Capítulo 30: Ludicium
EXT. CEMENTERIO – DÍA
Hace un día frío, con indicios de que se aproxima la lluvia. Un sacerdote está reunido alrededor de algunas monjas y seminaristas que han asistido al funeral de quien ellos creen Juan de La Cruz. Grettel también está presente y observa la escena con los brazos cruzados, además de una expresión fría, aunque por dentro parece inquieta.
Grettel: (susurrando) Espero que cumplas con tu palabra, Emiliano y que saques a Juan de la cárcel. Todo el éxito de lo que planeé depende de eso.
Grettel mira hacia el vacío. Endurece los ojos y un turbio recuerdo viene a su memoria.
FLASHBACK
TRES DÍAS ANTES
INT. HOTEL/HABITACIÓN – NOCHE
Grettel termina de vestirse, con la mirada ida y los ojos resecos, denotando que ha llorado. Emiliano se encuentra desnudo, sobre la cama, fumándose un puro con suma tranquilidad.
Emiliano: Nada mal, eh. Claro que las veces anteriores te has movido más rico.
Emiliano le da una nalgada. Grettel, a sus espaldas, pone una expresión de desagrado.
Emiliano: Esta vez estuviste como en otro mundo.
Grettel: (aún dándole la espalda) Mi mamá recién salió del hospital y me debe estar esperando en la casa. ¿Me puedo ir?
Emiliano: Todavía no he terminado contigo, mi chula. Te dije hace un ratito que me ibas a ser de mucha utilidad.
Grettel se gira, indignada.
Grettel: ¿Qué más quieres?
Emiliano se levanta y la mira con perversión mientras le habla sumamente cerca.
Emiliano: Fíjate que mientras te cogía, no pude evitar pensar que ese curita de tres pesos estuvo haciendo lo mismo anoche y si algo detesto es compartir mi mujer. Tú lo has de saber.
Emiliano suelta el humo de su puro mientras la mira con una sonrisa llena de amargura.
Emiliano: Mi esposa y mi hermano se revolcaron quién sabe cuántas veces a mis espaldas, y esta vez no pienso que la vida que he construido se me vaya a la mierda con ese bastardo vivito y coleando por ahí.
Grettel: Emiliano, te lo suplico una vez. Juan nunca va a ser un problema para ti. A él no le interesa tu lana ni la herencia de tu familia.
Emiliano: ¿Y crees que voy a confiar en ti solo porque tú me lo dices?
Grettel: Dime qué tengo qué hacer.
Grettel comienza a arrodillarse mientras solloza.
Grettel: Dime qué quieres que haga para que lo dejes en paz.
Emiliano sigue fumando con aparente calma, pensativo.
Emiliano: ¿Sabes que sí? Hay una cosa de la que sí te puedes encargar, aunque no te puedo garantizar que lo deje en paz.
Emiliano se pone de pie mientras se pasea por la habitación, disfrutando de su puro.
Emiliano: Tú vas a hacer que ese bastardo de Juan de la Cruz salga de su escondite.
Grettel: (negando con la cabeza) Jamás.
Emiliano: Todavía no te digo cómo.
Grettel: No me importa. No voy a ayudarte.
El ambiente cambia. Emiliano deja de sonreír y, de un movimiento brusco, la toma del mentón, obligándola a mirarlo al punto de que sus dedos se clavan con fuerza.
Emiliano: Yo no te estoy pidiendo ayuda, estúpida.
Grettel intenta soltarse, pero él aprieta más.
Emiliano: Vas a llamarlo delante de mí, lo vas a citar no sé dónde y cuando ese curita pendejo llegue. ¡Zas!
Emiliano la suelta con un leve empujón. Grettel lo mira con profunda rabia.
Emiliano: Te lo cargas de una vez.
Grettel niega, con los ojos brillosos, respirando agitadamente.
Grettel: No lo voy a hacer.
Emiliano: Fíjate que yo no necesito que lo hagas. Total, lo puedo matar yo mismito yendo hasta allá o haciendo que venga hacia mí. Esto te lo estoy mandando para darte un escarmiento. Quiero que seas tú la que le ponga fin a ese prospecto de cura barato como castigo por haberte atrevido a traicionarme.
Grettel: Te lo pido, Emiliano. No me obligues.
Emiliano: Pues allá tú. Déjalo así y lárgate. Nada más que cuando llegues a tu casa te vas a encontrar a tu mamita chula con un bonito hueco en la frente y luego no andes diciendo que no te advertí, eh.
Grettel siente la piel helada al escucharlo y se llena de impotencia. Emiliano le da una calada a su puro, observándola desde arriba. Ella permanece de rodillas, derrotada.
FIN DEL FLASHBACK
FLASHBACK
INT. CASA DE LOS FONSECA/HABITACIÓN DE CHRISTIAN – DÍA
Christian recién sale de la ducha, usando una bata de baño mientras se seca el cabello con una toalla. Fija los ojos sobre el frasco de viagra que su madre le había dado, colocado sobre el buró y, de repente, recibe una llamada a su celular.
Christian: ¿Bueno? (Pausa) Ah, eres tú. ¿Qué pasó? ¿Por qué me llamas de otro número?
INT. CORPORATIVO FONSECA/OFICINA PRESIDENCIAL – DÍA
Grettel se encuentra al otro lado de la línea, sosteniendo un celular de los antiguos, mientras tiembla. Emiliano la rodea por detrás. El celular se encuentra en altavoz.
Grettel: Perdí mi celular y me compré uno nuevo. Te llamaba para preguntarte algo. ¿Crees que podamos vernos esta noche?
INTERCUT CHRISTIAN/GRETTEL
Christian: ¿Esta noche? Tengo un compromiso. ¿Por qué?
Grettel: Necesitamos hablar.
Christian: Voy a estar ocupado, ya te dije.
Grettel: Esto es importante. Encontré unos contratos que dejan en muy mala posición al corporativo. Podríamos usarlos para hundir a Emiliano.
Christian: (sorprendido) ¿Estás segura?
Grettel: Es probable. Creo que es dinero que entró de forma ilegal para apoyar constructoras fantasmas porque ni siquiera existen. De ser así, el corporativo podría estar siendo usado de fachada para esconder dinero procedente del narcotráfico.
Christian: Bueno, podríamos revisar. Veámonos entonces esta noche, aunque no me puedo demorar. Te voy a mandar la ubicación. ¿Te parece como a eso de las siete?
Grettel: Sí, no hay problema, pero envíamela a este número por mensaje de texto, porfa. Este teléfono no tiene GPS.
Christian: Está bien.
Christian cuelga el celular y se queda pensativo mientras golpea con suavidad el celular en la palma de la mano. Grettel, por su parte, también ha colgado. Emiliano le arrebata el celular y comienza a reírse.
Emiliano: Órale, hasta buena actriz saliste.
Emiliano la toma con brusquedad del mentón.
Emiliano: Esta vez el cura barato ese no se me va a escapar y todo gracias a ti, mi chula. Va a morir traicionado por la persona que menos se espera.
Emiliano la suelta de mala gana, le da la espalda y continúa riéndose. Grettel intenta guardar la compostura.
FIN DEL FLASHBACK
FLASHBACK
INT. HOTEL/ASCENSOR – NOCHE
Una mujer en tacones rojos se baja del ascensor, el cual emite un sonido al llegar al piso de la suite. Camina con elegancia, aunque solo pueden verse sus piernas. Toca la puerta un par de veces. Christian no tarda en abrir, aunque desencaja el rostro al ver a la misteriosa recién llegada.
Christian: ¿Tú qué estás haciendo aquí?
Christian observa a la joven, quien de espaldas luce rubia y usa lentes de sol.
Christian: (confundido) ¿Quién eres? Estoy esperando a otra persona.
De repente, la mujer saca del bolso un cuchillo y el joven recibe una mordaz puñalada en el abdomen infringida por un cuchillo. Christian apenas emite un leve gemido y abre los ojos de par en par. Instintivamente se lleva una mano al abdomen y, cuando la retira, la encuentra cubierta de sangre. La mujer no da espera y lo empuja hacia el interior de la suite para luego intentar propinarle otra puñalada. Christian la retiene de la muñeca, intentando defenderse, pero la misteriosa visitante lo golpea en los testículos y aprovechando esa debilidad, en cuestión de segundos, lo apuñala en la espalda, saca el cuchillo y vuelve a apuñalarlo en la misma zona varias veces más al tiempo que grita desesperada. Una de las puñaladas cae en el brazo, dos en el pecho y una en el hombro. Christian termina por perder el equilibrio y cae de rodillas.
Christian: (en un hilo de voz) ¿Qu…? ¿Qué quieres?
La mujer, a la que todavía se le ve de espaldas, se queda inmóvil por un momento. Respira exhausta y tiembla. Da unos pasos hacia atrás y cierra la puerta de golpe.
Christian: Ha… Habla… ¿Qui…? ¿Quién te manda?
Christian escupe sangre por la boca y cae al piso de lado. Durante unos segundos reina el silencio y la mujer decide retirarse los lentes para lanzarlos al piso. Christian se sorprende.
Christian: ¿Tú?
En efecto, Grettel es aquella misteriosa mujer, usando evidentemente una peluca rubia. Tiene el rostro desencajado, además de los ojos hinchados y rojos.
Christian: ¿Por…? ¿Por qué?
Grettel no responde y un amargo nudo se le hace en la garganta, sin poder dejar de temblar.
Christian: (débil) ¿Por qué estás haciendo esto?
Grettel intenta balbucear unas palabras y deja caer el cuchillo, pero los labios también le tiemblan y solo puede romper a llorar.
Grettel: Perdóname.
Christian luce confundido y comienza a desangrarse.
Grettel: Yo no quería hacerlo, pero me obligaron y no tuve más opción. ¡Perdóname, perdóname, por favor! (Llora desesperada)
Christian: ¿Emi… Eliano?
Christian apenas consigue balbucear el nombre y escupe más sangre.
Christian: ¿Él…? ¿Él te… obligó?
Grettel llora aterrada, y asiente levemente con la cabeza.
Grettel: Emiliano descubrió que tú lo engañaste y que todo lo del cuerpo de la morgue era una farsa. Tenía a alguien siguiéndonos en Villa Encantada.
Christian respira con dificultad.
Grettel: Quería que yo matara a Juan. Quería que yo le tendiera una trampa para castigarme por haberlo traicionado, pero no pude.
Las lágrimas le corren por las mejillas.
Grettel: Juan es el amor de mi vida y lo amo. Lo amo demasiado demasiado para hacerle una cosa así y si me negaba, Emiliano iba a matar a mi mamá y ella tampoco se lo merece. No tuve más opción. ¡Perdón!
Grettel se deja caer al piso, llorando desconsolada.
Grettel: ¡Perdóname! Yo no quería llegar a esto. Perdóname, te lo pido.
Christian derrama una lágrima discreta que se le desliza por la mejilla.
Christian: Qui… quieres… (Hace una pausa) Quieres hacerme pasar por él, ¿no? Es tu plan.
Grettel sigue llorando de fondo, incapaz de replicar a esa afirmación. Christian deja escapar una risa amarga que termina convirtiéndose en tos y en más sangre.
Christian: Qué irónico. Desde que… (Pausa) Desde que supe que estaba vivo y… lo conocí, lo envidié (Sigue sonriendo). Hubi… Hubiera que… Hubiera querido vivir su vida y… ahorita me voy a morir en su lugar.
Grettel: (desconsolada) Es la única forma de salvarlo, así que necesito que lo llames ya y le pidas que venga.
Christian cierra los ojos con fuerza, sintiendo cómo se desangra.
Grettel: Tú también quisiste protegerlo y en el intento mataron a Benjamín. En cada guerra hay sacrificios y esta vez te tocó a ti. Yo también debo protegerlo, así sea manchándome las manos de sangre. No me importa con tal de que no le hagan daño.
FIN DEL FLASHBACK
FLASHBACK
VILLA ENCANTADA
INT. CASA DE CHELA – NOCHE
Chela se encuentra viendo la televisión, sentada en el sofá mientras teje. Juan está terminando de lavar los platos en la cocina.
Chela: (emocionada) Ay, está buenísima esta telenovela.
Juan: ¿A poco cuál están pasando?
Chela: “La Luz de La Esperanza”. Estoy chille que chille con cada capítulo. Le pasa de todo a la pobre protagonista. Me recuerda mucho lo que viví de joven.
De repente, suena el teléfono.
Juan: Yo contesto. Ha de ser el padrecito que se fue así sin despedirse.
Chela: Puede que sí.
Juan se seca las manos en un trapo y se apresura a contestar.
Juan: ¿Bueno?
CIUDAD DE MÉXICO
INT. HOTEL/HABITACIÓN – NOCHE
Christian permanece en el piso y se queda en silencio unos segundos al escuchar la voz de su hermano gemelo. El celular está en altavoz. Grettel aprieta los ojos, destrozada.
Juan: (voice over) ¿Bueno? ¿Quién habla?
Christian: Juan…
INTERCUT JUAN/CHRISTIAN
Juan cubre el auricular del teléfono y habla en voz en baja para que su abuela no lo escuche.
Juan: ¿Christian?
Christian: Necesito que nos veamos.
Juan: (extrañado) ¿Ahorita mismo?
Chela percibe que algo anda mal.
Christian: Sí. Es urgente.
Juan: ¿Qué pasó, pues? Te oigo raro.
Christian: Te digo acá. Anota la dirección.
Juan: Está bien. Espérate ahí.
Juan busca rápidamente dónde escribir y deja el teléfono recostado en la mesa.
Chela: ¿Qué pasó, mijo?
Juan: Necesito anotar algo.
Chela: Busca ahí en los cajones. Creo que hay una libreta.
Juan abre todos los cajones de la cómoda y encuentra una pequeña libreta en el último. Luego, toma una pluma y vuelve al teléfono, sosteniéndolo entre la cabeza y el hombro para poder escribir.
Juan: Sí, dime.
Juan comienza a escribir la dirección. Tarda unos segundos.
Juan: Te veo allá.
El joven cuelga el teléfono, poniéndolo en la base, arranca la hoja y se dirige a la sala de estar.
Juan: Chela, necesito que me des algo de lana. Tengo que viajar ya mismo a México.
Chela: (extrañada) ¿A esta hora? El último camión sale a las siete y eso es en diez minutos.
Juan: Pues con más razón me tengo que ir ya.
Chela: ¿Y por qué te vas así tan a la ligera? ¿Quién era?
Juan: Luego te llamo y te explico, ¿sí? Mejor ni te digo para que no te preocupes ahorita. Por ahora, préstame algo para pagar el camión y ya luego miro cómo te lo regreso, por favor.
Chela: Está bien. Espérate tantito.
Chela se pone de pie y va a su habitación. Juan mira la hoja, pensativo.
INT. HOTEL/RECEPCIÓN – HORAS DESPUÉS
Juan ha llegado al hotel, confundido y se acerca a la recepción en donde lo atiende un empleado.
Juan: Buenas noches.
Recepcionista: Buenas noches, caballero. ¿Cómo lo puedo ayudar?
Juan: Sí, mire. Voy para esta habitación. Me están esperando.
Juan le muestra los detalles en la hoja al joven.
Recepcionista: Deme un momento. Voy a llamar para autorizar la visita. ¿Cuál es su nombre?
Juan: Dígale que es Juan.
El recepcionista toma el teléfono y marca el número de la habitación. Espera unos segundos hasta que le contestan.
Recepcionista: Buenas noches, señor. Tengo aquí a una persona que pregunta por usted. Dice llamarse Juan (Hace una pausa). Perfecto. Gracias por confirmar.
El recepcionista cuelga y le devuelve una sonrisa amable a Juan.
Recepcionista: Lo están esperando. Piso doce, suite mil doscientos tres.
Juan: Gracias, joven.
Juan se dirige al ascensor y lo llama, presionando el botón correspondiente. Minutos después, el hombre se baja del ascensor en el piso principal donde se ubica la suite, se acerca a la puerta y se detiene con extrañeza al verla entreabierta, por lo que toca.
Juan: ¿Christian?
Hay silencio absoluto y la puerta se abre por efecto de los toques. Juan duda en pasar, aunque lo hace con cautela.
Juan: Christian, soy yo.
Es así como, sin esperarlo, recibe un golpe seco fuertemente en la cabeza, propinado con una botella por una figura femenina. Juan cae al suelo, aturdido. Toda la imagen a su alrededor se desenfoca hasta que recibe un segundo golpe seco que lo hace perder el conocimiento. De abajo hacia arriba se enfoca a Grettel, sosteniendo la botella. La suelta y tiembla, con el maquillaje corrido. Christian yace en el piso, en un charco de sangre.
Christian: ¿Por qué lo golpeaste?
Grettel tarda en responder y levanta el cuchillo del piso.
Christian: ¿Qué…? ¿Qué vas a hacer?
Grettel: Juan nunca me va a perdonar que te haya hecho esto. Él no se puede enterar o me va a odiar toda la vida.
Grettel se acerca a pasos lentos al joven, sosteniendo con firmeza el cuchillo.
Grettel: Y no me quiero arriesgar a que, para cuando llegue la policía, te encuentren con vida y eches a perder todo. Tienes que morir.
Grettel se pone en cuchillas y alza el cuchillo.
Grettel: Perdóname.
Christian siente que se le dilatan las pupilas, aunque ni intenta defenderse y recibe dos puñaladas en el cuello por parte de la mujer. Grettel rompe a llorar y suelta el cuchillo aterrada ante lo que ha hecho. Juan permanece en el piso, inconsciente. Christian, por su parte, termina escupiendo incluso más sangre que antes.
FIN DEL FLASHBACK
FLASHBACK
INT. CASA DE LAS GÓMEZ – NOCHE
Grettel se acaba de encerrar en su habitación y se desliza en la puerta, llorando mientras se cubre la boca con las manos para no ser oída.
Grettel: Yo no estuve ahí, no estuve… Nadie lo puede saber.
Es de notar que ya no usa la peluca. De repente, el celular suena y ella se sobresalta. Duda en contestar, pero al final lo saca del bolso y atiende la llamada.
Grettel: ¿Bueno?
INT. CORPORATIVO FONSECA/OFICINA PRESIDENCIAL – NOCHE
Emiliano, al otro lado de la línea, observa el espectacular panorama nocturno de la urbe mientras bebe un poco de alcohol en un vaso.
Emiliano: ¿Lo hiciste?
INTERCUT GRETTEL/EMILIANO
Grettel traga saliva, afectada profundamente de forma psicológica por la monstruosidad que ha cometido.
Grettel: Sí.
Emiliano bebe un poco de su vaso y sonríe. Grettel habla en voz baja.
Grettel: Me aseguré de usar un disfraz y limpié mis huellas, hasta las del ascensor, aunque tengo miedo. Tengo miedo de que me descubran.
Emiliano: Nada te va a pasar, mi chula. Tú tranquila. Lo siguiente es que tires ese celular a un río o algo para que la policía no rastree la llamada que le hiciste a ese bastardo esta mañana.
Grettel: (llorando) Fue horrible. Había mucha sangre en el piso. Me convertí en una asesina por tu culpa, Emiliano. Me voy a volver loca. Juan no se lo merecía.
Emiliano. Ay, ya no empieces. Con el tiempo se te va a olvidar. Era él o tu mamita bella, y espero que con esto hayas aprendido que toda acción tiene su consecuencia, preciosa. Vas a ver como ese cura se te olvida cuando te regale un depa lujoso y un coche. Nada más pa’ que no digas que no te complazco.
Grettel se siente asqueada. Cuelga la llamada y comienza a vomitar compulsivamente.
FIN DEL FLASHBACK
Grettel deja de traer a su cabeza todos esos oscuros recuerdos que la involucran y de los que ella hizo parte. Derrama un par de lágrimas discretas, aunque se las limpia. María José aparece en ese instante, cargando un ramo de rosas blancas y se acerca al ataúd, ya cerrado. Grettel la ve y frunce el ceño.
Grettel: (susurrando) ¿Otra vez ella?
María José se abre paso entre la gente y deja el ramo de rosas sobre el ataúd.
María José: (susurrando) Me vas a hacer mucha falta, Juan.
María José acaricia la superficie del ataúd y un nudo se le forma en la garganta. Ella sigue hablando en voz baja.
María José: Gracias por todo lo que me enseñaste. Gracias por escucharme, por apoyarme, por sacarme una sonrisa cuando más lo necesité. Te voy a querer mucho.
Es así como deja escapar una lágrima resbala por su mejilla.
María José: Ojalá donde estés hayas encontrado la paz que aquí nunca te dejaron tener.
La joven permanece unos segundos inmóvil antes de persignarse. Grettel sigue observando con cautela, cruzada de brazos.
EXT. DELEGACIÓN – DÍA
Entretanto, varias cámaras y micrófonos se aglomeran frente a la entrada de la delegación. Emiliano, usando lentes de sol, desciende de una camioneta acompañado de un abogado de traje impecable. Los reporteros se abalanzan de inmediato con sus micrófonos y tomando fotos.
Periodista 1: ¡Señor Fonseca! ¿Cree que su hijo es responsable del homicidio?
Periodista 2: ¿Cómo explica el hecho de que su hijo matara a un individuo exactamente igual a él? ¿Tuvo usted gemelos?
Periodista 3: ¿Por qué ocultaron la verdad tantos años?
Emiliano adopta una expresión serena y afligida.
Emiliano: Mi hijo es completamente inocente. Confío plenamente en la justicia y estoy seguro de que eso quedará demostrado en menos de lo que canta un gallo.
Periodista 3: Entonces ¿niega cualquier vínculo con el crimen?
Emiliano: Lo único que voy a decir por ahora es que la verdad va a salir a la luz, mijitos. Más adelante les voy a dar declaraciones más amplias. Gracias. Es todo. Gracias.
El abogado interviene y ayuda a abrir paso entre los periodistas.
INT. HABITACIÓN DE HOTEL – DÍA
Chela observa la transmisión en vivo desde la televisión, sentada en la cama.
Chela: Más te vale sacar a Juan de la cárcel, Emiliano porque si no, se te va a venir el mundo encima. Ahora sí te llegó la hora. La muerte de mi niño y de tanta gente no va a quedar impune.
Los ojos del ama de llaves se endurecen.
INT. DELEGACIÓN – DÍA
Fernanda ve entrar a Emiliano y deja escapar un suspiro de alivio, por lo que se le acerca apresuradamente.
Fernanda: ¿Dónde estabas? Llevo horas llamándote.
Emiliano le sonríe delante de todos y le toma las manos con aparente ternura.
Emiliano: Tranquila, mi amor. Ya estoy aquí.
Fernanda intenta decir algo más, pero Emiliano se acerca a su oído sin borrar la sonrisa.
Emiliano: Cálmate y déjamelo todo a mí.
Fernanda se queda inmóvil.
Emiliano: Nada más sígueme el juego y no le des declaraciones a nadie. Si alguien te pregunta algo, tú di que sí a todo lo que diga el abogado o a lo que diga yo. ¿Entendido? No la cagues a menos que quieras que se hunda el “bueno para nada”.
Fernanda baja la mirada, incómoda. Emiliano vuelve a sonreír como si nada hubiera ocurrido y le acomoda un mechón de cabello delante de los presentes.
Emiliano: Todo va a salir bien, querida. Nuestro muchacho va a salir de este malentendido. Confía en mí.
Fernanda no responde. Emiliano se vuelve hacia el abogado.
Emiliano: Vamos. No hay tiempo que perder.
El abogado asiente y ambos se alejan por el pasillo mientras Fernanda permanece inmóvil, observándolos con creciente inquietud.
INT. HOSPITAL/SALA DE ESPERA – DÍA
Martha se encuentra sentada, rezando con bastante fervor e intensidad y a ojos cerrados. Un médico se acerca y se quita el cubrebocas.
Doctor: ¿Familiares de Jesús Ramírez?
Martha abre los ojos de inmediato, se incorpora y se acerca al médico.
Martha: Yo soy una amiga de él, doctor. ¿Cómo sigue el padrecito?
Doctor: Por fortuna, bien. La cirugía fue un éxito.
Martha: (muy aliviada) ¡Ay, gracias a Dios!
Doctor: Fue una cirugía larga, pero logramos estabilizarlo y todavía necesita estar en observación por las próximas veinticuatro horas que son decisivas para ver cómo evoluciona.
Martha: Bueno. Lo importante es que ya pasó por lo peor y lo más difícil. Me imagino entonces que todavía no puedo entrar a verlo.
Doctor: Es prudente esperar hasta mañana por lo menos.
Martha: Claro, claro. Entiendo. Le agradezco mucho. Dios lo bendiga.
Doctor: Gracias. Con su permiso.
El doctor le sonríe y se retira. Martha se da la bendición y besa el crucifijo de su rosario.
Martha: ¡Gracias, Señor! ¡Gracias, Virgencita! Nada más falta ver que mi muchacho salga de esa cárcel tan horrible. Yo sé muy bien que sí es él y lo confundieron.
Martha sigue dando gracias, evidentemente más tranquila.
INT. DELEGACIÓN/SALA DE INTERROGATORIO – DIA
Juan es conducido por un policía al lugar, esposado. El abogado ya espera allí, sentado frente a la mesa. Juan entra a la sala y el policía cierra la puerta. El abogado se pone de pie.
Roberto: Buenos días, señor Fonseca.
Juan: (con suspicacia) Buenos días.
Roberto: Permítame presentarme. Yo soy el licenciado Roberto Durán y a partir de este momento voy a encargarme de su defensa. Tome asiento, por favor.
Juan se ve suspicaz y se sienta al frente al mismo tiempo que el abogado
Juan: ¿Quién lo manda? ¿Fernanda o es un abogado del estado?
Roberto: En realidad, me contrató su padre (Juan frunce el ceño al oírlo). Emiliano quiere que hagamos esto rápido y limpiarse del escándalo cuanto antes.
Juan guarda silencio, confundido. Roberto saca una carpeta de su portafolio y la pone sobre la mesa.
Roberto: Esta es una copia de la investigación que la fiscalía y el detective asignado al caso realizaron.
Juan la toma con curiosidad y la abre. Ve reportes, notas y algunas fotografías de las cámaras de seguridad, fotografías de él mismo ingresando a la suite.
Roberto: Tuve que echar un vistazo rápido, ya que no tenemos mucho tiempo y la audiencia es en dos horas.
Juan: ¿Cree que sí me pueden soltar?
Roberto: No lo creo. Estoy seguro y se lo garantizo. Emiliano me ha tenido como su abogado personal y del corporativo por casi veinte años y no se conoce un solo caso mío que pierda.
Juan: Hum, ya veo, aunque mi caso está cañón. El cuchillo tiene mis huellas porque me lo pusieron en la mano.
Roberto: Sí, yo lo sé. La fiscalía sostiene que usted participó en el homicidio de Juan de la Cruz Quintana, sin embargo, como puede ver ahí, hasta ahora la evidencia es circunstancial.
Juan escucha atentamente y sigue revisando la carpeta.
Roberto: Hay grabaciones del hotel, un solo testimonio del recepcionista y algunos peritajes, pero nada demuestra que usted haya apuñalado a la víctima ni que haya ordenado hacerlo por parte de la presunta asesina que aparece en las grabaciones.
Juan: Entonces ¿sí fue una mujer?
Roberto: Es la persona que claramente apuñala a la víctima en el video. Luego, se ve que usted llega, entra, ella sale al rato y unos minutos después, llega la policía. Es evidente que querían inculparlo.
Juan asiente levemente y cierra la carpeta.
Roberto: Lo más importante es que no cambie su versión. Manténgase firme en lo que declaró en la entrevista preliminar. Cualquier contradicción podría perjudicarlo.
Juan: ¿Hay algo más?
Roberto: ¿A qué se refiere?
Juan duda antes de formular la pregunta.
Juan: Pues algo relacionado con mi identidad, no sé.
Roberto: No. Lo único inusual son unos análisis de sangre que confirman que usted y la víctima eran hermanos biológicos.
Juan parece relajarse apenas un poco. Roberto lo mira con curiosidad.
Roberto: ¿Por qué le preocupa?
Roberto: Pues porque nos parecemos mucho y pensé que podían confundirnos.
Roberto: No existe nada en la carpeta que sugiera eso. Mientras mantenga su declaración, no debería haber problema. Confíe en mí. Va a ser libre después de esa audiencia.
Roberto sonríe con malicia. Juan solo se queda pensativo.
INT. DELEGACIÓN DE POLICÍA/PASILLO – DÍA
Emiliano conduce discretamente a Fernanda hasta una zona apartada del pasillo. Ella se deja llevar y ambos hablan en voz baja.
Fernanda: (confundida) ¿Qué pasa?
Emiliano: Escúchame bien mientras viene el abogado. Si algún periodista, policía o quién sea te pregunta algo, vas a decir lo siguiente sin agregar absolutamente nada. Vas a declarar que el viejo metiche ese de Evaristo trabajaba como jardinero en la casa, se robó a uno de los chamacos recién nacidos y que nos chantajeó por años pidiendo lana.
Fernanda: (sorprendida) Estás loco. Esa es una explicación muy descabellada. Van a preguntarnos por qué nunca denunciamos.
Emiliano: (exasperado) ¿Qué importan los detalles, mujer? Por más chafa que esté la explicación, es lo único que tenemos para justificar el porqué nos apareció un gemelito de la nada. ¿O qué prefieres? ¿Decirle al mundo entero que abandonaste uno de tus retoñitos?
Fernanda: Tú me obligaste. Ibas a matar a uno.
Emiliano: Y tú no hiciste el alto de oponerte. Te recuerdo que agarraste uno de los chamacos y se lo regalaste sin pestañear al viejo ese por una buena lana que salió de mi bolsillo. En esta historia, los dos estamos en el mismo barco, mi amor. Tú no te salvas.
Fernanda: Lo hice para protegerlo de ti, pero ¿de qué me sirvió si años después por fin te diste el gusto de matarlo?
Emiliano se sorprende al verse enfrentado.
Fernanda: Y no me mires así. Yo sé que llevabas tiempo buscándolo para acabar con él, Emiliano y lo lograste. Mataste a uno de mis hijos.
Emiliano: ¿Y qué querías? El pendejo me estaba siguiendo también la pista y yo no iba a arriesgarme a perderlo todo. Lo peor es que el “bueno para nada” y él se estaban aliando en mi contra porque al parecer tus dos retoñitos se encontraron. Estaban unidos para acabar conmigo y la traición, chiquita, esa no la perdono. Más bien agradece que le estoy salvando el pellejo a Christian porque, por alguna razón, el muy pendejo resultó implicado váyase a saber cómo.
Fernanda: ¿Quién fue?
Emiliano no le responde y la mira con rabia.
Fernanda: Evidentemente tú no estuviste en ese hotel esa noche. Enviaste a alguien. ¿Quién mató a Juan?
Emiliano: ¿Y tú cómo sabes que ese bastardo se llamaba Juan?
Fernanda se percata de que ha cometido una imprudencia. Emiliano frunce el ceño.
Emiliano: Que yo recuerde, no tenía nombre cuando lo regalaste. ¿Christian te lo dijo? ¿O es que a poco tú sabías dónde estaba el bastardo y no me lo dijiste?
Fernanda: ¿Qué importa si lo sabía y no te lo dije? Está muerto, además la que te hizo una pregunta fui yo. Merezco saber quién mató a mi hijo.
Emiliano: Hablas con tanta propiedad del bastardo que parece que lo hubieras criado.
Fernanda: (solloza) Da igual si lo abandoné. Yo lo di a luz y también me dolió como a cualquier madre. Yo jamás hubiera querido que lo mataran.
Emiliano: Pues te vas a quedar con la duda. No te lo voy a decir.
Emiliano se limita a acomodarse el saco y se retira de allí con discreción. Fernanda se recuesta en la pared y se toca el pecho.
INT. HOSPITAL/HABITACIÓN DE OCTAVIO – DÍA
Octavio permanece acostado en la cama, con parte del rostro cubierto por vendajes. Gael está sentado junto a la ventana, inusualmente callado.
Octavio: (fastidiado) Ya me quiero pintar de aquí. Me estoy volviendo loco encerrado. Con todo esto, ni siquiera sé qué está pasando allá afuera y ni las noticias puedo ver.
Octavio nota que su hijo apenas le está prestando atención.
Octavio: ¡Gael!
Gael: (reaccionando) ¿Ah?
Octavio: ¿Y ahora qué mosca te picó?
Gael: Nada. ¿Por qué?
Octavio: ¿Cómo que por qué? Estás en otro lado. ¿En qué tanto estás pensando?
Gael: Estoy un poco cansado. Es todo. No te preocupes. Tú más bien ocúpate de descansar.
Octavio hace un gesto de fastidio.
Octavio: Ya descansé lo suficiente. Me tiene harto este hospital.
Gael: Ten paciencia. En unos días te dan de alta y nos vamos.
Octavio: ¿Nos vamos? ¿Para dónde?
Gael saca del bolsillo de su chaqueta dos boletos de avión y los tira sobre la cama. Octavio los toma y los observa, desconcertados.
Octavio: ¿Qué es esto?
Gael: Los compré esta mañana. Quiero que cuando te recuperes, nos vayamos lejos de este país, papá. Puedes operarte la cara en el extranjero con el dinero de tu jubilación. Los vuelos son en un mes.
Octavio: ¿Me estás hablando en serio? ¿Qué hay de tu trabajo?
Gael: Mi trabajo es lo que menos me importa. Quiero renunciar y más después de la decepción tan chingona que me llevé de ti.
Octavio: Gael, hijo, no hace falta que hagas esto. Tú no que eres igual que yo.
Gael: Podré no serlo, pero me siento como una mierda cada vez que me acuerdo de todo lo que fuiste capaz de hacer y lo peor es que te encubrí, papá. Oculté información que te comprometía para salvarte y lo sigo haciendo.
Octavio: (desconcertado) ¿De qué estás hablando? ¿Qué más ocultaste?
Gael: ¿Qué importa? El punto es que estoy harto y me quiero largar. Quiero que nos alejemos de Emiliano Fonseca y de todo lo que tenga que ver con ese tipo.
Octavio: Me parece que estás exagerando. Emiliano no me ha hecho nada porque si quisiera, ya lo habría hecho ahora que estoy vulnerable postrado en esta pinche cama.
Gael: Porque ahora está en medio de un escándalo y no tiene tiempo para ocuparse de ti, pero en cuanto esté libre, va a venir a arreglar cuentas contigo por haberlo amenazado.
Octavio: ¿Qué escándalo? ¿De qué me perdí?
Gael tarda en responder y baja la cabeza.
Gael: Christian Fonseca fue acusado de haber matado al tal Juan de La Cruz (Octavio se sorprende). Toda la prensa ya sabe que Emiliano tenía otro hijo.
Octavio: ¿De veras lo mató?
Gael: Él no fue. Había una mujer en la escena.
Octavio: (riéndose) Ya decía yo. Christian no tenía los huevos. Emiliano le pidió que matara al otro gemelo esa noche del secuestro y no fue capaz. En cuanto al escándalo, ya vas a ver cómo Emiliano se las arregla. El hijo de puta siempre sabe cómo limpiarse el nombre.
Gael: Da igual lo que pase con esa gente. Tú y yo lo que tenemos que hacer es irnos aprovechando el escándalo antes de que las cosas se calmen.
Octavio: Gael, mi lugar está aquí. No voy a salir huyendo como una rata.
Gael: Te lo suplico, papá. Yo no quiero que te pase nada. Vámonos. Hazlo por mí al menos y vivamos tranquilos.
Octavio no responde y se queda en silencio al ver la mirada suplicante de su hijo.
EXT. ORFANATO “NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE” – DÍA
María José camina despacio a las afueras del establecimiento y tiene un par de recuerdos.
FLASHBACK
Juan: ¡Óigame!
María José se da la vuelta al escuchar. Juan corre hacia ella.
Juan: ¿Qué la trae otra vez por acá en medio de esta lluvia?
María José baja la mirada con un ardiente nudo en la garganta.
Juan: (extrañado) ¿Se encuentra bien?
María José: La verdad es que… (Pausa) Ni yo misma sé por qué vine. Quería hablar con alguien y por alguna razón me acordé de usted.
Juan se sorprende al oírla.
María José: (solloza) Me siento perdida y no tenía a dónde más ir. Perdóneme por molestar.
Juan: Claro que no. ¿Cómo cree? No es ninguna molestia. ¿Por qué mejor no entra? Va a agarrar un resfriado si sigue aquí.
Juan le extiende el brazo de forma protectora y le sonríe con dulzura.
FIN DEL FLASHBACK
María José sonríe levemente al recordar y evoca un momento más del pasado.
FLASHBACK
Juan: Y me gusta. Me gusta de verdad ayudar a los demás, pero ¿quién va a estar ahí para mí cuando yo la necesite?
María José: Yo.
María José le toma de una de las manos con delicadeza y ambos se miran a los ojos.
María José: No sé por cuánto tiempo, no sé si para siempre, pero hoy estoy aquí y mientras esté, no te voy a dejar caer.
Juan se queda inmóvil, atrapado en esa mirada que lo desarma. Ella sonríe con dulzura y lo abraza. Esta vez él no llora, simplemente se deja rodear por los brazos de ella por unos segundos. Luego, se separan y sus rostros quedan a una distancia cercana de un par de centímetros. Juan siente que tiembla, pero no se aparta. María José también se queda viéndolo y aunque ambos dudan, terminan uniéndose en un beso lento, cargado de ternura.
FIN DEL FLASHBACK
María José: Te echo muchísimo de menos, Juan… Me enseñaste tanto en tan poquito tiempo.
INT. ORFANATO “NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE”/PASILLO – DÍA
Minutos después, la joven camina al mismo paso que una monja madura. De fondo, se escuchan los niños jugando.
María José: Me pone muy mal escuchar eso, hermana. No tenía ni idea de que el padre Chuy estuviera tan delicado de salud. Espero que se recupere.
Monja: Me imagino que todo lo del fallecimiento de Juan de La Cruz lo dejó muy afligido y para colmo se peleó con el padre Jorge. No es para menos. A todos nos dejó muy tristes la noticia.
María José: Dígamelo a mí… Bueno, yo venía porque de verdad me interesa mucho volver a ocupar el cargo de maestra que el padre Chuy me ofreció hace tiempo y pensé en preguntarle si todavía era posible.
Monja: (pensativa) Pues todavía no hemos ocupado la vacante de maestra y sí que nos haría falta por lo menos una maestra suplente.
María José: ¿Cree usted que yo lo pueda tomar, hermana? Es que de veras me interesa y tal como le dije al padre en su momento, no me tienen que pagar un centavo. Yo lo haría con el mayor de los gustos, como un tipo de labor social.
Monja: ¿Por qué le interesa tanto?
María José sonríe unos instante y tiene un recuerdo más.
FLASHBACK
María José se siente un poco impresionada por las palabras del joven.
María José: ¿Tú ya encontraste tu razón?
Juan: (asintiendo) Claro y la encontré en servir a los demás. Dios nos llama a servir y a amar, y quiero ser esa mano que alguna vez me hubiera gustado que me dieran.
FIN DEL FLASHBACK
María José: Y es por eso que me interesa tanto el puesto. Para serle sincera, yo no soy muy católica. Hace mucho no voy a la iglesia, pero alguien me tendió la mano cuando más lo necesitaba, me abrió las puertas de este orfanato y lo menos que puedo hacer es retribuir lo que recibí con tanto cariño.
Monja: Ay, señorita. La verdad es que no sé qué decirle. Como usted no está titulada, es un poco complicado y es ilegal no pagarle por su trabajo.
María José: Por eso no se preocupen. Déjeme ser la maestra suplente que necesitan, hermana, por favor, por lo menos mientras encuentran una y si necesitan mis documentos, los consigo para que verifiquen mi identidad. No les voy a causar ningún problema.
La monja se queda viéndola con una sonrisa, aunque no se termina de convencer.
INT. DELEGACIÓN/SALA DE AUDIENCIAS – DÍA
La sala permanece en silencio. Juan se encuentra sentado frente al estrado, junto a su abogado. Un juez está presente al igual que la fiscal. Juan ve entrar a Fernanda y Emiliano, y no puede evitar que la presencia del hombre lo perturbe al tiempo que recuerda la noche del secuestro.
FLASHBACK
Juan grita desesperado y con una respiración inconstante, cortada, luego de encontrarse en semejante posición digna de una pesadilla. De pronto una voz retumba en aquel lugar desconocido y solitario.
Emiliano: Veo que no te gustó la sorpresa que te preparé.
Juan se exalta y unos pasos se aproximan, los cuales hacen eco. Emiliano aparece desde la penumbra, fumando, y se acerca. Juan apenas consigue distinguirlo por estar de cabeza.
Emiliano: Y eso que me esmeré. Tenía que prepararte algo digno de todo un cura.
Juan intenta tragar saliva, el corazón se le acelera y suda aparatosamente.
Emiliano: ¿Sabes una cosa? Yo no soy un hombre religioso. Me aburren esas cosas, pero sí me acuerdo de algo que nos contaban en las catequesis de la primera comunión que me llamó siempre la atención. Decían que a San Pedro lo crucificaron al revés porque no se sentía digno de morir como Jesucristo.
Juan tiembla y siente adolorido todo el cuerpo. Emiliano se pone de cuclillas y sonríe con malicia.
Emiliano: Y a ti te queda perfecto.
FIN DEL FLASHBACK
Juan traga saliva e intenta guardar la calma. Emiliano y Fernanda toman asiento. Juan evita mirarlos más de lo necesario. El abogado se inclina discretamente hacia él.
Roberto: Tranquilo. Ya hablamos de esto. Limítese a responder lo que le pregunten. Nada más.
Juan: Sí.
El juez se pone de pie en ese momento al igual que todos los presentes en la sala.
Juez: Siendo las doce horas con quince minutos, se declara abierta la presente audiencia.
Todos toman asiento en cuanto el juez lo hace. Un secretario comienza a leer los datos del expediente. Juan escucha apenas fragmentos. Su atención sigue concentrada en Emiliano, a quien mira de reojo y siente una profunda, pero silenciosa rabia.
Juez: Fiscal, puede proceder.
La fiscal se pone de pie.
Fiscal: Gracias, su señoría.
La mujer avanza unos pasos.
Fiscal: Durante la investigación se recabaron diversos elementos relacionados con los hechos ocurridos en el hotel Grand Luxor donde aparentemente perdió la vida el seminarista Juan de la Cruz Quintana, que estaba solo a meses de ordenarse sacerdote y el cual se hospedaba de forma permanente en el orfanato Nuestra Señora de Guadalupe. El occiso llevaba una semana desaparecido después de ser secuestrado a las afueras del orfanato y misteriosamente apareció esa noche en el hotel.
Emiliano cruza los brazos. Fernanda escucha con atención.
Fiscal: Entre los elementos encontrados, se encuentran las grabaciones de seguridad del establecimiento.
La fiscal toma un control remoto. Una pantalla se enciende en la sala y las imágenes comienzan a reproducirse. Juan fija la vista en ellas. En una pantalla aparecen imágenes del lobby y se ve a Christian acercándose a la recepción. La fiscal pausa.
Fiscal: Como puede observarse, la víctima llegó primero al hotel y se registró utilizando la identidad de Christian Fonseca. La hora de la grabación coincide con el registro en el sistema del hotel.
Juez: ¿Cómo saben que la víctima llegó primero si de acuerdo a la investigación el registro está a nombre del sospechoso y ambos implicados son gemelos?
Fiscal: Porque en esta grabación, el individuo usaba la misma ropa que tenía puesta el cuerpo encontrado en la suite. Podemos verlo en estas fotos.
Juan se pone un poco nervioso. La fiscal muestra fotos del cuerpo de Christian en la escena del crimen. Fernanda se cubre la boca, impresionada. Juan solo mira con dolor. Emiliano dibuja cierta sonrisa de satisfacción.
Fiscal: De hecho, la fiscalía consideró que existe una posible suplantación de identidad.
Emiliano frunce el ceño, extrañado ante lo que oye. Fernanda recuerda fugazmente su plática con Gael.
FLASHBACK
Fernanda: ¿Qué estás insinuando?
Gael: Yo nada, pero es evidente que el occiso era hermano del sospechoso y, por ende, su hijo, uno al que usted regaló para que su marido no lo matara recién nacido (Fernanda se impacta). Y sí, estoy al tanto de la verdad. Mi papá me contó toda la historia.
Fernanda enmudece al verse enfrentada de esa manera.
Gael: Tranquila. Me tiene sin cuidado ahondar en un caso de hace casi treinta años. Me interesa llegar a la verdad de este caso en particular y es que hasta para nosotros como policías nos queda difícil determinar quién es quién, así que…
Gael se inclina un poco hacia adelante y le susurra.
Gael: ¿Quién le garantiza que el sospechoso no es el hijo que usted regaló y que el muerto es el otro con el que usted se quedó?
FIN DEL FLASHBACK
El juez consulta unos documentos.
Juez: ¿Insinúa la fiscalía que el sospechoso aquí presente es en realidad Juan de La Cruz Quintana y la víctima Christian Fonseca?
Emiliano aprieta los puños. Fernanda siente un vacío al contemplar que su miedo sea real. Juan traga saliva y se pone ansioso.
Fiscal: Fue una consideración que hizo parte de las primeras pesquisas, pero la descartamos.
Juan aprieta los ojos, aliviado e intenta guardar la calma.
Juez: ¿Por qué?
Fiscal: Durante las últimas horas se realizaron peritajes sobre el INE del sospechoso.
La mujer entrega el informe al juez.
Fiscal: Los resultados del informe provisto por el detective del caso indican que las huellas registradas en la base de datos del INE bajo el nombre Christian Fonseca corresponden a las huellas del sospechoso y no a la víctima.
El juez revisa rápidamente.
Fiscal: En consecuencia, el sospechoso sí es Christian Fonseca y no existe evidencia pericial que permita concluir una alteración de identidades.
Juez: Entonces seguimos sin saber por qué la víctima se registró utilizando la identificación del sospechoso.
Fiscal: Correcto, su señoría.
El juez vuelve la vista hacia Juan.
Juez: ¿Puede explicarlo?
Juan guarda silencio unos segundos. Emiliano lo observa fijamente. Juan se levanta y tartamudea un poco.
Juan: Sí, señor juez. Verá… Juan había sido víctima de un secuestro hace poco y después de escaparse, vivía con miedo de que lo encontraran otra vez. Es más, el orfanato donde se hospedaba denunció el secuestro y ya ustedes lo dijeron.
El juez escucha con atención mientras revisa los documentos.
Juan: Fue ahí que yo decidí ayudarlo. Le presté mis tarjetas de crédito y mi INE para que, por si las moscas, lo confundieran conmigo. ¿Me entiende?
Fernanda, en el fondo, enarca una ceja y percibe una forma diferente de hablar en el joven.
Juan: Queríamos despistar a sus secuestradores y, esa noche, pues yo tenía que estar en el hotel y lo cité para que habláramos, pero como él tenía mis tarjetas, le pedí que se registrara primero y que me esperara mientras yo llegaba.
Juez: Entiendo. Gracias. Puede sentarse.
Fiscal: Yo tengo una pregunta para el sospechoso, su señoría.
Juez: Proceda.
Fiscal: ¿Desde cuándo mantenía contacto con su hermano, señor Fonseca?
Roberto: ¡Objeción! La pregunta es irrelevante para determinar la participación de mi cliente en el homicidio y estamos desviándonos a un asunto trivial como su identidad, algo que la misma fiscalía ya descartó.
Juez: Ha lugar.
La fiscal se ve obligada a retroceder. Roberto se levanta.
Defensor: Su señoría, las propias grabaciones incorporadas por la fiscalía muestran con claridad cómo una mujer, aún sin identificar, apuñala a la víctima. En la carpeta hay fragmentos de dicha grabación y mi representado no aparece ejecutando la agresión.
Fiscal: Eso no excluye la posibilidad de que haya actuado en complicidad con un tercero.
Roberto: ¿Con base en qué?
La fiscal guarda silencio.
Roberto: No existe una sola prueba que vincule directamente a mi cliente con la agresión o con la persona que claramente cometió el homicidio.
Roberto se pasea al frente del estrado.
Defensor: Tampoco existe evidencia de comunicación con la agresora o un beneficio alguno derivado de la muerte de la víctima por parte de mi cliente. Por el contrario, existe información que apunta a que mi cliente fue golpeado en la cabeza antes de perder el conocimiento en la escena del crimen. Una simple valoración médica permitiría corroborarlo y eso indica que la agresora quería inculparlo.
La tensión aumenta.
Defensor: Por todo lo anterior, su señoría, esta defensa solicita la inmediata liberación de Christian Fonseca Rivas, puesto que no hay material que justifique su detención ni muchos pruebas para vincularlo a un proceso judicial.
La sala queda en silencio. El juez observa la carpeta. Fernanda se ve tensa, con las manos sobre las piernas puestas en modo de súplica. Emiliano se ve serio, aunque sereno. Juan permanece inmóvil, esperando que el veredicto le permita ser libre como planeó.
CONTINUARÁ…













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