Capítulo 25: Frater in sanguine

INT. CASA DE CHELA/HABITACIÓN DE JUAN – DÍA

Juan ha hecho pasar a Christian. Este último observa con curiosidad el humilde, pero acogedor lugar. Juan cierra la puerta y mira con seriedad a su hermano.

Juan: Y bien. ¿Qué quieres? Dudo que hayas hecho el viaje nada más para venir a verme. ¿O es que a poco se te ocurrió otro de tus dichosos planes para dizque protegerme?

Christian baja la cabeza al escuchar el reproche.

Christian: Escucha, bro… Yo sé que tienes motivos para estar enojado conmigo y…

Juan: (interrumpiéndolo) ¿Enojado? ¡N’ombre! Enojado es poco. 

Juan comienza a caminar por la habitación. 

Juan: Estoy encabronado, lleno de ira, de rabia, de dolor… Me mataron una persona que quería con todo el corazón, otra más porque la primera fue mi padrino que ese otro cabrón mató como si nada.

Christian: Chela ya debió haberte contado que no vi otra forma de salvarte. Había un güey que sabía de ti. Iba a revelar dónde estabas a cambio de lana. Emiliano igual iba a ir por ti y yo lo que hice fue ponerme de su lado para tener más chances de ayudarte. Perdóname…

Juan: Yo no tengo nada que perdonarte, aunque tampoco creas que te voy a dar las gracias por ese teatrito barato que armaste. Tú pudiste no haber matado a Benjamín, pero haberme echado de cabeza para “salvarme” fue lo que detonó todo.

Juan quiebra un poco la voz.

Juan: Me quitaron al único que sí fue mi hermano todos estos años y eso sí que me terminó de destrozar.

Christian no puede evitar sentirse mal por el reproche.

Christian: Yo sé que no tengo justificación y puede que no me creas, pero lo único que me interesa ahorita es que estés bien. No se me olvida que somos hermanos, de sangre…

Juan: (incrédulo) ¿Ah, sí? Pues qué curioso porque eso no fue lo que me dijiste esa vez que nos conocimos. Me dijiste clarito que no te interesaba tener un hermano.

Christian: Estaba molesto, asustado, sacado de onda. Ponte en mi lugar. ¿Cómo hubieras reaccionado si hubieras visto a un clon tuyo frente a ti que dice ser tu hermano?

Christian siente que le forma un nudo en la garganta. Juan lo escucha con atención, aunque mirándolo con suma seriedad.

Christian: Yo crecí sintiéndome muy solo y sí está bien que te dije eso, pero no era verdad… Tenía un chingo de cosas en la cabeza dándome vueltas y hablé puras pendejadas… (Hace una pausa) Yo… yo sí hubiera querido al menos tener un hermano. 

Juan baja un poco la guardia al oírlo. Christian quiebra la voz.

Christian: Hubiera querido tener un hermano de verdad que me hiciera compañía, con el cual contar, jugar, echar bromas, hasta pelear… Un hermano para no haberme sentido tan solo…

Juan baja la mirada, algo conmovido y su dureza inicial empieza a resquebrajarse.

Christian: Tú por lo menos creciste con personas que estuvieron ahí para ti después de que se murió tu padrino, pero yo… (Hace una pausa, sollozo) Yo no tuve a nadie. Chela fue la única y ni siquiera fue suficiente… Tú tuviste más suerte que yo. En cambio yo… Yo sufrí cosas que me desgraciaron la vida, que me rompieron y tú nunca vas a saber lo que es eso. 

Juan, con dificultad, se le acerca y le pone una mano en el hombro.

Juan: Chela ya me contó…

Christian lo mira, tenso a la vez que avergonzado.

Juan: De veras que lo siento mucho. Ningún niño debería sufrir lo que tú sufriste.

Christian derrama una lágrima discreta.

Christian: ¿Ahora sí lo ves? Mi vida fue una mierda. Una auténtica mierda. Fernanda me obligaba a hacer cosas que no entendía. De niño sentía que no estaba bien, me hacía sentir incómodo, cuando ella misma me bañaba, cuando me manoseaba, cuando me ponía las manos en el cuerpo de ella para que la tocara…

Christian llora, dolido. Juan se queda inmóvil, impactado.

Christian: De grande fue que entendí que me estaba abusando y a eso sumado las no sé cuántas veces que me castigó, azotándome, obligándome a rezar, obligándome a…

Christian se calla abruptamente y llora desconsolado, roto, como un niño.

Christian: Yo solo quería ser un chavo normal y no pude. ¿Qué no hubiera dado yo para haber crecido en ese orfanato donde tú estuviste? 

Juan lo observa conmovido.

Christian: Me hubiera gustado tener tu vida. Me hubiera gustado un chingo ser tú, no haber crecido con miedo, con golpes, con una mamá y un papá que me hicieron sentirme como una mierda. 

Juan, sin dudarlo, lo envuelve en un abrazo fuerte, protector. Christian, aunque duda en corresponderle, termina abrazando a su hermano también.

Juan: Me duele que hubieras pasado por toda esa porquería tú solo. No te lo merecías.

Christian respira hondo, intentando calmarse. Se separa poco a poco. Se limpia las lágrimas con el dorso de la mano, casi con rabia.

Christian: ¿Ya qué importa? Sobreviví y aquí sigo, igual de roto, pero no acabado, así como tú.

Juan lo mira fijo.

Christian: Lo que importa es que Emiliano sigue ahí, como si nada, como si no hubiera destruido la vida de los dos y yo estoy seguro de que tú y yo tenemos las mismas ganas de verlo pudriéndose en la cárcel, de verlo destruido

Juan: Pues no te equivocas, solo que me falta el poder y el dinero para acabar con él.

Christian: Yo tampoco es que tenga ninguno de los dos, pero sí tengo la ventaja de que estoy cerca y puedo atacarlo más fácil. 

Juan: ¿Y yo qué? ¿Me quedo de brazos cruzados?

Christian: Es mejor que me lo dejes a mí.

Juan: Me estás pidiendo mucho. Yo no me puedo quedar tan campante. Pasé escondido toda la vida y ya estuvo bueno de ocultarme.

Christian: Entiende. Meterte solo va a complicar las cosas. Emiliano me dio una semana para encontrarte y me advirtió que de no cumplirle, voy a ser yo el que pague las consecuencias. 

Juan: Entonces con más razón no me puedo quedar aquí escondiéndome. Tenemos que ponerle una trampa, algo para que confiese. Yo lo estuve pensando y a lo mejor puedo servir de carnada, citarlo a algún sitio, hacer que confiese y grabarlo todo con un celular.

Christian: (negando con la cabeza) No creo. Me parece muy peligroso. 

Juan: Podría funcionar. Hay que intentarlo.

Christian: Por ahora lo que hay que hacer es que baje la guardia contigo. Emiliano te quiere muerto y si vine hasta aquí, fue justo para darle lo que quiere.

Juan: (desconcertado) ¿A qué te refieres?

Christian: Hay que hacerle creer que ya no estás vivo. De esa forma también puedo salvarme el pellejo y ganar tiempo de hacerlo caer, así que si me quieres ayudar, hagamos esto a mi manera.

Juan se ve confundido ante ese plan, pero escucha expectante.


CIUDAD DE MÉXICO

INT. ESTACIÓN DE POLICÍA/OFICINA DE GAEL – DÍA

María José aguarda sentada, algo ansiosa, dentro de la oficina. Gael entra en ese momento y se sorprende al verla.

Gael: Señorita Montiel…

María José: Buenas tardes, detective. 

Gael se dirige a su escritorio.

Gael: ¿Qué la trae por acá? Que yo sepa, no tenía más motivos para venir. Estamos por terminar la investigación y cerrar el caso.

María José: Michael fue asesinado, detective. Esto no se trata de un asunto aislado. 

Gael: Y lo sabemos, pero ya no hay más que indagar.

María José: ¿Están completamente seguros de que fueron sus deudores los que lo mataron y le prendieron fuego a su departamento?

Gael: Es lo más probable…

María José niega algo indignada con la cabeza. Gael suspira y se sienta frente a ella, con el escritorio separándolos por el medio.

Gael: Mire, yo sé que usted era su novia…

María José: (interrumpiéndolo) Exnovia… Para cuando murió, ya habíamos terminado hacía tiempo. 

Gael: Como sea, a lo que iba es que a lo mejor para usted sea difícil no tener las respuestas que quiere debido a la relación que tuvo con él, pero ya se lo decía anoche. Hay casos que quedan así.

María José saca de su bolso el pulso y lo coloca sobre el escritorio.

María José: ¿Y no han pensado en la posibilidad de que hubiera sido una de las tantas mujeres que entraban al departamento?

Gael se queda en silencio durante algunos segundos, observando el pulso.

Gael: ¿Qué es eso?

María José: Primero le quiero hacer una pregunta y necesito que me responda con absoluta sinceridad. ¿Puedo confiar plenamente en usted?

Gael: No la entiendo. ¿A dónde quiere llegar?

María José: Nada más respóndame. Usted me decía que a veces la justicia puede ser corrupta y una porquería. ¿Hace parte usted de esa misma corrupción o puedo confiar en usted?

Gael duda en responder, pues siente aquella pregunta como una bofetada a la prueba que ocultó para no incriminar a su padre. 

María José: (insistente) Respóndame, por favor.

Gael: Créame que mientras esté a mi alcance, siempre voy a hacer mi trabajo de la mejor manera posible. ¿Le sirve mi respuesta?

María José no dice nada, saca su celular y busca algo. Gael la mira intrigado y ella le muestra una serie de fotos de Paula. 

María José: ¿Esta mujer estaba entre las que salían en los videos sexuales?

Gael la reconoce de inmediato y exhala, algo nervioso.

Gael: Eran varias mujeres, señorita. La verdad es que no me acuerdo.

María José: Mírela bien. Haga un esfuerzo. Es muy importante que me lo diga, sea un sí o sea un no, por favor.

Gael se ve incómodo.

Gael: Creo que… Creo que sí. 

María José: ¿Está seguro?

Gabriel hesita varios segundos.

Gael: Viéndola bien, sí. Era la que más lo visitaba. Me llamó la atención porque es una mujer madura a diferencia de las otras que eran jóvenes.

María José se llena de decepción al escuchar esa confirmación y un nudo se le forma en la garganta.

Gael: ¿Por qué me pregunta por ella? ¿Acaso…? ¿Acaso la conoce? (Finge no saber)

María José traga saliva y sus ojos se ponen sollozos. 

María José: Es mi madrina y ese pulso es de ella. Lo encontré en el departamento de Michael esta tarde que fui.

Gael: (apenado) Ah, caray, ahora entiendo por qué vino a verme.

María José: Michael ya no era nada mío. Podía revolcarse con quien quisiera, pero con mi madrina… 

Gael la mira con pena. 

María José: Mi madrina ha sido la persona más cercana que he tenido desde los diez años. Compartimos mucho juntas y desde que llegamos a este país, no he parado de descubrir que ella no es la persona que yo pensaba y ahora me entero de esto.

María José derrama un par de lágrimas, aunque se las limpia con discreción. Gael le pasa un pañuelo.

Gael: Tome. 

María José: Gracias.

María José agarra el pañuelo y se limpia con delicadeza.

Gael: Créame que lo lamento. Me imagino lo mal que se debe estar sintiendo.

María José: (dolida) Dudo que se lo imagine. ¿Sabe? Yo le pedí al guarda del edificio que me mostrara las grabaciones de las cámaras de seguridad. Quería negarme a pensar mal, que ella nada más iba a visitarlo para hablar de mí o algo por el estilo, aunque muy en el fondo sospechaba que no y usted me lo acaba de confirmar…

Gael no dice nada, aunque baja la cabeza con lástima.

María José: Yo ya no puedo confiar en nadie, detective. Estoy completamente sola y la única persona en la que podía confiar no ha hecho más que mentirme, manipularme, traicionarme… Ya no sé ni qué pensar de ella y de qué tanto sea capaz.

Gael: ¿Está insinuando que su madrina está detrás del crimen?

María José lo mira con los ojos bañados en lágrimas, aunque no llora, intentando contenerse.

María José: Me duele decirlo, pero no lo sé… Yo antes habría metido las manos al fuego por ella, la hubiera creído incapaz, pero ya no… La desconozco.

María José quiebra la voz, dolida ante la duda.

María José: Es por eso que necesito su ayuda y justo también por eso le preguntaba si podía confiar en usted. 

Gael: No veo cómo le podría ayudar.

María José: Investigando a mi madrina. Estoy segura de que hay mucho más de ella que desconozco y necesito que llegue al fondo de todo. 

Gael: Va a estar bien difícil hacer eso, señorita.

María José: Por favor. Esto es muy importante para mí. Yo tengo información, mucha, pero no puedo hacer nada por mí misma y necesito que alguien me ayude, alguien como usted que está dentro de la policía. 

Gael: (extrañado) ¿Qué tipo de información?

María José: Información valiosa sobre Emiliano Fonseca y su familia, incluyendo a mi madrina, que es hermana de él. 

Gael finge interés. María José se inclina un poco y le habla en voz baja.

María José: Usted puede hasta ganar un ascenso si me ayuda. Este podría ser el caso de su vida, detective Luján, por favor. 

Gael se ve indeciso ante tan inesperada petición. María José lo observa con ojos suplicantes, expectante a una respuesta positiva por parte del hombre.


INT. SERVICIO FORENSE/MORGUE – DÍA

Christian y Emiliano se encuentran en una habitación blanca, amplia, fría. Filas de gavetas metálicas ocupan la pared, pues allí se almacenan los cuerpos de personas ya occisas. 

Emiliano: (serio) Espero que esto valga la pena y no me hayas hecho venir hasta aquí para hacerme perder el tiempo.

Christian: Te puedo asegurar que no. 

Christian le hace una seña con la cara al empleado del servicio forense, el cual viste un traje quirúrgico blanco, gorro, cubrebocas, además de guantes de látex. Pasan solo unos segundos para que el empleado extraiga una bandeja de la gaveta, sobre la cual reposa un cuerpo congelado de un hombre cubierto por una sábana blanca. El chirrido del metal resuena por la habitación.

Emiliano: ¿Estás seguro de que es el bastardo ese?

Christian: Míralo tú mismo.

Emiliano se acerca y el empleado retira la sábana. Christian se queda unos pasos atrás. Es así como el empleado deja al descubierto un hombre sin ropa, de cabello castaño oscuro, con el rostro desfigurado por graves moretones, además de fracturas faciales que no permiten reconocerlo. Emiliano observa con suspicacia.

Emiliano: ¿Cómo murió?

Christian: De acuerdo al reporte, se chocó en la moto en la que iba hace unos días, a unos kilómetros cerca de donde nosotros tuvimos el accidente. Fue por eso que le quedó la cara así.

Emiliano sigue observando con mucho cuidado sin ninguna reacción aparente, a pesar de lo desfigurado del rostro. 

Christian: Encontraron su identificación en una de las bolsas del pantalón, además tenía en una de las muñecas esto.

Christian da unos pasos hacia adelante y le muestra un denario (un rosario de diez cuentas). Emiliano lo mira con fijación y vuelve a observar con detalle el cadáver, como si no se terminara de convencer. 

Emiliano: ¿Y tú cómo diste con él?

Christian: Me imaginé que la moto en la que se escapó era robada, así que por ahí me metí hasta que me informaron de un güey había tenido un accidente en una moto robada cerca de donde nosotros nos accidentamos. El dueño incluso ya había denunciado.

Emiliano no despega los ojos del cadáver.

Christian: Y por si las dudas, como nadie había identificado el cuerpo, le hicieron pruebas de ADN. Tengo todos los papeles afuera por si los quieres leer. Es Juan, no hay de otra.

Emiliano sigue observando el cadáver y empuña una mano sonriendo con amargura.

Emiliano: Órale, pues qué decepción. Esperaba algo más, no sé… una experiencia más chingona, con más acción, así como me gusta a mí, pero mira nada más cómo acabó mi pesadilla, la maldita piedra en el zapato de la que me quise deshacer por tantos años

Christian: Lo importante es que ya no va a seguir respirando para estorbarte y yo… (Hace una pausa) Yo te cumplí con mi palabra y lo encontré. Muerto, pero lo encontré.

Emiliano se gira para ver a su sobrino. Christian se ve un poco tenso, aunque intenta mostrarse seguro y, al final, el primero le da una palmada suave en el hombro al segundo.

Emiliano: Pues sí, ¿sabes? Tengo que reconocer que algo hiciste bien esta vez. Nada mal viniendo de ti.

Christian: ¿Y ahora qué? Te recuerdo que me prometiste algo a cambio.

Emiliano: Yo soy un hombre de palabra. Fui yo mismito el que te prometí el cargo de director ejecutivo y te lo voy a cumplir. 

Christian: ¿Cuándo?

Emiliano: No comas ansias. Tengo que convocar una junta extraordinaria primero para nombrarte de forma oficial frente a todos los socios e inversionistas. Dame unos días, ¿quieres? 

Emiliano le sonríe con hipocresía al joven y le da un par de palmadas amistosas en el rostro.

Emiliano: Yo te estoy avisando y bien hecho, eh. Me sorprendiste. 

El hombre sale de la habitación. Christian respira aliviado e intercambia miradas de complicidad con el empleado.

Christian: Muy bien.

El empleado asiente, vuelve a cubrir el cuerpo con la sábana y empuja la bandeja hacia adentro de forma definitiva. 


VILLA ENCANTADA

INT. CASA DE CHELA – NOCHE

Ha caído ya la noche Juan habla por un teléfono inalámbrico en la sala de la casa.

Juan: Oye, pues qué bueno que no pasó a mayores y Martha está mejor. El padre Chuy estuvo rezando mucho por ella. 


CIUDAD DE MÉXICO

INT. HOTEL/HABITACIÓN – NOCHE

Grettel es quien está al otro lado de la línea, hablando por su celular, usando una bata que deja al descubierto la mitad de su busto desnudo. Está de pie y tiembla. El celular está en altavoz.

Grettel: Sí, Juan. No te preocupes. Gracias por estar tan al pendiente de mi mamá. 

Emiliano justo aparece detrás de ella, usando también una bata de baño y sosteniendo un vaso con alcohol en una mano mientras que con la otra sostiene una pistola. El hombre huele a la joven y luego le aparta el cabello a un lado para besarla por el cuello con delicadeza. Grettel intenta guardar la calma.


INTERCUT JUAN/GRETTEL

Juan: Dale muchos saludos de mi parte, eh. Dile que espero verla pronto. 

Grettel: Cuenta con ello. Yo le digo.

Juan: ¿Qué hay de ti? ¿Tú cómo estás?

Grettel: Bien, algo cansada. 

Juan: ¿Segura? 

Grettel: Sí, quédate tranquilo. 

Juan: (extrañado) Es que te oigo como medio cortante, no sé. ¿Estás enojada por lo que hablamos esta mañana?

Grettel: Claro que no. ¿Cómo crees? Me parece que estás algo paranóico. 

Emiliano bebe de su vaso y comienza a pasar la pistola por el pecho descubierto de ella.

Juan: Bueno, pues si tú lo dices. Nada más recuerda que te tengo mucho cariño y no quiero que te sientas mal por lo que pasó entre nosotros. 

Grettel cierra los ojos apenas cuando siente el metal frío deslizarse por su piel y contiene el aire.

Grettel: Lo sé y yo también te tengo mucho cariño..

Emiliano sonríe al escucharla. Apoya el vaso sobre la mesa sin dejar de mirarla.

Juan: ¿Sabes? A veces pienso que deberías venirte para acá, en serio. Villa Encantada no será la gran cosa, pero al menos estarías lejos de ya sabes quién. 

Grettel siente la pistola subir lentamente hasta su clavícula.

Grettel: ¿Qué podría yo hacer allá, Juan? Un pueblo tan pequeño no tiene futuro para mí.

Juan: Es por tu seguridad. Martha puede venir contigo y hasta una renta más barata pueden encontrar aquí. 

Grettel: Estoy bien, Juan. De verdad. Confía en mí.

Juan: Siempre he confiado en ti.

Esa frase la atraviesa y la hace cerrar los ojos con fuerza.

Juan: Bueno, te llamo mañana, ¿sí? Te voy a dejar descansar ya por hoy. Cuídate.

Grettel: Gracias. Tú igual.

Grettel cuelga el celular. Emiliano comienza a aplaudir lentamente.

Emiliano: Qué tiernos, órale (Comienza a imitarla). Ay, sí. “Yo también te tengo mucho cariño”.

Grettel derrama lágrimas que llevaba rato intentando contener.

Grettel: ¿Qué tienes pensado hacer?

Emiliano: Lo estoy pensando, fíjate. Yo sabía perfectamente que ese hijo de puta no estaba muerto. Christian me lo quiso hacer creer y hasta le salió bien el montaje al pendejo ese, solo que no contaba con que tengo un informante vigilando a tu Juanito de La Cruz. ¡Ay hombre!

Emiliano suelta una bocanada de aire.

Emiliano: Por poco sí me creí que el “bueno para nada” estaba de mi parte, que de veras sí quería ser como mi hijo, pero me equivoqué. Resultó ser otro traidor. Todos ustedes no son más que una partida de traidores que se burlaron de mí en mis narices.

Grettel: Te lo pido una vez más, Emiliano. No le hagas daño a Juan, por favor. Tú lo escuchaste hace rato. Él no planea nada contra ti. Es inofensivo. 

Emiliano: Inofensivos mis calzoncillos. ¿Que acaso crees que no sé lo mucho que me debe odiar en estos momentos el bastardo ese?

Emiliano toma de nuevo su vaso y termina de beber todo el licor. 

Emiliano: Mataron a un cuate suyo por mi culpa, eso sin contar que también me odia por lo del viejo metiche ese de su padrino, así que no me quieras convencer de que es una santa paloma el pendejo ese. Pienso actuar con mucha cautela para no cagarla esta vez por impulsivo y tú…

Emiliano se acerca a ella de forma intimidante. Grettel baja la cabeza.

Emiliano: Tú me vas a ser de mucha utilidad.

Grettel: ¿Qué quieres de mí?

Emiliano le quita la bata, la cual se desliza y cae al piso. 

Emiliano: Por ahora, haz lo que tanto sabes hacer y para lo que eres tan buena. 

Emiliano le arrebata el dispositivo.

Emiliano: En cuanto a esto, me lo voy a quedar. No vaya a ser que me juegues chueco otra vez.

Emiliano lanza el celular a la mesa y comienza a besarla de forma grotesca mientras se apodera del busto de ella. Grettel tensa la mandíbula y no tiene más opción que aguantar los besuqueos del hombre con evidente fastidio. 


VILLA ENCANTADA

INT. CASA DE CHELA/HABITACIÓN DE JUAN – NOCHE

Juan se encuentra de pie frente a un espejo colgado en la pared, cortándose de forma improvisada el pelo con unas tijeras. Chuy lo observa desde la cama con inquietud.

Chuy: ¿Crees entonces que de verdad eso vaya a servir de algo?

Juan le responde mientras sigue cortándose varios mechones.

Juan: Había que intentarlo, padre. Christian tenía razón cuando me dijo que debo estar muerto para el mundo o por lo menos para el desgraciado de Emiliano Fonseca. 

Juan se detiene por un instante, apreciando el estilo con el que va quedando. Hay algo en su mirada seria que ha cambiado poco a poco.

Juan: Con que se crea que me morí, va a bajar la guardia y así va a ser más fácil destruirlo.

Chuy: Tú dirás lo que quieras, pero a mí me sigue pareciendo esto muy complicado, además hacer pasar por muerto a alguien no es legal.

Juan: Tranquilo, yo sé. Christian no me va a hacer pasar por muerto.

Juan deja las tijeras sobre la mesa y se pasa la mano por el cabello.

Juan: Nada más se iba a encargar de llevar a Emiliano a que viera un cuerpo que supuestamente es el mío y como se supone que me accidenté en la moto, no va a tener chance de reconocerme por lo de que la cara supuestamente me quedó desfigurada. ¿Lo ve? Está todo planeado.

Chuy suelta una bocanada de aire, poco convencido y lo observa como si estuviera viendo a otro hombre nacer frente a él.

Chuy: Nada más espero que las cosas salgan bien. 

Juan sigue mirándose fijamente en el espejo con esa misma dureza.

Juan: Ya verá que sí. Emiliano Fonseca va a caer. Christian va a ir recolectando pruebas que lo incriminen y muy pronto vamos a ver a ese tipejo tras las rejas pagando por todo.

Juan se gira para encarar al sacerdote.

Juan: Y bien. ¿Qué le parece? No quedé nada mal.

Chuy: Esto no me está gustando nada, Juan y no lo digo por tu cabello. Es solo que te veo tan empeñado con lo mismo y hasta diferente, no sé, como si hubieras perdido esa ternura que tanto te caracterizaba. 

Juan: ¿Y qué esperaba, padre? ¿Que siguiera siendo el mismo después de todo lo que pasé y de que casi muero en manos de ese tipo? 

Chuy: No quiero que te pierdas, muchacho. No te vayas a convertir en alguien que no eres.

Juan: Es un riesgo que tengo que tomar. Yo no voy a tener paz mientras los malos que hicieron tanto daño sigan por ahí afuera. Téngalo muy seguro. Inclusive ya se me está ocurriendo la forma de hacerle pagar a Jorge. Con él la tengo más fácil que con Emiliano.

Chuy: ¿Qué tienes en mente?

Juan: Voy a necesitar que le pongamos una trampa.

Chuy: ¿Qué trampa? No te estoy entendiendo.

Juan: Necesito que lo llame para que le pida volver al orfanato.

Chuy: (desconcertado) ¿Para qué? 

Juan: Usted solo hágame ese favor, padre. Prefiero por ahora no contarle nada porque ya sé que usted no va a estar de acuerdo. 

Chuy: ¡Ay, Juan! (Suspira resignado) 

Juan: ¿Puedo contar con usted o no?

Chuy: Veré qué puedo hacer, aunque no te prometo nada. Jorge es un hombre sumamente orgulloso y conociéndolo como lo conozco, dudo que regrese después de cómo lo corrí.

Juan: Pídale perdón si hace falta, pero necesito que ese pervertido esté justo donde lo necesito para lo que tengo en mente.

Juan dice aquello con firmeza y vuelve a girarse hacia el espejo para terminar de organizarse el pelo que ha quedado mucho más corto. Chuy no hace más que mirarlo con angustia.


INT. CASA DE LOS FONSECA/HABITACIÓN DE CHRISTIAN – NOCHE

Christian entra a su habitación. Fernanda se encuentra allí adentro, observando a través de la ventana. Él, al verla, se disgusta de inmediato.

Fernanda: Por fin llegas.

Christian: (fastidiado) ¿Qué estás haciendo aquí?

Fernanda se voltea, con seriedad.

Fernanda: Me parece que las preguntas debería hacerlas yo. ¿Dónde estabas?

Christian: Nada importante que sea de tu incumbencia. ¿Contenta?

Fernanda: Tan solo me preocupo por ti. Saliste desde esta mañana y mira la hora de volver. 

Christian: Déjate de interrogatorios que ya estoy bien crecidito para que andes controlando hasta mis salidas. Mejor vete que estoy hecho polvo y me quiero dormir.

Fernanda: Nada más vine a recordarte que mañana no puedes fallar. María José debe quedar embarazada como sea. De eso depende el éxito de los planes que tenemos. 

Christian: No puedo obligarla a que se acueste conmigo.

Fernanda: Debes lograrlo. Entiende que esto ni siquiera es por mí, sino por ti. María José no va a ser más que una incubadora. Es más, ni siquiera te tienes que casar con ella. Nada más acepté para que Paula me dejara en paz, pero no creas que pienso permitir que te unas en matrimonio con esa jezabel.

Christian: Entonces estaba en lo cierto. Paula sí te estaba chantajeando.

Fernanda: Me amenazó con divulgar mi pasado y tú sabes perfectamente el rol que represento en la iglesia. Hay muchas personas que me conocen en los ancianatos y orfanatos donde hago caridad. ¿Qué más opción tenía que aceptar esa ridiculez de matrimonio y fingir ponerme de parte de ella?

Christian no le responde y mira a su madre con desprecio.

Fernanda: Yo estoy haciendo tiempo para que esa idiota crea que vamos adelante con el matrimonio. Paula lo único que busca es recuperar el patrimonio de la familia, casando a su ahijada contigo, solo que no se lo pienso permitir. Yo no pienso sacrificarte de esa forma.


CORTE A:

INT. CASA DE LOS FONSECA/HABITACIÓN DE PAULA – NOCHE

Paula se encuentra sentada frente a una laptop, escuchando toda la conversación, pues al parecer tiene un micrófono oculto en la habitación. 

Fernanda: (off screen) Voy a deshacerme de ella pronto, pero antes necesito que embaraces a esa muchacha. Una vez que me deshaga de Paula, María José se va a quedar completamente sola y va a ser más sencillo quitarle al bebé en cuando nazca. 

Paula enarca una ceja, con suma seriedad.


CORTE A:

INT. CASA DE LOS FONSECA/HABITACIÓN DE CHRISTIAN – NOCHE

Fernanda: Por si sufres problemas de impotencia, ya te di la vez pasada un medicamento para que logres mantener una erección. ¿Te acuerdas?

Christian: Cállate, no lo necesito.

Fernanda: Es un consejo. No olvides que esto lo estamos haciendo para que tengas el lugar que te robaron, no solo Emiliano. Paula también desde el momento en que mató a tu papá provocando ese maldito accidente.

Christian le da la espalda, sin replicar nada.

Fernanda: Espero que no falles. 

Fernanda sale de la habitación y cierra la puerta tras sí. Christian, a solas, se pone las manos en la cintura, respirando agitado.


INT. CASA DE LOS FONSECA/HABITACIÓN DE PAULA – NOCHE

Paula, por su parte, cierra la laptop con suavidad mientras dibuja una sonrisa de amargura en el rostro.

Paula: Ay, Fer, cuñada. Por lo visto resultaste ser más zorra de lo que me imaginé. Típico de rezanderas, pero ya veremos, querida. Vamos a ver quién le da la puñalada por la espalda a quién.

Paula desdibuja su sonrisa y se queda pensativa, aún enarcando la ceja.


VILLA ENCANTADA


INT. CASA DE CHELA – DÍA

Ha amanecido. Chuy termina de tomarse un café, sentado en uno de los sofás de la sala. Chela se encuentra lavando los platos.

Chela: ¿Quiere que le sirva tantito más de café, padre?

Chuy: Gracias, Chela. Creo que con este me basta. Espero y se me quite el sueño porque dormí de más, con decirle que todavía me siento cansado.

Chela: (sonriendo) Puede echarse otra siesta más tarde si gusta. Usted ya sabe que está en su casa y puede ponerse cómodo.

Chuy: Tal vez al rato. Últimamente me estoy sintiendo más cansado de lo normal, como si no tuviera energías. Está bien extraño en mí que siempre he gozado de buena salud. 

Chela: Pueden ser las preocupaciones. Yo lo entiendo porque me he sentido igual.

Chuy: Puede ser que sí. Juan salió temprano supongo porque ni lo oí.

Chela: Sí y fíjese que ni desayunó. Me dijo que prefería ir a hacer ejercicio en ayunas.

Chuy: Ay, este muchacho. Un día cualquiera siento que me va a terminar matando de la angustia. Es que no sé ni qué hacer con él.

Chela: Estamos en las mismas, padre. Christian ni siquiera se quedó a platicar conmigo ayer, aunque todavía ha de estar resentido conmigo por haberle ocultado la verdad de que soy abuela.

Chuy: Dele tiempo. Por lo que alcancé a ver, es un poco más reservado. De seguro cuando todo esto termine, van a poder platicar con más calma.

De repente, el celular del sacerdote vibra sobre la mesa, indicando una llamada entrante. Chuy deja el café a un lado y se apresura a contestar.

Chuy: ¿Bueno? (Pausa) ¿Qué pasa, hermana? La oigo un poco exaltada (Desencaja el rostro) Debe ser un error. Todos nuestros documentos están en regla. ¿Está usted segura? (Pausa) Bendito Dios. Dígale que me espere. Yo ya salgo para allá. Estoy fuera de la ciudad, pero estimo llegar en unas dos horas a más tardar (Pausa). Sí, está bien. 

Chuy cuelga el celular y se pone de pie. Chela percibe que algo ocurre y cierra el grifo mientras seca sus manos en el delantal.

Chela: ¿Todo bien, padre?

Chuy: Quisiera, pero no. Tal parece que llegó un abogado al orfanato con una orden de desalojo

Chela: (sorprendida) ¿Desalojo? ¿Pero cómo? ¿Por qué?

Chuy: No lo sé. Debe ser una equivocación. Los documentos, las escrituras, todo está en orden. Ese terreno me lo heredó mi familia hace años y está perfectamente registrado.

Chela: Entonces sí debe ser alguna equivocación. Qué raro.

Chuy: Tengo que regresar de inmediato. Yo soy el único que se puede hacer cargo y no puedo dejar eso así.

Chela: Sí, es mejor. No vaya a ser que quieran aprovecharse o sea una estafa.

Chuy: Lo que me preocupa es dejar solo a Juan. No me parece conveniente, menos ahora.

Chela: No se angustie por eso. Mejor váyase tranquilo y arregle ese asunto. Yo me quedo pendiente de él. Juan va a entender. Es más, estoy segura de que él mismito le pediría que se regresara.

Chuy la mira, agradecido pero aún inquieto.

Chuy: Necesito que esté al pendiente de él, Chela. De verdad. Si nota algo raro, cualquier cosa, me llama de inmediato. Voy a dejarle mi número.

Chela: Claro que sí. Cuente con ello.

Chuy: Prometo que en cuanto arregle eso vuelvo. No voy a tardar más de lo necesario. De paso así aprovecho y dejo las cenizas de Benjamín en el panteón.

Chela: Pierda cuidado, padre.

Chuy: Voy a ir a preparar mi maleta rápido.

Chuy camina hacia la habitación y desaparece por el pasillo. Chela suelta un suspiro, preocupada.


CIUDAD DE MÉXICO

INT. CASA DE LOS FONSECA/HABITACIÓN DE CHRISTIAN – DÍA

Christian recién sale de la ducha, usando una bata de baño mientras se seca el cabello con una toalla. Fija los ojos sobre el frasco de viagra que su madre le había dado, colocado sobre el buró y, de repente, recibe una llamada a su celular.

Christian: ¿Bueno? (Pausa) Ah, eres tú. ¿Qué pasó? ¿Por qué me llamas de otro número? (Pausa) ¿Esta noche? Tengo un compromiso. ¿Por qué? (Pausa, extrañado) Voy a estar ocupado, ya te dije (Hace una pausa un poco más larga y se sorprende). ¿Estás segura? (Pausa) Bueno, podríamos revisar. Veámonos entonces esta noche, aunque no me puedo demorar. Te voy a mandar la ubicación. ¿Te parece como a eso de las siete? (Pausa) Está bien.

Christian cuelga el celular y se queda pensativo mientras golpea con suavidad el celular en la palma de la mano.


INT. ORFANATO “NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE”/OFICINA DEL PADRE CHUY – DÍA

Es tarde. Chuy está sentado en la silla principal, delante de su escritorio. Ha terminado de leer un documento que lo ha indispuesto por completo. Un abogado se encuentra sentado en frente.

Chuy: Esto es una arbitrariedad sin sentido, señor.

Chuy coloca el documento con fuerza sobre el escritorio.

Chuy: Yo tengo las escrituras del terreno. Está legalmente registrado a mi nombre y no me pueden desalojar así como si nada.

Abogado: Entiendo cómo se siente, padre. Créame que sí, pero la alcaldía, en conjunto con la constructora que represento, tiene un proyecto aprobado para construir un centro comercial en esta zona.

Chuy: ¿Un proyecto aprobado? ¿Y de cuándo acá aprueban cosas sin contar con la autorización de los residentes, en este caso yo?

Abogado: Se les está ofreciendo un plazo de un mes para desocupar y una compensación económica superior al valor actual del terreno. Es una muy buena oferta.

Chuy: Esto no se trata solo de dinero, licenciado. Aquí viven niños, seminaristas, algunas monjas. Este lugar no es una propiedad cualquiera. Es su hogar.

Abogado: Precisamente por eso se les da tiempo razonable. Nadie quiere afectar a nadie.

Chuy golpea suavemente el escritorio con la palma.

Chuy: Pues no nos iremos y si es preciso, voy a llevar esto a los juzgados. Yo también voy a contratar a un abogado. No crea que pienso aceptar este atropello. No nos van a correr de aquí. 

El abogado asiente con diplomacia.

Abogado: Entonces así será, padre (Cierra su portafolio). Nos veremos otra vez ya que usted lo quiso así (Se pone de pie). Si cambia de opinión, llámeme (Pone una tarjeta de presentación en el escritorio). Es mejor que lo piense con calma para que tome la mejor decisión.

Chuy: No tengo nada que pensar.

Abogado: Que tenga un buen día.

El abogado se retira de la oficina. Chuy respira con dificultad y se lleva la mano al pecho, como si le doliera. Incluso las manos le tiemblan al mirar la orden de desalojo.

Chuy: Dios mío. ¿Qué clase de injusticia es esta? ¿Cómo deciden por otros de esta forma? ¿De dónde voy a sacar para un abogado?

María José toca un par de veces la puerta entreabierta y se asoma con prudencia.

María José: ¿Padre?

Chuy: (sorprendiéndose al verla) María José, muchacha.

María José: ¿Se encuentra bien? Lo veo un poco pálido.

Chuy: Eh, sí, no te preocupes. Estaba terminando de atender un asunto. Pásale, por favor. ¿Cómo estás?

María José: (entrando) Bien, se podría decir. ¿Qué ha habido de Juan? ¿Él todavía no se ha comunicado con usted?

Chuy: Debería decirte que no, pero se me hace imposible mentirte cuando sé que estás tan preocupada por él.

María José: (esperanzada) Entonces ¿sí tiene noticias?

Chuy: (asintiendo) Sí. De hecho estuve viajando estos días para ir a verlo y recién regresé. 

María José: Ay, no se imagina la alegría que me da escuchar eso. ¿Cómo está? ¿Dónde se está escondiendo?

Chuy: Juan me pidió que no te involucrara, así que no puedo decirte dónde está. Espero que lo comprendas.

María José esboza su sonrisa. 

Chuy: Lo que sí te puedo asegurar es que se encuentra bien y fuera de peligro.

María José: Supongo que desconfía de mí por la cercanía que tengo con los Fonseca.

Chuy: Claro que no, hija. Juan jamás podría pensar mal de ti. Él ahorita tiene tantas cosas en la cabeza que prefiere alejarse mientras pone en orden sus ideas. Pasó por mucho. No lo tomes a mal.

María José: Me gustaría mucho verlo…

Chuy: Por ahora es mejor que no. Dale tiempo. Vas a ver que luego van a tener una chance para platicar con calma. 

María José asiente despacio con la cabeza, aunque mantiene aquella sonrisa medio desdibujada. 


EXT. ORFANATO “NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE” – DÍA

Mientras tanto, el abogado de hace un rato se dirige a su auto mientras saca su celular para hacer una llamada. Espera un momento a espera de que le contesten y habla.

Abogado: El cura no tomó bien la noticia, señor. Dice que piensa pelear el caso en tribunales.


CORTE A:

INT. CORPORATIVO FONSECA/OFICINA PRESIDENCIAL – DÍA

Emiliano está al otro lado de la línea con el celular en altavoz puesto sobre el escritorio. Fuma un puro como de costumbre. Jorge está sentado frente a él, vestido de sotana.

Emiliano: No hay problema. Ya veremos qué tanto se resiste el viejo cura ese. Bien hecho. Luego te llamo (Cuelga el celular). ¿Escuchó, padre? Es una pena que el padrecito no haya aceptado la ofertaza desde el principio. Seguro tanta rezandera le fundió las neuronas.

Jorge: Me lo esperaba, pero no se perdía nada con intentar.

Emiliano: ¿Qué hay de usted? ¿Está seguro de que esto es lo que quiere?

Jorge: Totalmente, don Emiliano. Ya que el orfanato no pudo ser mío por las buenas, espero que lo sea por las malas. 

Emiliano: Debo admitir que me sorprende. Cualquiera en su lugar habría pedido una buena tajada de lana cuando vino a contarme dónde estaba el bastardo escondiéndose. Es que no sé todavía ni cómo le hizo.

Jorge: Fue fácil seguir al padre Jesús. En cuanto al dinero, no le voy a negar que me gusta, pero tiene un problema. Es efímero y se acaba cuando menos se espera.

Jorge se recuesta en la silla mientras cruza las piernas de forma afeminada. Emiliano lo mira con suspicacia, disfrutando de su puro.

Jorge: Yo, en cambio, prefiero el poder y que los que me humillaron, paguen. No es venganza. Es un castigo justo… (Hace una pausa) Y divino. 

Emiliano suelta una carcajada leve, expulsando humo.

Emiliano: Órale, pues yo no soy nada religioso, pero usted me cae bien. Es el único sacerdote que he conocido con el que me he podido entender, fíjese. Yo creo que mi mujer estaría encantada de conocerlo. Ella es bien rezandera. 

Jorge: Para mí sería un honor. Desde ya puede contar con mi fidelidad absoluta, don Emiliano.

Emiliano le sonríe como concordando. Jorge no le es indiferente y corresponde a esa misma sonrisa de complicidad.


INT. HOTEL/HABITACIÓN – NOCHE

Ha anochecido. Christian se encuentra dentro de la suite del hotel, algo ansioso, por lo que decide servirse un poco de vino para relajarse. De repente, escucha que llaman al citófono y se apresura a contestar.

Christian: ¿Bueno? (Pausa) Sí, dígale que suba.

Christian cuelga y decide servirse otra copa de vino mientras observa el panorama nocturno de la ciudad.


CORTE A:

INT. HOTEL/ASCENSOR – NOCHE


Minutos después, una mujer en tacones rojos se baja del ascensor, el cual emite un sonido al llegar al piso de la suite. Camina con elegancia, aunque solo pueden verse sus piernas. Toca la puerta un par de veces. Christian no tarda en abrir, aunque desencaja el rostro al ver a la misteriosa recién llegada.

Christian: ¿Tú qué estás haciendo aquí?


INT. HOTEL/RESTAURANTE – NOCHE

María José no está lejos de allí y, de hecho, se encuentra sentada en una de las mesas del elegante restaurante de aquel hotel de lujo, iluminado con luz cálida. Mira hacia la entrada y luego checa la hora en su reloj de muñeca.

María José: Debió haber llegado hace cinco minutos (Suelta una bocanada de aire). Dios, es que no sé ni qué estoy haciendo. Pretendo casarme con un tipo que ni conozco por el bien de mi madrina que tanto me sigue engañando, un tipo que para colmo es idéntico a Juan…

La joven toma aire y solo se le ocurre agarrar una uva de un plato colocado en el centro de la mesa.

María José: Gael es la única esperanza que tengo para saber qué más me oculta mi madrina. Mientras, debo seguir con esta farsa. No tengo opción.

María José se lleva a la boca la uva que tomó y mastica con lentitud, aunque su mirada refleja duda y ansiedad.


INT. HOTEL/ASCENSOR – HORAS DESPUÉS

Juan se baja del ascensor en el piso principal donde se ubica la suite, se acerca a la puerta y se detiene con extrañeza al verla entreabierta, por lo que toca.

Juan: ¿Christian?

Hay silencio absoluto y la puerta se abre por efecto de los toques. Juan duda en pasar, aunque lo hace con cautela.

Juan: Christian, soy yo. 

Es así como, sin esperarlo, recibe un golpe seco fuertemente en la cabeza, propinado con una botella por una figura femenina. Juan cae al suelo, aturdido. Toda la imagen a su alrededor se desenfoca hasta que recibe un segundo golpe seco que lo hace perder el conocimiento. Pronto, la imagen vuelve a aclararse. Juan comienza a despertar, mareado, en el piso y todo le da vueltas. Escucha en eco cómo tocan la puerta.

Policía: (desde afuera) ¡Somos de la policía! ¡Abran la puerta inmediatamente!

Juan parece recobrar por un momento la consciencia, se pone de pie con dificultad y suda sin entender qué ocurre, incluso suelta un cuchillo ensangrentado.

Juan: ¿Qué me pasó?

Es cuando posa su mirada en el piso y se impacta en gran manera al ver a su hermano gemelo, desangrándose, luego de haber recibido varias puñaladas en el cuello.

Juan: ¡¡Christian!!

Juan corre hacia él y lo sostiene en su regazo.

Juan: Christian, dime algo.

Christian escupe sangre por la boca y trata de pronunciar algunas palabras inteligibles.

Juan: ¿Qué te pasó? ¿Quién te hizo esto?

Christian no logra hablar. Juan se desespera.

Juan: Dios mío, ¿qué hago? 

Policía: (desde afuera) ¡Abran, por favor o vamos a entrar a la fuerza!

Juan fija la mirada a la puerta y por impulso parece que va a abrir por ayuda. Christian lo agarra de la mano, deteniéndolo. 

Christian: (en un hilo de voz) Vete…

Juan se desconcierta, temblando, con los ojos desorbitados. 

Christian: Es una trampa. Te van a culpar a ti.

Juan se ve entre la espalda y la pared, con la adrenalina estallando en sus venas. Ve con impotencia cómo la vida de su hermano se apaga al tiempo que los policías insisten en tocar.

Christian: Ella me obligó a llamarte para que vinieras. Era una trampa.

Juan: ¿De qué estás hablando? 

Christian: Tienes que irte.

Christian sigue escupiendo sangre. Juan solo intenta detener el sangrado torpemente con las manos, desesperado.

Juan: (gritando) ¡¡Ayuda!! ¡¡Ayúdenme, por favor!!

Christian: (ronco, ahogado) Juan…

Juan: Debes aguantar, bro. 

Christian: Escúchame…

Christian lo agarra de una mano con fuerza. Juan incluso tiembla.

Christian: No dejes que esto se quede así. Es lo que ellos quieren.

Juan niega con la cabeza, preso de los nervios.

Christian: Yo ya no voy a poder. 

Juan: No hables. Guarda fuerza. 

Christian: Escúchame bien. Tienes que vivir, cabrón… 

Juan sigue negando, a punto de romper en llanto.

Christian: Tienes que vivir por los dos.

Juan: Cállate, eso no va a ser así. Tú no te vas a morir. 

Christian: Termina con lo que no pude. 

Christian, casi sin fuerzas, saca su billetera de su bolsillo y se la da.

Juan: ¿Qué haces?

Christian: Yo te dije que tenías que morir y esta noche así va a ser. Yo me voy a morir en tu lugar.

Juan rompe a llorar, desesperado. 

Christian: Esto lo tienes que seguir tú solo. 

Juan: No me hagas esto. No te vayas tú también, bro. No puedo perder a alguien más, por favor.

Christian sonríe apenas; una sonrisa débil y sincera.

Christian: Me pesa no haberte conocido más, pero me gustó… Me gustó saber que tenía un hermano.

Una lágrima se desliza por su sien. 

Juan: Dime quién te hizo esto. Fue Emiliano, ¿no? Fue ese maldito.

Christian intenta hablar, pero ya no le quedan ánimos, su mano pierde fuerza y exhala. Ha muerto con los ojos abiertos.

Juan: Christian… Christian, no me dejes, bro. Quédate aquí conmigo. 

Juan lo mueve, pero es inútil. 

Juan: (gritando desgarrado) ¡¡Christian!! ¡¡Christian!!

De repente, los policías tumban la puerta e irrumpen en la habitación con armas en las manos, encontrándose en primer plano con Juan, cubierto de sangre, sosteniendo el cuerpo sin vida de su hermano.

Policía 1: ¡Al suelo!

Juan: Ayúdenme, por favor. Llamen una ambulancia. Mi hermano se está muriendo.

Policía 1: ¡Al suelo dije!

Dos policías se acercan con violencia para someter al joven y agarrarlo para inmovilizarlo.

Juan: ¡No lo dejen morir! ¡Por favor! ¡Hagan algo!

Juan es esposado. Uno de los policías saca su radio de comunicación.

Policía 1: Central, reportamos posible homicidio en la suite del hotel Grand Luxor. Herido grave. Necesitamos ambulancia y apoyo inmediato. ¡Repito! ¡Una ambulancia y apoyo inmediato!

Juan sigue siendo llevado a la fuerza y mira cómo uno de los policías se agacha para tomar el pulso de su hermano para luego negar con la cabeza, indicando que no hay nada por hacer. 

Juan: ¡¡Christian!! 

Juan grita en eco, mirando hacia atrás aquella lamentable escena. 


INT. CASA DE LOS FONSECA/HABITACIÓN DE FERNANDA – NOCHE

Fernanda se está azotando violentamente con el torso descubierto, arrodillada frente a su cruz.

Fernanda: (llorando desesperada) Dios mío, perdóname. ¡Perdóname! Yo no quería, pero no tuve más opción. ¡Perdóname!

Fernanda llora desgarrada no solo de dolor físico, sino emocional.


CORTE A:

INT. CASA DE LAS GÓMEZ – NOCHE

Grettel, por su parte, se acaba de encerrar en su habitación y se desliza en la puerta, llorando mientras se cubre la boca con las manos para no ser oída.

Grettel: Yo no estuve ahí, no estuve… Nadie lo puede saber.


CORTE A:

INT. MOTEL/HABITACIÓN – NOCHE

Jorge, entretanto, se lava las manos en el baño de lo que parece ser una modesta habitación de un motel. Tan solo pueden verse sus manos y luego se echa agua en el rostro, el cual tiene un estrambótico maquillaje estampado. Frota con fuerza, intentando retirar dicho maquillaje. Luego, mira con oscuridad su propio reflejo en el espejo. 

Jorge: Espero que estés orgullosa de mí, mamá. 

CONTINUARÁ…


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Capítulo 32: Ludus incipit

Capítulo 22: Crimen sine nomine

Capítulo 20: Via crucis