Capítulo 26: Initium fallaciae
INT. ORFANATO “NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE”/COMEDOR – NOCHE
Chuy se encuentra terminando de servirles la cena a los niños con ayuda de otros seminaristas. Hay niños de diferentes edades, los cuales hablan y forman bullicio de fondo.
Chuy: Quiero que se coman todo, eh. No vayan a dejar sobras.
Un niño hace una mueca al ver su plato. Chuy va pasando y le revuelve el pelo con cariño.
Chuy: Y nada de caras largas, eh. La sopa está muy buena.
Miguelito jala al sacerdote de su sotana.
Miguelito: Padrecito Chuy…
Chuy: ¿Sí, hijo?
Miguelito: ¿Cuándo va a volver Juan?
Chuy esboza su sonrisa y se queda quieto por un segundo, pensando en qué responder.
Chuy: Va a tardar un poco, Miguelito. Está terminando de hacer unas cosas importantes.
Miguelito: (curioso) ¿Como qué?
Chuy le da una palmada cariñosa en el hombro.
Chuy: Cosas de adultos.
Miguelito baja la mirada con tristeza.
Miguelito: Lo extraño mucho. Juan es mi mejor amigo aquí. Lo echo mucho de menos.
Chuy: Créeme que yo también lo extraño mucho, pero ¿sabes cómo lo podemos ayudar?
Chuy se inclina para ponerse a la altura del niño.
Chuy: Rezando. Reza mucho por él antes de dormir para que esas cosas que anda haciendo le salgan bien.
Miguelito: Está bien. Eso voy a hacer.
Chuy: Disfruta tu comida.
Miguelito continúa comiendo. Chuy se incorpora y, de repente, recibe una llamada a su celular, por lo que se aleja un poco del comedor para contestar.
Chuy: ¿Sí, bueno?
VILLA ENCANTADA
INT. CASA DE CHELA – NOCHE
Chela se encuentra al otro lado de la línea, sosteniendo su teléfono inalámbrico con preocupación.
Chela: Soy yo, padre. Disculpe que lo moleste a esta hora.
Chuy: No se preocupe, Chela. Todavía es temprano y estaba sirviéndoles la cena a los niños. ¿Pasa algo?
Chela: Yo sé que ahorita usted tiene allá la bronca del orfanato con todo lo del desalojo, pero como me dijo que lo llamara, pues…
Chuy: (extrañado) ¿Qué ocurre?
Chela: Es Juan. Salió hace rato y todavía no regresa.
Chuy: ¿Cómo que salió? ¿A dónde?
Chela: Eso mismito es lo que yo quisiera saber. Recibió una llamada y salió bien apurado. Ni siquiera me explicó nada.
Chuy: ¿Y tampoco sabe quién lo llamó?
Chela: Me temo que no. No alcancé a escuchar. Cuando quise preguntarle, ya iba saliendo. Me pidió un poco de dinero para el camión y se fue casi que volando.
Chuy mira hacia los niños del comedor, pensativo y preocupado.
INT. HOTEL/RESTAURANTE – NOCHE
María José se ve ansiosa e impaciente. Mira su reloj de muñeca y niega con la cabeza, notablemente irritada.
María José: Esto es el colmo. Llevo esperando más de dos horas y por lo visto me dejó plantada el idiota ese. Christian es un completo imbécil, un patán. Qué diferente es de Juan… (Suspira con fastidio) Pero tampoco pienso aguantarle sus desplantes. ¿Quién se cree?
Es así como la joven toma su bolso, se levanta y comienza a caminar hacia la salida del restaurante. Nota un alboroto cerca del lobby. Varias personas están reunidas, murmurando con evidente curiosidad, y algunos huéspedes se acercan intentando ver qué ocurre.
María José: (susurrando) ¿Qué está pasando aquí?
Dos mujeres conversan en voz baja. María José alcanza a escucharlas por la cercanía.
Mujer 1: Dicen que mataron a un hombre en la suite presidencial.
Mujer 2: (sorprendida) Ay, no manches. ¿Estás segura?
Mujer 1: Mi marido escuchó a los policías cuando llegaron a la recepción para decir que les habían reportado un asesinato.
María José frunce el ceño, intrigada.
Mujer 1: Mira, yo creo que ahí traen al supuesto asesino.
María José voltea a ver, ajena a todo lo que ocurre y se pone ojiplática cuando ve a dos policías que traen a Juan, esposado, cubierto de sangre. Ella se ve sacudida por la imagen. Todos los murmullos de la gente llenan la escena e incluso algunas personas graban con sus celulares.
María José: (susurrando confundida) ¿Christian?
María José se abre paso entre la gente y se acerca.
María José: (gritando) ¡¡Christian!!
Juan alcanza a oír su voz y voltea la cabeza.
Juan: (exaltado) ¡María José!
Juan es llevado forzosamente hacia la salida, aunque intenta zafarse de los policías.
Juan: ¡María José, yo no lo hice!
María José se queda paralizada y lo mira desconcertada, sin entender nada.
Juan: ¡Te juro que yo no lo hice!
Los policías lo empujan y lo siguen llevando a la fuerza hasta la salida.
Policía 1: (molesto) ¡Camine!
Juan: (desesperado) ¡Tienes que creerme! ¡Yo no lo maté! ¡Yo no lo hice! ¡Te lo juro!
Juan es sacado del hotel y los policías lo meten a la patrulla. María José niega con la cabeza, evidentemente contrariada. Nota que las miradas de la gente se posan en ella.
María José: (susurrando) Algo anda mal…
María José camina en dirección al ascensor en medio de los ojos acusadores de los residentes.
INT. HOTEL/HABITACIÓN – NOCHE
Entretanto, hay varios policías que ya han acordonado el área con cinta amarilla. Gael se encuentra allí presente. Parece que acaba de llegar y uno de los agentes le da un reporte.
Policía 1: Encontramos el arma cerca de la cama, detective. Es un cuchillo de cocina. El personal forense ya debe venir en camino para levantarlo.
Gael observa la escena con el ceño fruncido. Su mirada se posa en el cuerpo tendido en el suelo.
Gael: ¿Hay testigos de lo que pasó?
Policía 1: Por desgracia, no. Recibimos una llamada anónima informando de lo que pasó y nos dio la dirección.
Gael: (pensativo) Con que una llamada anónima… Muy bien. Quiero que me consigan una copia de las cámaras de seguridad del pasillo, de la entrada del hotel, del ascensor y de la recepción también. ¿Entendido?
Policía: Sí, señor.
Gael: Ah, e investiguen la ubicación de la llamada anónima. Quiero saber desde dónde la hicieron.
Policía: Claro que sí. Esta es la billetera del presunto asesino, por cierto.
Gael recibe la billetera y justo cuando la abre, oye un alboroto. María José ha llegado a la habitación, pero es inmediatamente detenida por los policías que le impiden el paso. Gael nota el alboroto de la joven.
María José: (exaltada) ¡Déjenme entrar, por favor!
Policía: Lo sentimos, pero solo puede entrar personal autorizado.
María José: Tengo que ver qué fue lo que pasó. Yo conozco al hombre que arrestaron.
Gael reconoce a la joven y de inmediato se acerca a ella.
Gael: ¿María José?
María José: (sorprendida) Detective Luján.
Gael: (a los policías) Déjenla.
Los policías se apartan. Gael se queda parado en el umbral de la puerta.
Gael: ¿Qué está haciendo usted aquí?
María José: Tenía un compromiso con Christian Fonseca. Íbamos a cenar juntos y justo me lo encontré abajo, esposado.
Gael: (sorprendido) ¿Christian Fonseca dijo?
María José: Sí, el hijo de Emiliano Fonseca.
Gael mira la billetera que le acaban de entregar, evidentemente impresionado.
María José: Oí que mató a alguien y no entiendo nada. Todo el mundo andaba comentando lo mismo. ¿Qué fue lo que pasó pasó?
Gael se queda pensativo y resopla. María José se pone aun más ansiosa.
María José: Respóndame algo, por favor. Tengo un muy mal presentimiento con todo esto y me ponen muy nerviosa este tipo de situaciones.
Gael: En efecto hubo un asesinato. Por ahora, Christian Fonseca es el principal sospechoso. Lo encontraron al lado del cuerpo y lo pusieron bajo arresto preventivo.
María José: (desconcertada) Debe haber un error. Eso es imposible.
Gael: Es lo que necesitamos investigar.
María José: ¿Quién es la víctima?
Gael: Todavía no confirmamos la identidad oficialmente, pero sabemos que es el hermano gemelo del sospechoso.
María José abre los ojos con incredulidad y balbucea.
María José: ¿Her… hermano gemelo?
Gael: Eso parece. Son idénticos por lo que me reportaron.
María José siente un enorme vacío y se abre paso para entrar a la habitación.
Gael: ¡María José, espere!
Pero es tarde. María José ya ha entrado y ve atónita el cuerpo sin vida de Christian, ensangrentado, sobre el suelo. Niega con la cabeza, con el rostro completamente desencajado.
María José: (en un hilo de voz) No puede ser…
Tiembla y un amargo nudo se le forma en la garganta. Gael permanece detrás de ella.
María José: Tiene que ser mentira. Imposible…
María José da un par de pasos hacia adelante con lentitud.
María José: ¿Juan?
Gael: ¿También lo conocía?
Ella se siente incapaz de responder. Pronto, sus ojos se llenan de lágrimas y se cubre la boca con su mano.
María José: Dios mío, no…
De repente, las piernas le fallan de la impresión. Gael la sostiene.
Gael: (alertado) ¡Cuidado!
María José comienza a hiperventilarse y rompe a llorar, desesperada, aferrándose a él.
María José: Dígame que no es él. ¡Dígame que no es él, por favor! (Llora desgarrada) ¡Juan no puede estar muerto! ¡Dígame que no!
María José llora desconsolada. Gael la sostiene, sin terminar de comprender.
María José: ¡¡Juan!! ¡¡Juan!!
María José continúa llorando, llena de pena. Para ella, el rostro que ve, por cuenta de toda la confusión, no es el de Christian, sino el de Juan. Gael permanece detrás de ella, abrazándola.
INT. CASA DE LOS FONSECA/HABITACIÓN DE EMILIANO – NOCHE
Emiliano acaba de darse una ducha. Viste una bata de baño y se seca el cabello con una toalla pequeña. Luego, se la quita y limpia el vapor del espejo, pero, en cuanto lo hace, da un paso hacia atrás, aterrado, al ver el reflejo de su padre detrás de él.
Ricardo: ¿Cómo puedes vivir tan tranquilo, Emiliano?
Emiliano se voltea, pero no ve a nadie. Ricardo habla con una voz de ultratumba que resuena en el baño.
Ricardo: ¿Cómo tienes la conciencia tan tranquila después de todos los muertos que te cargas encima?
Emiliano se sobresalta y mira para todas las direcciones. Todo el ambiente de la habitación se pone tenso y una ráfaga de viento sopla fuerte.
Emiliano: Imposible…
Ricardo: Tantos muertos y entre ellos yo.
Emiliano: Tú estás muerto, no eres real.
Ricardo: Exacto. Estoy muerto porque tú te encargaste de que así fuera. Me mataste.
Emiliano: ¡Mentira! ¡Todo es mentira! Tú ni siquiera existes (Continúa volteando a todas partes) Estoy alucinando, es eso. Tú estás muerto y enterrado, viejo asqueroso. ¡Muerto y enterrado!
Ricardo: ¿Qué hay de ti? Tú no eres más que un asesino, un maldito asesino, un resentido que nunca tuvo ni tendrá nada en realidad.
Emiliano: (gritando) ¡¡Cállate!!
Ricardo: Caíste bajo desde el primer momento en que me dejaste morir, a mí, a tu propio padre y eso lo vas a pagar.
Emiliano: Tú no eres mi padre y jamás lo fuiste, pinche viejo. Me lo dejaste clarito Me recriminaste en mi propia cara que no era tu hijo, que era adoptado. ¿Qué vienes a reclamar ahora, chingada madre? (Furioso)
Ricardo: Por lo mismo es que nunca fuiste ni serás digno de todo lo que te robaste. Tu conciencia te va a cobrar cada uno de tus pecados… hijo…
Emiliano: ¡Que te calles, viejo de mierda! ¡A mí no me vas a desestabilizar! ¿Sí oyes? ¡No me vas a volver loco! ¡Yo gané y tú perdiste! ¡Gabriel perdió! ¡No hay quien pueda conmigo! ¿Sí captas? ¡No ha nacido el que pueda conmigo!
La risa espectral de Ricardo resuena por toda la habitación. Es una risa fría, burlona, casi demoníaca. Emiliano comienza a desesperarse.
Emiliano: ¡Deja de burlarte, malnacido!
Pero la risa continúa incluso más fuerte. De reojo, alcanza a ver de nuevo en el espejo el reflejo del difunto, el cual se ríe de él a carcajadas. Emiliano pierde el control, levanta el puño y quiebra de forma brutal el espejo. El cristal se rompe en pedazos y su mano comienza a sangrar.
Paula: ¿Emiliano, qué demonios te pasa?
De repente, las risas terminan de forma abrupta. Paula se encuentra allí, mirando desconcertada a su hermano. Emiliano la ve, pálido, respirando agitado.
Emiliano: Eras tú, ¿no?
Paula: ¿De qué hablas?
Emiliano la agarra con violencia del brazo.
Emiliano: Eras tú la que se estaba burlando de mí hace rato, intentando volverme loco, diciéndome todas esas mamadas.
Paula: ¡Me lastimas!
Emiliano: ¡Confiesa!
Paula: (soltándose) No tengo la menor idea de qué me estás hablando. Yo estaba a punto de irme a dormir cuando escuché tus gritos y vine a ver qué ocurría.
Emiliano se pasa la mano por el rostro, con frustración. Paula nota que sangra de forma abundante.
Paula: ¡Dios mío! ¡Mírate, estás sangrando!
Paula intenta acercarse, pero él se aleja con brusquedad.
Emiliano: No es nada.
Paula: ¿Cómo que no es nada? Estás sangrando mucho y, aparte, estás pálido, como… (Hace una pausa con cierta malicia) Como si hubieras visto un fantasma.
Emiliano la fulmina con los ojos al escuchar el comentario.
Emiliano: Déjame en paz y ya salte.
Paula: No creo que sea buena idea. No te ves bien. Déjate al menos traerte un poco de agua y algo para vendar esa mano o se te puede infectar.
Emiliano no responde e intenta recomponerse. Paula se dirige hacia la puerta, aunque antes de salir, se detiene un segundo y una sonrisa maliciosa se dibuja en su rostro.
INT. ESTACIÓN DE POLICÍA/CUARTO DE INTERROGATORIO – NOCHE
Juan se encuentra sentado frente a la mesa metálica del cuarto de interrogatorio. Tiene las esposadas y mira el reloj colgado en la pared, el cual marca ya poco más de la medianoche. Cierra los ojos con fuerza y, de repente, tiene un recuerdo.
FLASHBACK
Christian: Ella me obligó a llamarte para que vinieras. Era una trampa.
Juan: ¿De qué estás hablando?
Christian: Tienes que irte.
Christian sigue escupiendo sangre. Juan solo intenta detener el sangrado torpemente con las manos, desesperado.
FIN DEL FLASHBACK
Juan suelta un suspiro, exhausto, con un nudo en la garganta. Es súbitamente interrumpido por la puerta que se abre. Gael entra con una carpeta en la mano.
Gael: Christian Fonseca Rivas, ¿no?
Juan levanta la mirada, sin responder.
Gael: Yo soy el detective Gael Luján, del departamento de crímenes violentos. Me gustaría informarle que todo lo que diga en esta sala está siendo grabado y puede ser usado en su contra, por lo que tiene derecho a guardar silencio y a solicitar un abogado, así que no tiene que responder ninguna pregunta hasta que su abogado esté presente.
Juan baja la mirada, con las manos entrecruzadas sobre la mesa.
Juan: No tengo abogado.
Gael: Entonces el estado le va a asignar uno de oficio. Como esta es una entrevista preliminar y dadas las circunstancias especiales del caso por ser usted el presunto hermano gemelo de la víctima, debo confirmar su identidad.
Gael lanza la carpeta sobre la mesa.
Gael: Encontramos una identificación, tarjetas bancarias y documentos personales en la escena del crimen que aparentemente le pertenecen a Christian Fonseca Rivas.
Juan traga saliva y vacila.
Gael: ¿Qué tiene para decir?
Juan demora en contestar.
Juan: La verdad es que…
Gael lo mira, analizándolo. Juan tiene otro recuerdo más.
FLASHBACK
Christian: Escúchame bien. Tienes que vivir, cabrón…
Juan sigue negando, a punto de romper en llanto.
Christian: Tienes que vivir por los dos.
Juan: Cállate, eso no va a ser así. Tú no te vas a morir.
Christian: Termina con lo que no pude.
Christian, casi sin fuerzas, saca su billetera de su bolsillo y se la da.
Juan: ¿Qué haces?
Christian: Yo te dije que tenías que morir y esta noche así va a ser. Yo me voy a morir en tu lugar.
FIN DEL FLASHBACK
Gael: (expectante) ¿Y bien? ¿Declara que son sus documentos y que usted es Christian Fonseca Rivas?
Juan: Sí.
Gael: De todas formas, voy a mandar a comparar las huellas dactilares para confirmar las identidades de ambos y si su declaración resulta ser falsa, tendrá un agravante más por suplantación de identidad. ¿Comprende las consecuencias?
Juan: Sí.
Gael: Muy bien. Era todo lo que necesitaba confirmar.
Juan: Sigo sin entender por qué estoy detenido.
Gael: Está bajo detención en flagrancia, señor Fonseca. En estos momentos, usted es el principal sospechoso del asesinato de su presunto hermano y queda a disposición del Ministerio Público mientras se esclarecen los hechos.
Juan: (dolido) Yo no lo maté. Usted mismito lo acaba de decir. Era mi hermano. Tienen a la persona equivocada y mientras yo estoy encerrado aquí, el verdadero asesino está allá afuera.
Gael: Como le informé, vamos a investigar a fondo en las próximas cuarenta y ocho horas para tomar una decisión.
Juan: Le juro que yo no hice nada, detective. Yo ni siquiera recuerdo con claridad qué fue lo que pasó. Yo llegué al hotel y me golpearon. Cuando desperté fue que me encontré a…
Juan se detiene abruptamente. Gael frunce el ceño, escuchando con atención.
Juan: (retractándose) Me encontré a mi hermano ahí, en el piso. Estaba herido ya, se lo juro.
Gael: Recuerde que está siendo grabado y cada cosa que diga puede ser usada en su contra.
Juan: Pues mejor porque quiero que quede constancia de que yo no hice nada. Él mismo me dijo antes de morir que todo era una trampa y me habló de una mujer.
Gael: (extrañado) ¿Una mujer?
Juan: Sí, no sé bien, pero tuvo que ser esa tal tipa la que lo mató. Yo soy inocente.
Gael: Como sea, este es un interrogatorio preliminar. Yo no soy el que decide si es inocente o no. Nada más voy a hacer mi trabajo. ¿Está claro?
Juan no contesta y tan solo asiente con frustración. Gael tampoco dice nada, toma la carpeta y se dirige a salir.
Juan: Espere (Gael se gira). Necesito hablar con alguien.
Gael: ¿Perdón?
Juan: Tengo derecho a una llamada, ¿no?
Gael asiente y le habla en un tono parco.
Gael: Acompáñeme.
Juan se pone de pie y procede a salir del cuarto. Gael sale después de él.
INT. CASA DE LOS FONSECA/HABITACIÓN DE EMILIANO – NOCHE
Paula termina de vendarle la mano a Emiliano. Este toma un analgésico que ella le ha traído y pasa la pastilla con un vaso de agua. Están sentados en la cama y ella presta atención particular a que él se tome el agua.
Paula: Muy bien, ya está. Debes quedarte así por lo menos un par de días.
Emiliano aparta la mano de forma tosca. Paula se pone de pie.
Paula: ¿Te sientes mejor?
Emiliano: (cortante) Sí.
Emiliano le entrega el vaso.
Paula: ¿Estás seguro? Es que tus gritos se escuchaban por toda la casa, querido. Fernanda creo que no se despertó porque me dijo en la cena que no se sentía bien y que iba a tomar un calmante para dormir. Yo, en cambio, sí te escuché muy alterado. Parecías discutir con alguien.
Emiliano: (fastidiado) Ideas tuyas. No fue nada grave.
Paula: Bueno, pues si tú lo dices… (Hace una pausa) Yo solo te quiero ayudar, Emiliano. Te he notado agotado estos días. Hasta un accidente tuviste.
Emiliano: Déjate de preocupaciones, ¿quieres? Estoy bien y lo he estado desde hace mucho tiempo. No necesito tus atenciones de mamá gallina.
Paula: Por lo menos deberías considerar ver un médico o un psicólogo.
Emiliano: ¿Qué insinúas?
Paula: Yo, nada. Es por tu salud.
Emiliano: Mira, mi chula. Yo no necesito psicólogos. Estoy perfectamente cuerdo, así que no me vengas a decir en mis narices que estoy loco.
Paula: Yo nunca dije eso.
Emiliano: Como sea, es lo que estás pensado. ¿Me crees idiota?
Paula: Déjate de complejos. Yo lo decía porque a lo mejor los compromisos del corporativo te tienen abrumado. Es todo. Quizá hablar con alguien te haga bien.
Emiliano: (exasperado) Mira, mira. Yo no pienso ir donde ningún loquero a contarle mis cosas. Mejor ya vete antes de que de verdad se me zafe un tornillo y la termine agarrando contigo.
Paula: Está bien. Como quieras. De todos modos, quiero que sepas lo mucho que te agradezco el dejarme vivir aquí con María José. Si necesitas algo, solo dime.
Paula sale de la habitación. Emiliano se queda viéndola con desconfianza. Ella cierra la puerta y permanece de pie allí un par de segundos, sonriendo con satisfacción.
Paula: Ya está dando efecto.
Mira el vaso y juega con él, dándole vueltas.
Paula: Muy pronto te vas a ver acabado, hermanito. Te voy a destruir como no tienes idea.
Paula continúa sonriendo con aquella retorcida maldad que la caracteriza.
INT. SERVICIO FORENSE/MORGUE – DÍA
Ha amanecido y es temprano en la mañana. Chuy ha pasado a la fría habitación de la morgue. Hay un cuerpo sobre una camilla metálica, cubierto por una sábana blanca. Chuy se acerca, evidentemente tenso. Gael y un empleado forense están presentes.
Chuy: ¿Por qué creen que se trata de la misma persona?
Gael: Usted denunció hace unos días que el diácono Juan de La Cruz Quintana había sido secuestrado a las afueras de su orfanato y resulta que las características del desaparecido coinciden con las de este hombre.
Chuy: ¿Cómo lo encontraron?
Gael: Fue asesinado anoche en un hotel. Estamos investigando y creemos que fue su hermano gemelo, por lo que necesitamos que usted reconozca el cuerpo para que avancemos en la investigación.
Chuy traga saliva y asiente.
Chuy: Está bien.
Gael le hace una seña al empleado, el cual retira parcialmente la sábana de la cara del occiso. Chuy comienza a temblar. Christian está allí, desnudo, con los ojos cerrados. El sacerdote da un paso hacia atrás, como si fuera a perder el equilibrio ante la impresión.
Gael: Cuidado, padre.
Gael corre a auxiliarlo. Chuy respira agitado y se aferra a la camilla.
Gael: ¿Cómo se siente?
Chuy apenas logra mover los labios y mira con dolor aquel cuerpo inerte.
Chuy: (en un hilo de voz) Es él…
Gael: ¿Está seguro?
Chuy: Sí, es Juan de La Cruz. Definitivamente es él
Gael le hace de nuevo una seña al empleado, quien cubre el cuerpo con la sábana.
Gael: ¿Cree que pueda responderme unas preguntas? Entenderé si me dice que no.
Chuy asiente, aún desencajado.
INT. SERVICIO FORENSE/PASILLO – DÍA
Más tarde, se ve al sacerdote caminando a paso lento mientras tiene un par de recuerdos.
FLASHBACK
INT. SERVICIO FORENSE/MORGUE – DÍA
Chuy se encuentra platicando con Gael, quien graba toda la conversación con aquellas grabadoras modernas de forma vertical.
Chuy: Juan era huérfano, detective. Evaristo, su padrino, murió atropellado. Como éramos cercanos, yo me hice cargo del muchacho y lo llevé conmigo al orfanato.
Gael: ¿Evaristo le comentó alguna vez algo sobre el origen del occiso, sobre sus padres, lugar de nacimiento, cualquier cosa?
Chuy duda en responder.
Chuy: Me temo que no.
Gael: ¿Qué hay de las cicatrices que el occiso tiene en la espalda? De acuerdo al reporte forense, pudieron ser propinadas por un látigo o alguna correa pesada.
Chuy: Tampoco hay nada que le pueda decir al respecto. Desconozco el modo de vida que el muchacho tenía antes de vivir en el orfanato, por lo que no sé si ya venía con esas cicatrices que me dice.
FIN DEL FLASHBACK
Chuy se sienta angustiado sobre una de las sillas del pasillo para evocar otro momento pasado de la noche anterior.
FLASHBACK
EXT. ORFANATO “NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE” – NOCHE
Chuy va de salida. Cierra la reja del orfanato y mira de forma ansiosa hacia ambas direcciones de la calle para intentar parar un taxi.
Chuy: (angustiado) ¿Dónde te metiste ahora, Juan?
De repente, el sacerdote recibe una llamada a su celular, por lo que se apresura a contestar.
Chuy: ¿Bueno?
INT. ESTACIÓN DE POLICÍA – NOCHE
Juan es quien está al otro lado de la línea, hablando por un teléfono público. Todavía está esposado y un policía lo vigila desde atrás.
Juan: (susurrando) Padre, soy yo.
INTERCUT JUAN/CHUY
Chuy: (aliviado) ¡Juan, muchacho! Me tenías con el alma pendiendo de un hilo, hijo. Chela me llamó hace rato y me contó que saliste. ¿Dónde estás?
Juan: No quiero que se vaya a sentir mal o algo por el estilo, padre. Necesito que tome esto con calma.
Chuy: (desconcertado) ¿Por qué me dices eso? ¿En qué lío te metiste?
Juan: Estoy arrestado en la delegación.
Chuy: (sorprendido) ¿Cómo? ¿Pero qué haces tú allá?
Juan: Para serle sincero, ni yo entiendo cómo vine a parar aquí y en qué momento me pasó todo esto.
Chuy: ¿De qué estás hablando? Explícate.
Juan no halla cómo contarle y mira hacia atrás para asegurarse que no lo estén escuchando.
Juan: Padre… (Hace una pausa) Christian… (Pausa) Christian está muerto.
Chuy se impacta en sobremanera.
Juan: Ellos creen que yo lo maté, pero le juro por lo más sagrado que no tuve nada que ver.
Chuy: ¿Cómo pasó?
Juan quiebra un poco la voz.
Juan: Él me llamó. Me citó a un hotel y me dijo que tenía que ir rápido. Fue por eso que salí con tanta premura, pero cuando llegué, me golpearon y me desmayé…
Chuy resopla, intentando reponerse de la noticia.
Juan: Luego, cuando desperté, escuché a los policías tocando la puerta de la habitación. Christian estaba ahí, moribundo y yo… (Pausa, a punto de llorar) Yo no pude hacer nada para salvarlo. Murió y no pude hacer nada, padre (Habla lleno de impotencia).
Chuy: (perturbado) Dios mío…
Juan: Usted me conoce de toda la vida. Usted sabe que yo no hubiera sido capaz de hacerle una cosa así. Christian era mi hermano.
Chuy: No tienes ni qué decirlo. Déjame ir para allá de inmediato. Iba de salida justamente para buscarte cuando me llamaste.
Juan: Es mejor que no se aparezca por aquí.
Chuy: Esta vez no voy a aceptar tu terquedad, Juan. Tú no puedes estar solo allá o te van a incriminar. Yo puedo declarar que te conozco y decir que no hiciste nada. Tú mejor que nadie debes saber que esto es una trampa.
Juan: Yo sé. Christian también me lo dijo antes de morir, pero el punto no es ese. Por ahora no me conviene que nadie sepa quién soy yo.
Chuy: (desconcertado) No te entiendo.
Juan: Christian me dio su cartera antes de morir con todos sus papeles e identificación. Ellos creen que yo soy él.
Chuy: ¿Y qué estás esperando para aclararlo?
Juan: No lo pienso hacer.
Chuy: Pero muchacho. ¿Te volviste loco? Tú no puedes pretender hacerte pasar por tu hermano. Es ilegal.
Juan: Christian me lo pidió.
Chuy: Da igual si te lo pidió. De por sí ya estás hasta el cuello como para sumar un delito más. Una cosa así es suplantación de identidad. Date cuenta.
Juan: Me conviene, padre. Christian fue asesinado y la persona que lo hizo quería que yo estuviera ahí para incriminarme. Va a ser más difícil para mí salir bien librado de esto, justo yo que no tengo ni en qué caerme muerto para defenderme. ¿Quién le va a creer a un pobre diablo como yo que es inocente?
Chuy: Yo puedo ayudarte, aunque tenga que hipotecar el orfanato para pagarte un abogado.
Juan: Jamás, eso sí que no.
Chuy: (desesperado) ¡Juan, por favor! ¡No seas necio!
Juan: Entiéndame. Como Christian, tengo más chances de salir de aquí pronto y averiguar bien quién lo mató. Es dañar los planes del asesino infeliz ese. ¿No lo ve?
Chuy cierra los ojos, frustrado, en señal de desaprobación.
Juan: Además, no hay que ser tan inteligente como para no darse cuenta de que quien está detrás de todo es Emiliano Fonseca. Él quiere verme tras las rejas, acusado de matar a mi propio hermano y no se lo pienso permitir.
Chuy: Esto no es correcto. Te estás metiendo un problema más grande.
De pronto, el policía se acerca al joven.
Policía: Se acabó el tiempo. Debes colgar ya.
Juan: Un segundo, por favor.
Juan se apresura y susurra con la voz más baja, cubriendo con su mano el auricular del teléfono.
Juan: Padre, me tengo que ir, pero antes le tengo que pedir un favor. Lo más probable es que lo llamen a reconocer el cuerpo y…
Chuy: (interrumpiéndolo) Creo saber lo que estás pensando, así que no. Perdóname, pero no te puedo ayudar con eso.
Juan: Usted solo debe confirmar que el cuerpo es mío, nada más.
Chuy: Ni hablar. No me pidas una cosa así. Yo no puedo mentir con algo tan delicado. Está mal y además te estaría acolitando esta locura de calibres bíblicos que solo te va a traer problemas.
Juan: Es mi única oportunidad de hacer justicia. Yo no puedo dejar las cosas así, además es una mentira piadosa. Nadie va a salir herido.
Chuy: ¿Piadosa dices?
Juan: Véalo de este modo. Una mentira es mala cuando daña a otros, pero esto es para salvarme. Es lo único que necesito de su parte.
Policía: Ya estuvo bueno. Cuelga de una vez.
Juan: No me vaya a fallar, por favor.
El policía le arrebata el teléfono para colgarlo de mala gana y la llamada se corta.
Chuy: ¿Juan? ¿Juan, sigues así?
Chuy se da cuenta de que la llamada ha terminado y mira su celular, notablemente perturbado.
FIN DEL FLASHBACK
Chuy deja de recordar y resopla al tiempo que se recuesta en la silla.
Chuy: Dios mío. ¿Y ahora qué? No nos abandones. Ayúdanos a salir de esto y perdóname si he de estar haciendo mal acolitándole esta locura a Juan de La Cruz.
María José aparece caminando por el pasillo en ese instante.
María José: ¡Padre Chuy!
Chuy voltea, sorprendiéndose al verla, por lo que se pone de pie.
Chuy: María José, hija…
María José tiene los ojos sollozos y lo mira con angustia.
María José: Dígame que no es él. Dígame que no es Juan, por favor. Quiero creer que se confundieron; que Christian fue el que murió y que a Juan lo arrestaron por error. Lo sospecho, estoy casi segura.
Chuy baja la mirada. Pronto, los ojos de la joven se llenan de lágrimas.
María José: Padre, dígamelo. Dígame que es un error por lo que más quiera.
Chuy: Lamento en el alma decirte que no, hija.
María José niega despacio con la cabeza, llena de dolor e incluso los labios le tiemblan. Chuy saca de su bolsillo un denario y se lo entrega.
Chuy: Esto me lo entregaron hace un rato. Juan lo llevaba siempre.
María José toma el denario entre sus manos temblorosas.
Chuy: Evaristo se lo dio antes de morir y ese mismo denario lo tenía el cuerpo que encontraron. No hay lugar a dudas. Juan… (Hace una pausa con dificultad) Juan está muerto.
María José empuña el denario entre su mano.
Chuy: El Juan que conociste murió. Lo siento mucho.
María José no aguanta más y rompe a llorar muy dolida. Chuy la mira con pena y la abraza fuertemente. Ella se recuesta en el hombro de él para dejar salir toda la tristeza que le causa la noticia.
INT. CASA DE LOS FONSECA/COMEDOR – DÍA
Paula y Fernanda desayunan. Esta última se ve distraída y lo hace sin mucho ánimo. Paula toma un sorbo de café y nota la actitud de su cuñada, por lo que intenta romper el hielo.
Paula: Christian y María José no llegaron a dormir. De seguro se quedaron haciendo el amor apasionadamente toda la noche según lo planeado.
Paula dice aquello con burla. Fernanda la observa con seriedad.
Paula: ¡Ay! ¿Qué? No me mires así. Es lo normal que ocurre entre un hombre y una mujer. Te recuerdo que tú lo planeaste.
Fernanda: Yo sé.
Fernanda: ¿Entonces? No me digas que eres una madre celosa.
Fernanda: (cortante) Para nada.
Paula: ¿Y por qué estás tan rara?
Fernanda: Porque no hicieron el amor. Fornicaron, lo cual es un pecado grave por si no sabías.
Paula: ¡Ay, Fer! No me alborotes la lengua, querida. Está muy temprano para recordar tus viejos tiempos. ¿Qué era entonces lo que hacías con Gabriel? ¿Jugar a las escondidas?
Fernanda golpea la mesa con severidad.
Fernanda: ¡Basta!
Paula: Está bien. Discúlpame. Por lo que veo amaneciste muy irritable.
Fernanda: Quiero que te quede claro algo, Paula. Esto lo acepté para ayudar a mi hijo a recuperar lo que es suyo por derecho. No traigas mi pasado a colación. Yo soy una dama y tú, pues…
Paula: ¿Yo qué? (Fernanda no responde) Vamos, dilo. Di lo que piensas de mí. Me gustaría escucharlo de una mojigata como tú.
Fernanda: Nada. Iba a decir que tú y yo somos muy distintas.
Paula: Claro, demasiado distintas.
Paula levanta una ceja y de pronto, su celular suena sobre la mesa. Fernanda frunce el ceño, molesta.
Fernanda: Deberías dejar ese aparato en tu cuarto. Detesto las interrupciones en la mesa.
Paula: Ay, por favor. Deja de ser tan anticuada. Pareces una de esas abuelas malcogidas con sus reglas ridículas. Relájate.
Fernanda parece que quisiera matarla en aquel instante por aquel comentario y presiona fuerte su tenedor. Paula contesta.
Paula: María José, mi princesa (Sonríe con hipocresía). ¿Cómo estás? Noté que no llegaste a dormir anoche.
INT. SERVICIO FORENSE – DÍA
María José habla al otro lado de la línea, con la voz llorosa.
María José: Pasó algo horrible, madrina.
INTERCUT PAULA/MARÍA JOSÉ
Paula: (extrañada) Por tu tono, me atrevería a decir que es grave.
Fernanda nota que algo ocurre.
María José: En efecto lo es. Juan… (Hace una pausa)
Paula: ¿Juan? ¿Qué pasa con él?
María José se siente incapaz de responder, sin poder asimilarlo aún.
María José: Juan está muerto (Paula se impacta). Christian lo mató.
Paula se hiela ante la noticia. Fernanda se queda intrigada, sin comprender qué ocurre.
INT. ESTACIÓN DE POLICÍA/CELDA – DÍA
Juan, por su parte, se encuentra sentado en el piso con la mano recostada sobre la rodilla levantada. Tiene un recuerdo de hace unos días.
FLASHBACK
INT. CASA DE CHELA/HABITACIÓN DE JUAN – DÍA
Juan le entrega su denario a Christian. Este observa con curiosidad y extrañado.
Juan: Tómalo.
Christian: ¿Por qué me lo das?
Juan: Mi padrino me lo dio unos minutos antes de morir. Si vamos a engañar a Emiliano, tenemos que hacerlo bien. Dile que encontraron esto en mi cuerpo. Yo lo llevaba el día que me secuestraron y de seguro él lo notó, así que será más creíble si se lo muestras.
Christian lo recibe.
Christian: Te lo voy a devolver cuando acabemos.
Juan: No hace falta. Quédatelo.
Christian: ¿Por qué? Es valioso para ti.
Juan: Sí, pero a ti te hace falta. Yo no sé si eres creyente después de todo lo que sufriste a manos de esa dizque nuestra madre. Dios no es lo que ella te mostró, te lo aseguro, y a veces ese mismo sufrimiento es necesario para hacernos más fuertes.
Christian: (incrédulo) Bonito sermón y respeto tu fe, pero no lo necesito.
Juan: Puedes verlo así o como una lección. Yo últimamente me cuestiono por qué mi vida se volvió así tan de la nada. Dios quizás me está poniendo a prueba a ver qué tanto aguanto o tiene un propósito conmigo, no sé. He rezado mucho, pero está guardando silencio.
Christian escucha con atención.
Juan: Y uno no deja de preguntarse cosas. ¿Dónde está? ¿Por qué está permitiendo que me pase esto? ¿Es que a poco se olvidó de mí o qué? Y de seguro tú también te lo preguntaste muchas veces.
Christian: ¿Para qué me lo dices?
Juan: Porque aquí sigo, espérandolo y mientras lo espero, intento sacar fuerza de esto que estoy viviendo.
Juan le coloca el denario a su hermano en una de las muñecas. Luego, le pone una mano en el hombro y le esboza una sonrisa.
Juan: Creas o no, cuando sientas que no das más, mira ese denario. Levántate y sigue adelante. Es justo lo que estoy aprendiendo a hacer.
Christian lo observa conmovido y ambos se unen en un abrazo fraternal.
FIN DEL FLASHBACK
Juan deja de recordar y una lágrima se le desliza por el rostro mientras mira al vacío de la celda.
Juan: Señor, me volviste a poner a prueba. ¿Hasta cuándo, ah? ¿Qué más me falta?
En eso el joven es interrumpido por un policía.
Policía: Oye, tienes una visita.
Juan se extraña y se limpia la lágrima. María José hace acto de presencia en ese momento y el policía se va. Juan se sorprende al verla.
Juan: ¡María José!
María José se acerca a la celda, que permanece cerrada. Mira a Juan de forma fulminante y con dolor. Juan se pone de pie de inmediato.
María José: ¿De verdad fuiste tú? (Juan se desconcierta) ¿Esto era lo que querías desde un principio?
Juan: María José, escúchame. Yo…
María José: (interrumpiéndolo) Juan era un hombre inocente, bueno. Era tu hermano. ¿Por qué simplemente no lo dejaste así? ¿Por qué tenías que matarlo?
Juan siente que aquellas preguntas le penetran en el pecho como dardos, pues la joven las dice con un tono acusador y de pura rabia contenida.
CONTINUARÁ…














Comentarios
Publicar un comentario