Capítulo 27: Umbra mendicii

 INT. CASA DE LAS GÓMEZ/HABITACIÓN DE MARTHA – DÍA

Martha se encuentra recostada en la cama con un mejor semblante y termina de desayunar sobre una bandeja. Grettel está sentada a un lado de la cama, en silencio, pensativa. 

Martha: ¿Te pasa algo, Grettel?

Grettel: (reaccionando) ¿Ah? ¿Qué?

Martha: Que si te pasa algo, muchacha. Te noto ida, como preocupada. ¿Qué tienes?

Grettel: Nada. Estoy bien. Nada más estaba esperando que acabaras para irme al corporativo.

Grettel se pone de pie y le retira la bandeja del desayuno

Martha: ¿Todavía sigues trabajando allá? Te recuerdo que tu jefe, el mismo con el que tú tan descaradamente te enredaste, es un criminal, un mal hombre. Debes irte de esa empresa de una buena vez. 

Grettel: Yo lo sé mejor que nadie, así que no te preocupes. Voy a renunciar pronto. En fin, ya que acabaste, me voy. Intenta descansar.

Martha: Gracias por todo, hija. Valoro mucho que te estés quedando conmigo.

Grettel: (seria) No tienes nada qué agradecer. De todos modos, en cuanto te pongas mejor, me voy a ir de nuevo. Está más que visto que tú y yo no podemos vivir bajo el mismo techo porque solo tenemos broncas.

Grettel se da la vuelta, dispuesta a retirarse.

Martha: No te tienes que ir tan rápido. Por lo menos, no te vayas hasta que no hablemos bien.

Grettel: (dándole la espalda) Creo que ya te dije en el hospital que no tenemos nada de qué hablar, mamá.

Martha: Sí que lo hay. Yo tengo que explicarte lo de las cartas de tu papá.

Grettel se queda quieta y sus dedos se tensan sobre la bandeja.

Grettel: (sin voltear) Ya te dije que no hace falta.

Martha: Para ti no, pero para mí sí. Yo necesito que entiendas por qué te las oculté. Dame una oportunidad de explicártelo, por favor.

Grettel gira lentamente, clavándole una mirada fría.

Grettel: ¿Entender qué? ¿Que me mentiste toda la vida?

Martha: Todo lo hice por amor a ti, para protegerte.

Grettel suelta una risa seca, sin humor.

Grettel: ¿Protegerme? ¿De qué? ¿De tener un padre? ¿Qué clase de amor egoísta es ese? 

Martha baja la mirada dolida y se le quiebra un poco la voz.

Martha: Quería protegerte de pasar por un dolor que sabía que te iba a hacer trizas el corazón.

Grettel: (fastidiada) Déjate de rodeos y ya habla de una vez antes de que pierda la paciencia.

Grettel pone la bandeja sobre un buró. Martha guarda silencio un par de segundos, sin hallar las palabras.

Martha: Grettel… (Hace una pausa) Tu papá… (Hace otra pausa) Tu papá no te quería, mija. 

Grettel intenta asumir esas palabras durante algunos segundos con incredulidad.

Grettel: Estás mintiendo. 

Martha: Es la verdad…

Grettel: Él me decía cosas muy diferentes en la carta que logré leer. Decía que me amaba y que quería conocerme, así que ya deja de verme la cara y no me mientas.

Martha: (sollozando) Estoy diciéndote todita la verdad. Él tarde se arrepintió de lo que me pidió cuando supo que yo estaba embarazada de ti. Tu papá no quería que nacieras. Me pidió que…

Martha frunce los labios y comienza a sollozar.

Martha: Me pidió que te abortara.

Grettel desencaja el rostro y mantiene una expresión dura. Martha no puede evitar derramar lágrimas discretas.

Grettel: Eso no es cierto.

Martha: Lo es… (Limpia sus lágrimas) Yo siempre fui un poco mayor. Nos llevábamos diez años. Era un jovencito, no tenía nada y decía que un hijo lo iba a amarrar. Quería irse a Estados Unidos a hacer su vida, a probar suerte….

Grettel siente que se le forma un amargo nudo en la garganta al escuchar a su madre.

Martha: Yo obviamente me negué. Para mí era el pecado más grande si quiera pensar en no tenerte y él me lo pidió como si fueras un paquete, un problema, así, de la forma más fría y más inhumana…

Grettel guarda silencio y respira de forma irregular, intentando contenerse. Martha llora.

Martha: Después fue que a los años me buscó. Me dijo que se había equivocado y te empezó a mandar cartas con dinero, pero yo no iba a permitir que alguien que te rechazó antes de nacer viniera después a jugar a ser padre. Tú no te lo merecías.

Grettel: Entonces decidiste por mí…

Martha: Fue por tu bien. Yo no quería que te sintieras así.

Grettel: ¿Sentirme cómo? ¿Como una basura, como un estorbo?

Martha: Grettel…

Grettel: (muy dolida) Es lo que soy, mamá. Mi papá me vio así desde un inicio y yo solo te di trabajo todos estos años. Me siento de lo peor y yo que tanto te juzgué…

Grettel se pasa la mano por la cabellera sin lograr dar crédito a esa revelación y sus ojos se llenan de lágrimas, pero las contiene.

Martha: Tú siempre fuiste mi mayor regalo, mi bendición. Yo jamás hubiera hecho una cosa así porque desde el primer momento en que supe que te tenía dentro de mí, me llené de felicidad. Tú eres lo mejor que me pudo pasar.

Grettel: Deja de ser hipócrita. ¿Me dices todo eso después de cómo me he portado contigo? Yo nunca te quise lo suficiente, Martha. 

Martha llora muy dolida. Grettel, por su parte, intenta contener el llanto y se le ponen los ojos rojos. 

Grettel: Me avergonzabas. Siempre te creí una mediocre. ¿Por qué crees que te traté de la patada?

Martha: Tú siempre vas a ser mi hija sin importar qué, hagas lo que me hagas y me trates como me trates. 

Grettel: (incrédula) ¿Todavía piensas lo mismo después de lo mucho que te he despreciado? 

Martha: Te amo y si fuera preciso, yo hasta daría la vida por ti. Mi amor por ti nunca va a cambiar y si no me crees, puedes buscar a tu papá. Yo sé dónde vive. Puedes preguntarle y encararlo directamente.

Grettel: No me interesa. ¿Y sabes qué? No quiero hablar más del asunto. Creo que ya tuve suficiente.

Martha: Grettel, hija…

Grettel: Gracias por sincerarte conmigo. Por lo menos ya sé cuál es mi lugar en este mundo de mierda al que sí hubiera sido mejor que no me trajeras.

Martha: (muy dolida) No digas eso.

Grettel toma la bandeja de nuevo y sale de la habitación..

Martha: Grettel… Grettel…

Grettel no mira hacia atrás, aunque llora destrozada en silencio. Martha se queda sola y se cubre el rostro, llorando igualmente desconsolada.


INT. ESTACIÓN DE POLICÍA/CELDA – DÍA

María José ha ido a ver a Juan, quien erróneamente cree que es Christian. Juan se sorprende al verla, aunque le duele la actitud con la que ella le habla.

Juan: María José, escúchame. Yo no lo maté. Chri… (Se retracta de inmediato) Es decir, Juan ya estaba ahí cuando llegué al hotel. Ya lo habían atacado. Te lo juro. Yo no le hice nada. 

María José: Quítate la máscara conmigo. Yo sé muy bien que todo este tiempo solo buscaste deshacerte de él porque lo veías como una competencia. 

Juan: Claro que no. Tienes que creerme.

María José: (alzando la voz) ¡Yo te escuché! Te escuché perfectamente ese día que llegaste a delatar a Juan. Querías ponerte del lado de Emiliano para quitar a Juan de tu camino, para no compartir la podrida herencia de tu maldita familia con él. Admítelo.

Juan: (negando con la cabeza) Te juro que no es así.

María José comienza a sollozar ante la rabia que siente.

María José: De ti me puedo esperar cualquier cosa. Vendiste a tu propio hermano y para colmo lo mataste. ¿Qué clase de persona eres? ¿Cómo pudiste hacer una cosa tan baja?

Juan: Era una trampa que me ideé. Emiliano de todas formas lo iba a encontrar. Yo lo que hice fue involucrarme para tener más chances de ayudar desde adentro. Chela lo puede confirmar. Juan estaba escondiéndose con ella.

María José: No te creo.

Juan: Puedes preguntarle. Yo jamás habría hecho nada para dañarlo. Es verdad que apenas nos estábamos conociendo, pero era mi hermano, carajo…

Juan se aferra a las barras de la celda, también sollozando.

Juan: Yo no lo maté. Dios lo sabe y lo pongo de testigo.

María José pareciera ver una chispa de sinceridad en el joven, a quien mira con los ojos encharcados, pero endurecidos.

María José: (incrédula) ¿Quién lo hizo entonces?

Juan: Es lo que van a investigar porque yo tampoco lo sé. Me pusieron una trampa. Querían que creyera que yo lo maté, pero no fue así. 

Juan la ve con los ojos desesperados.

Juan: Mírame, María José… Mírame bien y dime si de verdad me crees capaz de hacer una cosa así. Mírame. 

María José traga saliva, dudando.

Juan: Debes creer en mí. Juan y yo lo único que queríamos era hacer justicia. Emiliano mató a su padrino, mató a su amigo, mientras que a mí me hizo la vida un infierno muchos años haciéndome pasar por hijo suyo para apoderarse de todo lo que mi papá me heredó. 

María José se desarma ante esas palabras, pues sabe que es cierto.

Juan: Y Fernanda… (Hace una pausa) Fernanda nunca fue una madre. Ella fue la peor de todos ellos porque me desgració la vida desde que era un niño…

María José escucha con atención, aunque sin bajar la guardia.

Juan: Tú no te imaginas lo que pasé con ella. ¿Cómo me crees capaz de matar a mi propio hermano sabiendo que él sufrió por culpa de todos los que también me hicieron sufrir a mí?

María José: Yo ya no sé qué creer (Quiebra la voz). Pero lo único cierto es que él está muerto y ya no lo voy a volver a ver. Yo lo quería, lo quería muchísimo…

Juan se sorprende al oírla.

María José: Juan se había convertido en una persona muy especial para mí. Me estaba enamorando de él. 

María José derrama lágrimas discretas. Juan también lo hace al sentir que esa confesión lo traspasa y lo quema de impotencia por no poder decirle la verdad a la joven. 

María José: Me hubiera gustado haberle confesado lo que sentía a pesar de que estaba mal por su vocación. De igual manera, me ilusionaba volver a verlo y lo vi, sí… Lo vi, tirado en el piso, sin vida y lleno de sangre, como vi a mi papá y a mi mamá…

María José se lleva una mano al pecho, rota de dolor. Juan contiene el llanto, pues también le duele verla así.

María José: Juan no se merecía eso. Él no se merecía morir de una forma tan cruel. Era bueno, era distinto, nada que ver con ustedes, mucho menos contigo…

Juan cierra los ojos un instante, afectado.

Juan: (voz baja, sincera) Él también te quería mucho.

María José: ¿Tú qué sabes? 

Juan: Mucho más de lo que te imaginas.

María José frunce el ceño, confundida.

Juan: Juan y yo tuvimos oportunidad de hablar, y tienes todo el derecho de no creer en nada de lo que te diga, pero una cosa sí es muy cierta. Juan también se estaba enamorando de ti y esa es una verdad que tienes que creer.

Juan también quiebra la voz. María José se sorprende al escuchar y el corazón le da un vuelco.

María José: No te atrevas…

Juan: No te estoy mintiendo.

María José: Cállate (Molesta, retrocede un paso). No tienes derecho a hablar de él ni a jugar con algo así solo para victimizarte conmigo. 

Juan: (dolido) María José…

María José: Y algo te voy a advertir. Me voy a encargar de verificar que lo que me dijiste sea cierto y si me entero de que me mentiste, te voy a hundir. Voy a confesarle a la policía toda la verdad, del cómo secuestraron a Juan e intentaron matarlo. Voy a contarlo todo. 

Juan: No hagas nada. Te lo suplico. Emiliano te puede hacer daño. Haz conmigo lo que quieras, pero no te metas con él.

María José enarca una ceja en medio de sus lágrimas.

María José: ¿Es una amenaza?

Juan: No quiero que te pase nada malo. Confía en mí.

María José: Jamás podría confiar en una persona que es capaz de caer tan bajo por ambición al punto de matar. Emiliano y tú la van a pagar. La muerte de muchas personas ya quedó impune, pero la de Juan no. ¡De esa me voy a encargar yo misma!

María José se da la vuelta de forma contundente y camina hacia la salida sin mirar atrás. Juan, la observa irse, destrozado y se derrumba en el piso, aferrado a las barras. Pronto, sus ojos se llenan de lágrimas.

Juan: Perdóname… Perdóname, María José. ¡Perdóname!

Juan rompe a llorar y pega un grito desde adentro, dolido e impotente, que le pondría a cualquiera los pelos de punta.


INT. HOTEL/CUARTO DE SEGURIDAD – DÍA

Gael se encuentra de pie, manipulando con el mouse y el teclado las grabaciones de las cámaras de seguridad, las cuales aparecen en múltiples monitores. Hay un guarda de seguridad presente.

Gael: Esta es la cámara de la recepción del hotel, ¿verdad?

Guarda: Sí, detective. ¿Quiere que le ayude a filtrar?

Gael: Está bien, yo me las arreglo aquí. 

Gael comienza a adelantar la grabación y se detiene en una hora fija, alrededor de las 18:30. Dentro de la grabación, Christian se acerca a la recepción, presenta su documento de identidad y comienza a hacer todo el proceso de check-in. Gael lo pausa allí.

Gael: Quiero ver las cámaras del ascensor alrededor de esa misma hora, por favor.

Es así cómo el guarda le ayuda a filtrar dichas grabaciones en otro monitor. Christian aparece en pantalla, dentro del ascensor. Gael lo pausa.

Gael: Muéstreme ahora las cámaras del pasillo.

El guarda obedece y busca la grabación en un monitor diferente. Gael presiona una tecla para aumentar la velocidad de la grabación. Christian se detiene frente a la puerta de la suite, la cual abre con una tarjeta especial que funciona como llave. Gael adelanta la grabación hasta que el reloj en pantalla marca las 18:50. Una mujer baja del ascensor. Camina hacia la puerta de la suite casi que con paso calculado. 

Gael: (entrecerrando los ojos) ¿Quién es esta?

Gael pausa en una toma en la que es posible ver a la mujer de frente, aunque no podemos ver su rostro y tan solo él puede apreciarlo. Él decide continuar la grabación y ve que, a los segundos, Christian abre la puerta. Casi que sin darle tiempo de reaccionar, aquella misteriosa mujer saca un cuchillo de su bolso y lo apuñala en el abdomen para luego empujarlo hacia el interior de la habitación y cerrar la puerta. Gael pausa el video.

Gael: Mierda… Fue entonces esta tipa. 

Gael rebobina la grabación para volver a ver el rostro inidentificable de la mujer. Pausa una vez más, observando con cuidado, aunque seguimos sin identificarla.

Gael: ¿Quién carajos es?

Gael suelta una bocanada de aire y con una tecla en particular, continúa adelantando el video. Llega hasta un punto en específico de la grabación, alrededor de las 21:10. Juan es quien esta vez aparece en pantalla. Baja del ascensor y se aproxima a la puerta que se encuentra levemente abierta. Entra dudando y a los ojos se cierra la puerta. Gael pausa de nuevo.

Gael: (susurrando) El sospechoso tenía razón. Hubo una mujer en la escena.

Luego, adelante unos minutos la grabación y observa que la mujer sale de la suite. De repente, un policía irrumpe en el cuarto con una carpeta pequeña en mano. 

Policía: Detective Luján, ya revisamos el registro del hotel de los huéspedes de anoche.

Gael: ¿Y bien? ¿Quién hizo el check-in?

Policía: Christian Fonseca.

Gael: (sorprendido) ¿Estás seguro?

Policía: (asintiendo) Esta es la lista de todos los huéspedes que se registraron ayer. 

Gael toma la carpeta, la abre y ve que allí, en efecto, hay una larga lista de nombres dentro de los cuales resalta con un marcador Christian Fonseca y al frente del nombre, las 18:30, justo la hora que aparecía en la grabación de la recepción. 

Gael: Hay algo muy raro aquí.

Gael voltea a ver el monitor donde aparece la imagen congelada de Christian en la recepción y dentro del ascensor.

Gael: (analizando) La víctima tenía la misma ropa que tenía puesta el sujeto que llegó primero al hotel, aparentemente Juan de La Cruz Quintana, pero si ese sujeto se registró como Christian Fonseca, entonces… 

Policía: Entonces el primero que llegó y, por lo tanto, la víctima, no es Juan de La Cruz Quintana, sino Christian Fonseca. 

Gael mira con atención todos los rostros congelados en los monitores.

Gael: Exacto. Es lo que uno podría pensar de primera mano, pero lo que complica el maldito caso es que ambos son idénticos.

Policía: ¿Qué hacemos, señor?

Gael voltea a ver al policía. 

Gael: Primero, quiero ver una lista de los visitantes, no de los huéspedes. Hubo una mujer en la escena y tuvo que haberse registrado en la recepción. 

Policía: Entendido.

Gael: Y segundo, quiero una prueba de sangre para verificar que los supuestos gemelos sí sean hermanos, cosa que es evidente, pero solo para confirmar. No es posible que sean parecidos y no tengan ninguna relación. 

Policía: Muy bien, ya me pongo en eso.

Gael: También voy a necesitar que comparemos las huellas de los dos con las huellas impresas en los documento de identidad de Christian Fonseca. Con eso saldremos de dudas para ver quién es quién. 

Gael vuelve a girarse hacia los monitores, los cuales observa pensativo.


INT. CORPORATIVO FONSECA – DÍA

Hay bullicio entre los empleados. Grettel apenas viene llegando, baja del ascensor y nota que algo ocurre, pues todos los demás susurran.  Dos secretarias cuchichean cerca del escritorio.

Secretaria 1: No puede ser. ¿Cómo que lo mató?

Secretaria 2: Dicen que fue en un hotel, en el Grand Luxor. Imagínate el escándalo. Lo peor es que al parecer era dizque hermano gemelo del hijo del licenciado y que yo sepa, él no tiene más hijos.

Secretaria 1: ¿Y el licenciado ya sabe? Porque yo lo vi llegar esta mañana muy tranquilo.

Grettel se detiene al lado de ambas.

Grettel: ¿De qué están hablando?

Las dos se miran entre sí, incómodas.

Secretaria 2: ¿No te enteraste?

Grettel niega. Una de las secretarias saca su celular y le muestra la pantalla.

Secretaria 1: Mira para que entiendas.

Grettel toma el celular y se sorprende al leer.


INT. CORPORATIVO FONSECA/OFICINA PRESIDENCIAL – DÍA

Emiliano revisa unos documentos con calma aparente. Grettel entra de repente, sin tocar, y cierra la puerta tras sí. Emiliano levanta los ojos.

Emiliano: ¿Y ora? ¿Que ya se te olvidaron los modales o qué, mi chula? Toca por lo menos, ¿no?

Grettel: ¿Todavía no sabes nada?

Emiliano: (confundido) ¿Saber qué o qué? Mira que ando fastidiado y bastante ocupado para ocuparme de chismes de viejas. 

Grettel: Esto no es ningún chisme, Emiliano. 

Grettel se acerca y le pasa el celular.

Emiliano: (con suspicacia) ¿De dónde lo sacaste?

Grettel: Es de una de las muchachas. Te recuerdo que tú tienes el mío, pero eso no es lo importa. Tienes que ver eso. 

Emiliano toma el celular con cierta indiferencia, pero al leer, su expresión cambia y comienza a reproducir un video de una periodista a las afueras del hotel.


VIDEO

EXT. HOTEL “GRAND LUXOR” – DÍA

Una periodista se encuentra haciendo el reportaje.

Periodista: Nos encontramos a las afueras del hotel Grand Luxor, donde la noche anterior se registró un violento asesinato que involucra a una de las familias más poderosas del país.


CORTE A:

VILLA ENCANTADA

INT. MERCADO – DÍA

Un televisor viejo cuelga en alto. Varios clientes miran. Chela, con una canasta en la mano, se detiene al escuchar. Dentro del video del reportaje, pueden verse imágenes a las afueras de la habitación del hotel, la cual está acordonada.

Periodista: De acuerdo con fuentes preliminares, el presunto responsable sería Christian Fonseca, hijo del empresario Emiliano Fonseca, dueño del corporativo que lleva el mismo apellido.

Chela, con horror, abre los ojos más de lo normal y deja caer la canasta.

Chela: ¡Dios mío! 


CORTE A: 

INT. CASA DE LAS GÓMEZ – DÍA

Martha se encuentra sentada en el sofá, viendo la misma noticia en su televisión.

Periodista: Christian Fonseca, según las fuentes, habría atacado a su propio hermano gemelo dentro de una de las suites del lugar.

Martha niega con la cabeza sin dar crédito.

Martha: Dios santo, no puede ser. Juan no puede estar muerto, por favor, no.


CORTE A:

INT. CORPORATIVO FONSECA/OFICINA PRESIDENCIAL – DÍA

Emiliano sigue viendo el reportaje, frunciendo el ceño.

Periodista: Hasta el momento, las autoridades no han emitido un comunicado oficial, pero el escándalo ya comienza a sacudir al corporativo Fonseca y muchas preguntas surgen sobre la verdadera identidad de la víctima, quien podría ser un hijo no reconocido del magnate.

Emiliano pausa el video y suelta el celular sobre el escritorio.

Grettel: Todo se descubrió, Emiliano. 

Emiliano mantiene aquella expresión de rudeza y se queda pensativo, analizando la noticia.

Grettel: Hay muchos comentarios en las redes sociales y pasó lo que tanto querías. Juan está muerto con la diferencia de que querías mantenerlo oculto y ahora mira. Estás en boca de todo el mundo.

Emiliano: Cállate, no necesito que me lo digas. Christian no tenía nada que estar haciendo ahí. ¿Qué carajos pasó?

Emiliano se queda pensativo varios segundos, intentando poner en orden sus ideas, al tiempo que mueve la pierna con ansiedad.

Emiliano: Hay algo muy raro entre todo esto

Emiliano se queda pensativo. Grettel lo mira con suspicacia y se mantiene en silencio. 


EXT. ESTACIÓN DE POLICÍA – DÍA

Entretanto, hay una nube de periodistas agolpados a las afueras de la delegación. Fernanda avanza con paso firme, visiblemente alterada, usando lentes de sol negros. Paula va a su lado y ambas son abordadas por los periodistas, que se acercan con sus micrófonos y graban con cámaras y celulares. 

Reportero 1: Señora Fonseca, ¿es cierto que su hijo, Christian Fonseca, asesinó a su hermano? ¿Tenía usted otro hijo del que nadie más sabía?

Reportera 2: Díganos cuáles creen que fueron las razones que tuvo uno de sus hijos para quitarle la vida al otro.

Fernanda aprieta los labios, ignorándolos. Paula la toma del brazo, protegiéndola.

Paula: (con firmeza) ¡Permiso, por favor! 

Reportera 3: ¡Dénos una declaración, por favor! ¡El país está ansioso por saber!

Paula: ¡Déjennos pasar!

Es así como las mujeres intentan abrirse paso entre los periodistas, quienes las siguen, aunque al final logran entrar al edificio. 


INT. ESTACIÓN DE POLICÍA/SALA DE ESPERA – DÍA

María José se encuentra sentada en una de las sillas, pensativa, con la mirada perdida, mientras cruza las piernas. Hay algunos policías caminando de aquí para allá.


FLASHBACK

Juan es llevado forzosamente hacia la salida, aunque intenta zafarse de los policías.

Juan: ¡María José, yo no lo hice!

María José se queda paralizada y lo mira desconcertada, sin entender nada.

Juan: ¡Te juro que yo no lo hice!

FIN DEL FLASHBACK


FLASHBACK

Juan cierra los ojos un instante, afectado.

Juan: (voz baja, sincera) Él también te quería mucho.

María José: ¿Tú qué sabes? 

Juan: Mucho más de lo que te imaginas.

María José frunce el ceño, confundida.

Juan: Juan y yo tuvimos oportunidad de hablar, y tienes todo el derecho de no creer en nada de lo que te diga, pero una cosa sí es muy cierta. Juan también se estaba enamorando de ti y esa es una verdad que tienes que creer.

Juan también quiebra la voz. 

FIN DEL FLASHBACK


María José deja de recordar, perdida en aquellos momentos que trae a su cabeza.

María José: (susurrando) Hay algo en él, su mirada… Era diferente… 

Fernanda y Paula hacen aparición en la sala de espera. La primera se acerca exaltada.

Fernanda: ¡María José!

María José se pone de pie al verlas.

María José: (seria) Hola, Fernanda.

Paula también se acerca y la abraza. María José no hace ademán de corresponderle.

Paula: Mi princesa, vinimos en cuanto nos llamaste (María José se aparta). Esto parece una pesadilla. Había decenas de periodistas afuera.

María José: Era de esperarse. Todo el mundo estaba grabando anoche en el hotel durante el arresto.

Fernanda: (alterada) Debe haber una equivocación, María José. Christian no pudo matar a Juan. Explícame qué fue lo que pasó. 

María José: ¿Qué más quisiera yo que fuera mentira, Fernanda? 

Fernanda: (desesperada) ¡Es que no puede ser!

María José: Yo misma vi el cuerpo anoche. Además, el director del orfanato donde Juan creció ya confirmó que el cuerpo sí es de él. Juan está muerto y Christian es el principal sospechoso.

Fernanda se lleva una mano al pecho. Retrocede unos pasos y se deja caer en una silla, notablemente impactada.

Paula: No entiendo. Ustedes anoche tenían una cita. ¿Qué fue lo que ocurrió?

María José: Christian nunca llegó. Lo esperé por más de dos horas en el restaurante y justo cuando iba a irme, vi cómo lo estaban arrestando. 

Fernanda: Dios mío, una cosa de estas no puede estar pasando. Debe haber algún error. Christian sería incapaz.

María José: Pues no te equivoques. Eso es lo que tú crees.

Paula interviene y la toma de un brazo.

Paula: María José, ahorita no es el momento…

María José: (soltándose) Yo no pienso seguir callando.

Fernanda: (desconcertada) ¿De qué están hablando? 

María José: Mira, Fernanda. Yo no sé si tú ya estabas al tanto, pero tu marido, ese mismo asesino que te obligó a regalar a Juan y que años después mató a su padrino, estuvo buscándolo por mucho tiempo con el tal Octavio Luján, que al parecer es un asqueroso policía corrupto.

Fernanda y Paula comparten miradas de complicidad, pues ya ambas estaban al tanto.

María José: Tan solo hace una semana, el policía ese fue a la casa para buscar a Emiliano. Por lo que entendí había alguien más involucrado que sabía del paradero de Juan y los estaba chantajeando. Ahí luego vino Christian. Él también sabía dónde estaba Juan y lo entregó. ¿Te das cuenta?

María José pregunta muy indignada con un amargo nudo en la garganta.

María José: Christian no es una santa paloma como tú crees. Delató a Juan para que lo mataran. Él perfectamente pudo matarlo anoche por más que lo niegue y ante eso no me voy a quedar tan tranquila. Voy a contar lo que sé a la policía.

Fernanda solo endurece los ojos y baja la mirada.

Fernanda: Es mejor que no te metas más, María José.

María José: (desconcertada) ¿Perdón?

Fernanda: (levantándose) Tú no eres parte de nuestra familia. Todos nuestros secretos y problemas, son eso, nuestros. Tú no dejas de ser una desconocida, así que no empeores las cosas.

María José: ¿Debo asumir que entonces tú sí estabas al tanto?

Paula: Me parece mejor que dejes de indagar en esos asuntos, hija. 

Paula intenta tomar a la muchacha de un brazo, pero ella se suelta. 

María José: Responde, Fernanda. ¿Tú sabías que Emiliano estaba buscando a Juan para matarlo? 

Fernanda: Emiliano es como el mismo demonio. Tú no lo conoces. ¿Qué podía hacer? 

María José: (muy indignada) Esto es el colmo. ¿Qué clase de madre eres?

Paula: María José, ya basta.

María José: Tú no me digas nada, madrina. Contigo también tengo una conversación pendiente. En cuanto a ti, Fernanda,  ¿no te bastó con abandonar a Juan de niño? ¿Cómo dejaste que lo mataran así?

Fernanda: Tú no sabes nada sobre mí y de lo mucho que me costó esa decisión. Yo te lo conté aquel día en el hospital. Te conté mi historia.

María José: Pura palabrería barata. Todavía fuiste tan cínica de decirme ese día que te querías acercar a él para ser la madre que nunca pudiste ser y, en el peor momento, lo abandonaste por segunda vez. ¡Tú dejaste que lo mataran! Tú también no eres más que una asesina.

Fernanda: ¡Cállate, maldita!

Fernanda la abofetea. Paula se sorprende y algunas personas alrededor se percatan de la situación. 

Paula: (a Fernanda) ¿Cómo te atreves a pegarle a mi ahijada? ¿Te volviste loca?

María José, sin embargo, le devuelve la bofetada con más fuerza a Fernanda. Paula se sorprende aun más.

María José: ¡A mí no me vas a poner una mano encima! Si mis padres, que en paz descanse, nunca me pegaron, mucho menos te lo voy a permitir a ti. ¿Entendiste?

Fernanda: (adolorida) Eres una maldita insolente, una pecadora, una jezabel. 

Paula: ¡Fernanda, ya basta!

Fernanda: Tú te callas. Esto es tu culpa. Tú trajiste a esta muchachita a mi casa para ponerlo todo de cabeza. ¡Ella trajo la desgracia! Pero se acabó. Yo no pienso soportar más esta perdida. 

Paula: Recuerda que tú y yo tenemos un trato. No puedes hacer esto.

Fernanda: Un trato que rompo en este instante y no me importa si me chantajeas. Total, mi reputación ya se fue al piso con este escándalo. ¡Las quiero lejos a ambas!

Paula: Piensa bien las cosas. Romper los planes de matrimonio no es la decisión más acertada. Tanto a ti como a mí nos conviene esa boda. 

Fernanda: Tu ahijada no es la indicada para mi hijo. Desde que llegó, he tratado de llevarme bien con ella e incluso estuve dispuesta a entregarle lo más valioso que tengo, pero me doy cuenta de que no es más que una muchachita grosera y altanera, llena de pecado y de rebeldía. 

María José: No te preocupes. Después de esto que pasó, yo tampoco pienso casarme con un asesino. 

Paula: María José…

María José: Iba a hacerlo solo para que empezaras tu tratamiento, madrina, para que te salves muy a pesar de que tú también has hecho parte de toda la basura que esconde esta familia y de que no has hecho más que engañarme y de utilizarme, pero ya me cansé de ti y esta gente.

María José les mira con rabia y sale de allí.

Paula: ¡María José! ¡María José, espera!

Paula intenta ir tras ella.

Fernanda: (sonriendo con satisfacción) Creo que ahorita sí te cayó tu teatro barato, cuñada.

Paula: (volteándose) Eres una perra traidora.

Fernanda: (cínica) ¿Yo, por qué? Todo pasa a su tiempo y en su debido lugar. Quizá esto ocurrió como una señal divina para darme cuenta de que esa boda era mala idea. Juan debía morir y sacrificarse para evitar que mi precioso hijo se revolcara con esa zorra de tu ahijada.

Paula: ¿Es lo que tú crees? 

Fernanda: Sí y no te quiero volver a ver nunca más o voy a contarle todo a Emiliano para que sepas las verdaderas intenciones que has tenido desde que llegaste.

Paula: Estás cometiendo un grave error. Te recuerdo que ambas lo hemos venido envenenando. 

Fernanda: Es tu palabra contra la mía, además a ti no te conviene delatarme. Tú tienes más que perder que eres una recién llegada. Yo podría decirle que solo cedí a tus chantajes para cuidar mi reputación, pero ya no me importa si me difamas. Mi único interés es sacar a mi hijo de aquí. 

Paula la observa con una sonrisa llena de amargura y oscuridad, por lo que se acerca para hablarle en voz baja.

Paula: Pues no cantes victoria, querida. La que ríe de último ríe, ríe mejor y te vas a arrepentir muy caro de esto.

Fernanda: Quién se va a arrepentir y va a arder en los infiernos eres tú. Espero no verte en mi casa cuando regrese. Todas tus burlas disimuladas hacia mí ya se acabaron. 

Fernanda la mira con desprecio de arriba a abajo y se adentra a la estación de policía. 

Paula: (susurrando) Vamos a ver quién va a ganar, cuñada. Vamos a ver.

Paula sonríe con una sutil malicia, como si tuviera un as bajo la manga.

CONTINUARÁ…

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