay y además lo de tu profesión.

Juan: Yo se lo quise hacer entender muchas veces y me dolía un chingo, ¿sabes? Me dolía porque yo sabía que él estaba sufriendo, pero no tenía la más remota idea de cómo hacer que se sintiera mejor, aunque al final creo que ya estaba resignado. Iba a dejar la vida religiosa para viajar lejos, solo que… ya no tuvo tiempo.

Grettel se acerca un poco más y le habla con suavidad.

Grettel: Ya, no te castigues más. No pienses en eso ahorita. Estamos tratando de matar los malos recuerdos y traer los buenos.

Juan: Me cuesta. Cuánto no daría por tenerlo aquí conmigo. Es que de haber sabido que esa tarde ya no lo iba a ver más, lo hubiera abrazado tan fuerte que no lo hubiera soltado.

Juan siente un amargo nudo que se le forma en la garganta. Grettel lo mira con pena. 

Juan: Es como si me hubieran quitado una parte de mí, aunque sabía que nunca iba a poder corresponderle.

Juan mira a su amiga, con los ojos sollozos.

Juan: Por eso no quiero que esa historia se repita contigo. No quiero, Grettel. Tengo miedo de que te pase lo mismo que a él.

Grettel le quita la botella y la pone en el piso para luego tomarlo de la mano.

Grettel: No va a ser igual. Además, la situación es diferente. 

Juan: ¿Diferente en qué? 

Grettel: Bueno, en que conmigo no vas a tener que preocuparte. Yo sé perfectamente cuál es mi lugar y sé separar las cosas.

Juan: No te entiendo. 

Grettel: Déjame que te explique.

Grettel, de forma osada, le roba un beso. Juan se pasma de momento y no resiste. Intenta corresponder, pero mueve torpemente los labios y se aparta, conflictuado. 

Juan: Grettel, esto… Esto no está bien.

Grettel: ¿No sientes nada?

Grettel le acaricia el rostro con suavidad. 

Grettel: ¿Ni tantito de ganas de ir más allá?

Juan: Tú eres mi amiga. 

Grettel: Y tú eres un hombre. Cansado, dolido y con derecho a desahogarse… Yo te puedo hacer olvidar el mundo esta noche, Juan.

Grettel intenta besarlo de nuevo. Juan no se ve cómodo e intenta apartarla.

Juan: (negando) Para, por favor. Estamos muy tomados. No quiero echar a perder la amistad que tenemos así. 

Grettel: Yo tampoco y ya te lo dije. Yo sé poner límites y también sé cuándo romperlos. 

Grettel le habla sumamente cerca a los labios. Juan la mira, dudando. 

Grettel: Déjame que te demuestre lo que se siente ser hombre. Para eso estamos las amigas, ¿no?

Juan: Grettel, yo no… Perdóname, no puedo.

Grettel: Juan, escucha.

Grettel toma el rostro de él con ambas manos.

Grettel: Yo te estoy pidiendo que me ames ni mucho menos. Mañana vamos a seguir siendo amigos como siempre. Yo solo te quiero ayudar y darte un poquito de cariño.

Juan: Uno no juega así con los sentimientos de los demás.

Grettel: Y me parece muy lindo de tu parte que pienses tanto en mí, pero te lo repito. Yo no soy Benjamín. A él no le hubieras podido corresponder nunca. En cambio conmigo es distinto. Yo soy mujer; una mujer que te ama y está dispuesta a todo por ti; una mujer que se muere de ganas de estar contigo.

Grettel le habla sumamente cerca a los labios. Juan se agita, quisiera ceder, pero se contiene.

Grettel: Déjate querer por una noche.

Grettel lo besa una tercera vez. Juan termina correspondiendo, despacio, aunque evidentemente no convencido. 

Grettel: (susurrando, coqueta) Ven, vamos a otro sitio.

Grettel lo toma de la mano y ambos se ponen de pie. No se dan cuenta de que, a lo lejos, son observados por una persona misteriosa que se esconde entre los árboles e incluso les toma fotos.


INT. HOTEL/HABITACIÓN – NOCHE

Juan y Grettel entran a una habitación sencilla en un modesto hotel. Ella lo recuesta contra la puerta y le quita la camisa para luego besarlo efusivamente mientras le acaricia el pecho. Luego lo guía hacia la cama y lo hace sentar. Juan luce tenso.

Juan: (agitado) No sé si vaya a poder…

Grettel: Déjate llevar.

Juan: No te quiero lastimar.

Grettel: No lo harás. Esto lo estoy haciendo porque quiero.

Grettel se quita la blusa frente a él y procede a retirarse el sostén, aunque tan solo se ve su espalda descubierta. Juan se queda viendo el busto de la joven, con un deseo culposo. Ella toma las manos de él y las coloca sobre su propio busto para que él lo sienta. Juan traga saliva al percibir tal contacto.

Grettel: Esta noche solo vamos a ser tú y yo…

Grettel sonríe pícara, se lanza a besarlo de nuevo y ambos terminan tumbándose sobre la cama, ella sobre él. Grettel besa su cuello, despacio. Juan se estremece y sus manos, aún inseguras, comienzan a responder por instinto. 


INT. CASA DE LOS FONSECA/HABITACIÓN DE MARÍA JOSÉ – NOCHE

María José, por su parte, en bata, mira el cielo nocturno a través de su ventana.

María José: ¿Dónde estás, Juan? Cómo quisiera poder verte de nuevo o por lo menos saber que estás bien. Te extraño mucho…

María José se toca el pecho, algo acongojada. 

CONTINUARÁ…

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