Capítulo 39: Ultimum iudicium (2° parte)

INT. HOSPITAL/HABITACIÓN – DÍA

El médico termina de auscultar a Chuy con el estetoscopio. Martha permanece de pie a un costado de la cama, expectante. El médico revisa la tableta con los últimos estudios y sonríe satisfecho.

Chuy: ¿Qué tal me ve, doctor?

Médico: El tratamiento está respondiendo muy bien, padre. Su corazón ha evolucionado favorablemente y los análisis también son alentadores.

Chuy y Martha intercambian una mirada esperanzada.

Médico: Si todo continúa así, en menos de una semana podremos darle el alta.

Chuy: (aliviado) Gracias a Dios. Ya me estaba volviendo loco entre estas cuatro paredes.

Médico: (riendo) Entonces siga obedeciendo las indicaciones para que podamos sacarlo de aquí cuanto antes.

Chuy: Se lo prometo, doctor.

Martha: Muchas gracias por todo.

Médico: Con permiso.

El médico abandona la habitación. Martha vuelve la mirada hacia el sacerdote.

Martha: ¿Ya oyó eso, padre? Ahora sí, más que nunca, tiene que echarle ganas. El orfanato lo necesita.

Chuy: Y yo también necesito volver (Suspira). Dejé demasiadas cosas pendientes.

Martha asiente, aunque su expresión cambia poco a poco. Chuy la observa con atención.

Chuy: ¿Y a ti qué te pasa? Te noto un poco decaída.

Martha: No es nada. No se preocupe.

Chuy: Preocupado ya me tienes con esa cara, mujer. Anda. Dime qué te ocurre.

Martha duda en responder y resopla.

Martha: Es Grettel. Fui a verla hace días e imagínese que descubrí que está embarazada.

Chuy: (sorprendido) ¿Embarazada dices?

Martha: (asintiendo) Sí, pero eso no es lo que me preocupa. Es más, debería alegrarme, pero hay algo que me tiene muy inquieta. Tengo el presentimiento de que ese niño es de Emiliano Fonseca.

Chuy: (alarmado) Dios quiera que no, aunque si así fuera, ese bebé no tiene la culpa de los pecados de sus padres.

Martha: Yo sé. Lo que me angustia es pensar en lo qué esté planeando esa muchacha porque algo se trae en mente, solo que no me quiso decir. Ni siquiera me confirmó quién es el papá.

Chuy frunce ligeramente el ceño y se queda pensativo.

Chuy: Ahora que lo mencionas, antes de que me diera el infarto, Grettel vino a verme al orfanato.

Martha: ¿Y qué le dijo?

Chuy: Que necesitaba confesarme algo muy malo que había hecho, pero ya no alcanzó. Eso me hace pensar en otra posibilidad.

Martha: Creo que no le estoy entendiendo, padrecito. ¿Qué posibilidad?

Chuy: Quizá ese bebé sea de Juan.

Martha: (impactada) ¿De Juan? ¿Pero cómo?

Chuy: Ellos pasaron una noche juntos en Villa Encantada. Estaban tomados, no sé. Juan no me dio muchos detalles y tampoco hacía falta. El caso es que tuvieron relaciones. 

Martha: (frustrada) Ay, no puede ser. Es mi hija, pero estoy segura de que fue ella la que se le metió por los ojos. Juan jamás le hubiera insinuado nada y la hubiera tocado por voluntad propia. 

Chuy: No vayas a juzgar a Grettel antes de conocer toda la verdad, Martha. Ellos son adultos y sabían lo que hacían.

Martha: Entonces tengo que averiguar. No me puedo quedar con la incertidumbre de saber quién es el papá de ese bebé que viene en camino. 

De repente, tocan la puerta un par de veces.

Chuy: ¿Sí?

Bernardo entra vestido con sus ropas obispales y una actitud reservada.

Chuy: (impactado) ¡Bernardo!

Bernardo: Hola, Jesús. 

Martha se extraña por la presencia del monseñor. 


INT. TIENDA DE ABARROTES – DÍA

Damián se encuentra haciendo la fila para pagar unas cuantas compras en el mostrador y a su espalda, un pequeño televisor transmite las noticias, aunque se encuentra pensativo.



FLASHBACK

Damián: Esta es la vida que he tenido que llevar y así estoy bien.

Juan: Claro que no lo estás, cabrón. El que te hayas conformado con esa vida es bien distinto. 

Damián parece dibujar por primera vez un gesto cargado de tristeza, atípico en él.

Juan: Mira, hagamos algo. Termina el trabajo y hazle llegar ese material al obispo lo más pronto posible. No te acuestes más con Jorge. Es más, si puedes, salte del orfanato hoy mismo.

Damián: ¿Y luego?

Juan: Luego te prometo que te voy a ayudar. Te voy a dar dinero para que estudies o abras un negocio, lo que sea que te saque de la prostitución.

FIN DEL FLASHBACK


Damián: (susurrando) Chale, no sé qué hacer. De la nada este güey me hizo darme cuenta de la mierda de vida que tengo. Es como si me hubiera abierto los ojos. 

Llega el turno de él, aunque no se da cuenta inmerso en sus pensamientos y la cajera le hace una seña.

Cajera: Oye, ya puedes pasar. Es tu turno. 

Damián: (apenado) Ah, sí, perdón.

Damián pone unos cuantos productos de la canasta encima del mostrador y es cuando, de repente, las noticias transmiten un reportaje que llama la atención del muchacho.

Presentadora: Y en otra información, autoridades continúan investigando el incendio registrado durante la noche en las instalaciones del orfanato Nuestra Señora de Guadalupe.

Damián se queda completamente inmóvil y levanta de inmediato la mirada hacia el televisor. En pantalla aparecen imágenes del orfanato parcialmente destruido. Varios bomberos continúan trabajando entre los escombros.

Presentadora: De acuerdo con los primeros reportes, todos los menores y trabajadores que se encontraban en el lugar lograron ser evacuados a excepción del presbítero Jorge Mendoza, subdirector del orfanato… 

La foto del sacerdote aparece en pantalla. Damián se impacta.

Presentadora: … el cual, según testigos, fue quien provocó el incendio en medio de la polémica que ha comenzado a circular en redes por unos presuntos videos íntimos del religioso. El estado del sacerdote es reservado hasta ahora y…

La presentadora continúa hablando mientras aparecen imágenes de las llamas de la noche anterior. Damián apenas puede reponerse.

Damián: (en un hilo de voz) No puede ser… El hijo de su madre quemó el orfanato. 

Cajera: ¿Todo bien?

Damián reacciona y solo asiente, por lo que prosigue a pagar los productos aún impactado por la noticia.


INT. HOSPITAL/HABITACIÓN – DÍA

Chuy y Bernardo se encuentran a solas. El segundo permanece de pie mientras que el primero se encuentra recostado.

Chuy: Me sorprende tu visita, perdón, su visita. Hace siglos usted y yo nos veíamos.

Bernardo: Puedes tutearme. No tienes que tratarme como un desconocido. 

Chuy: Usted es el obispo y el monseñor de la arquidiócesis. Conozco mis límites y sé respetar las jerarquías.

Bernardo: Déjate de tonterías, Jesús. Llevamos casi una vida de conocernos. Yo fui tu mentor. ¿O a poco lo olvidaste?

Chuy: ¿Cómo supiste que estaba aquí?

Bernardo: No fue tan difícil hacer una llamada al orfanato para hablar contigo ayer y preguntar el porqué no estabas al cargo, sino el padre Jorge Mendoza.

Chuy: Técnicamente sigo al cargo. Tengo una apoderada que es precisamente una de las maestras del orfanato. No quería que ese hombre hiciera de las suyas mientras estoy acá.

Bernardo: Por el tono, es muy evidente que no es tu agrado.

Chuy: Desde hace tiempo no lo es. Jorge es una de las peores personas que he podido conocer en la vida.

Bernardo: ¿Por qué lo dices? 

Chuy baja la cabeza con incomodidad frente a ese cuestionamiento

Bernardo: Chuy, pregunté por tu estado físico antes de entrar para poder comunicarte esto y evitar que te afectara más de lo que debía.

Chuy: (extrañado) ¿De qué estás hablando? ¿Comunicarme qué?

Bernardo tarda en responder. Chuy nota que algo anda mal.

Chuy: Bernardo, ¿qué ocurre?

Bernardo: Ayer destituí a Jorge de todas sus labores eclesiásticas (Chuy se sorprende). Me llegó a la oficina un paquete con fotos explícitas de él sosteniendo relaciones sexuales con otro hombre dentro del orfanato.

Chuy: (impactado) ¿Qué?

Bernardo: (asqueado) Y no era lo único. Eran fotos donde podía verse vestido de mujer. Tuvo la desfachatez de participar en un trío, aunque sus acompañantes tenían el rostro difuminado con algún efecto. Es evidente que le montaron una trampa para dañar su reputación. 

Chuy: ¿Una trampa?

Bernardo: Él mismo lo alegó, aunque claramente su justificación era inválida. El hecho de que fuera una trampa no lo exime de su culpa.

Chuy: (pensativo) ¿Podrá ser que…?

Chuy se detiene abruptamente.

Bernardo: ¿Tú sabes algo al respecto? ¿Tienes idea de quién pudo hacerle eso?

Chuy: Por favor, no indagues. Prefiero guardar silencio. Lo importante es que por fin se supo la clase de pervertido y de degenerado que es ese hombre. Me deja tranquilo darme cuenta de que no podrá volver al orfanato.

Bernardo: Ahora que lo mencionas, el orfanato es el segundo asunto del que debía platicarte. 

Chuy: ¿Qué ocurrió con el orfanato?

Bernardo: Necesito que tomes esto con calma.

Chuy: (desconcertado) ¿Por qué? ¿Qué pasó?

Bernardo se tarda en responder, tratando de hallar las palabras.

Bernardo: Chuy, anoche hubo un incendio.

Chuy: (impactado) ¿Un incendio dices?

Bernardo: Jorge lo provocó según lo que me contaron algunos seminaristas y el padre Joaquín. 

Chuy: ¡Dios mío! ¿Cómo están los niños, las hermanas? ¿Qué hay de los seminaristas? Dime que nadie salió herido, por favor. 

Bernardo: Gracias a Dios todos están bien. Están reponiéndose del susto y los niños van a necesitar probablemente apoyo psicológico, pero el orfanato… (Hace una pausa con tristeza) El orfanato quedó completamente destruido.

Chuy se agita y baja la cabeza, evidentemente perturbado y abatido al escuchar la noticia.

Bernardo: Jorge, por su parte, sufrió varias quemaduras, aunque sobrevivió. Está internado en este hospital precisamente. Lo siento mucho.

Chuy: No puedo creer que una cosa así haya ocurrido mientras estaba postrado en esta maldita cama.

Chuy empuña las manos y golpea el colchón.

Chuy: Dejé a mis niños sin hogar. ¿Qué vamos a hacer? (Pregunta con la voz quebrada) ¿Qué vamos a hacer, Bernardo? ¡Esto es mi culpa! ¡Todo es mi culpa! 

Bernardo: Nadie tiene la culpa de lo que ocurrió. Jorge fue el que lo provocó.

Chuy: ¡Justo a ese miserable me refiero! Yo le permití que llegara tan lejos, pero estaba entre la espada y la pared, y no pude hacer más. 

Bernardo: ¿Por qué? ¿Qué te lo impidió?

Chuy: (sollozando) Hay muchas cosas que tú desconoces, Bernardo. ¿Te acuerdas de Juan de La Cruz?

Bernardo: ¿Cómo no recordarlo? El supuesto ahijado de mi hermano. Supe que murió hace meses. Emiliano Fonseca salió diciendo a los medios que mi hermano se lo había robado, pero ¿qué tenía que ver ese muchacho?

Chuy: Jorge descubrió el origen de Juan y me chantajeó. Me exigió que suspendiera la investigación de maltrato infantil y que pusiera el orfanato a su nombre a cambio de no revelarle información sobre Juan a Emiliano Fonseca.

Bernardo: Con razón me llamaste esa vez para pedirme que parara con la investigación. 

Chuy: Debía hacerlo. Juan corría peligro, pero nada sirvió protegerlo. Emiliano no tardó en descubrir dónde estaba, lo secuestró, intentó matarlo dos veces. La primera se salvó, pero en la segunda, Jorge precisamente fue quien lo entregó…

Bernardo: (perturbado) No lo puedo creer. Entonces Emiliano Fonseca sí fue quien estuvo detrás del asesinato del muchacho y así tuvo la desfachatez de faltar a la memoria de mi hermano. 

Chuy: En parte esta historia también te concierne y es tu culpa. Tú permitiste que Emiliano Fonseca se saliera con la suya. Tenías el poder para detenerlo y le diste la espalda a Evaristo, no una, sino dos veces. La primera te la acepto, pero la segunda… (Hace una pausa, dolido) La segunda fue inaceptable, Bernardo.

Bernardo: (conmovido) Lo sé y no tienes idea de lo mucho que me pesa.

Bernardo hace una pausa y resopla.

Bernardo: Hace poco me diagnosticaron un tumor (Chuy se sorprende). Incluso estoy pensando en renunciar a mi cargo como obispo. 

Chuy: Lo lamento de verdad.

Bernardo: Yo lamento más haberme dejado deslumbrar por una posición hace casi treinta años en vez de haber hecho lo correcto con mi hermano y con aquel muchacho, Juan de La Cruz.

Bernardo parece quebrarse, aunque permanece fuerte.

Bernardo: Yo les di la espalda y me han llegado a la cabeza más recuerdos que nunca, especialmente desde que ese muchacho murió y no sé cómo reparar mi daño si es que hay alguna forma, aunque sé que es difícil a estas alturas de la vida y ya es tarde.

Chuy se queda pensativo durante varios segundos.

Chuy: Quizás sí la haya. Quizás sí hay algo que todavía puedes hacer si es que en algo quieres honrar y limpiar el nombre de Evaristo.

Bernardo escucha expectante.


INT. CORPORATIVO FONSECA/SALA DE JUNTAS – DÍA

Una presentación está en curso. En una enorme pantalla puede verse el diseño arquitectónico de un moderno centro comercial. Emiliano está al frente de la sala, impecablemente vestido, explicando el proyecto ante varios ejecutivos.

Emiliano: Como pueden observar, la primera etapa contempla la construcción del complejo comercial y una zona de estacionamiento con capacidad para más de mil vehículos. Una vez terminada la obra, tendremos uno de los desarrollos más importantes de la zona. 

Los ejecutivos observan atentamente y uno de ellos levanta la mano.

Ejecutivo: ¿Y ya tenemos asegurada la venta del establecimiento donde se construirá? Tengo entendido que es un orfanato. 

Emiliano sonríe con seguridad.

Emiliano: Todavía no es oficial, pero prácticamente está cerrada. Nada más falta concretar algunos detalles con el subdirector del orfanato, el padre Jorge Mendoza, dado que el director se encuentra impedido de salud y le ha relegado todas sus funciones al subdirector. En cuanto tengamos su autorización definitiva, mis estimados, podremos comenzar.


INT. CORPORATIVO FONSECA/PISO PRINCIPAL – DÍA

Juan sale del ascensor a toda prisa. Inclusive su camisa está sucia y manchada de sangre. Tiene el rostro desencajado y los ojos todavía húmedos. Grettel, que se encuentra en su puesto, lo reconoce y se sorprende al verlo en ese estado descuidado.

Juan: ¿Dónde está Emiliano?

Grettel: (desconcertada) ¿Qué pasa?

Juan: (furioso) ¡Respóndeme! ¿Dónde está ese cabrón?

Grettel: (susurrando) Juan, cálmate. ¿Qué tienes? 

Juan no pierde más el tiempo con ella y se dirige a la oficina del hombre, pero no lo encuentra allí.

Juan: ¡¡Emiliano!! ¡¡Emiliano!! (Lo llama a viva voz)

Todos los empleados del piso se ven desconcertados. Juan lo busca en cada oficina, pateando las puertas.

Juan: ¡Sal, cabrón! 

Grettel se paraliza sin entender qué ocurre. 


INT. CORPORATIVO FONSECA/SALA DE JUNTAS – DÍA

Emiliano deja de hablar. Tanto él como los ejecutivos alcanzan a percibir que algo ocurre.

Juan: (off screen) ¡Deja de esconderte como la rata que eres! ¡Sal de una vez!

Ejecutivo 2: ¿Qué es eso?

Ejecutivo 3: ¿Qué ocurre?

Juan finalmente entra a la fuerza a la sala de juntas. Emiliano se pone furioso.

Emiliano: ¿Qué se supone que haces? 

Juan, con prontitud, como si tuviera auténtico fuego en los ojos, se dirige a su tío. Emiliano se echa para atrás sin entender. El joven no se da a la espera, lo agarra del traje con una mano y con la otra le propina un brutal golpe en la cara. Los ejecutivos se sorprenden.

Juan: ¡Te voy a dar la lección que debí darte hace tiempo, maldito! 

Emiliano apenas tiene tiempo de recuperar el equilibrio. Juan vuelve a abalanzarse sobre él y le propina otro golpe en el rostro. Emiliano retrocede tambaleándose.

Emiliano: ¡¿Qué demonios te pasa, infeliz?!

Juan no responde. Lo agarra nuevamente del traje y lo estrella contra la mesa de juntas. Los documentos y algunas carpetas caen al suelo. Dos ejecutivas gritan espantadas.

Ejecutivo 2: ¡¿Qué está haciendo?!

Ejecutiva 1: ¡Va a matarlo!

Nadie se atreve a intervenir. Juan vuelve a golpear a Emiliano, una vez y otra. El hombre parece un monigote en manos de su furioso sobrino. Pronto la boca del empresario se llena de sangre por el impacto de los puños. 

Ejecutivo 3: ¡Llamen a seguridad rápido!

Juan lo empuja contra el suelo y comienza a patearlo en repetidas oportunidades. Emiliano grita adolorido.

Juan: ¡Eres una maldita rata! 

Grettel entra corriendo a la sala.

Grettel: ¡¡¡Christian, basta!!!

Juan no la escucha. Grettel se interpone desesperadamente entre ambos e intenta pararlo.

Grettel: ¡Detenta, ya estuvo bueno!

Juan: ¡Tú déjame!

Juan la aparta con brusquedad. Grettel se sorprende por la violenta reacción del joven. Juan está incontrolable y se tumba encima de su tío para seguir lanzándole un puño tras otro. Emiliano gime adolorido y sus labios están completamente cubiertos de sangre carmesí.

Juan: ¡¡Te odio!! ¡¡Te mereces esto y más por todo lo que has hecho, miserable!! ¡¡Te voy a destruir, desgraciado!! ¡¡Te lo juro!! ¡Te voy a chingar como no tienes idea!

Juan brama sin detenerse como si fuera un toro furioso. Emiliano apenas puede estar consciente ante el impacto de los golpes. 

Grettel: ¡Christian, te lo pido! ¡Para ya! 

Grettel le detiene el brazo para evitar que siga propinando más golpes.

Grettel: ¡Detente de una vez! 

Juan: (susurrándolo) Esto va por María José, cabrón.

Juan le lanza un puño fulminante a su tío. Emiliano oye aquello último en un eco y se desmaya. Ha quedado con el rostro poco reconocible, lleno de sangre y de moretones. Pronto dos guardas irrumpen en la sala de juntas e inmovilizan a Juan.

Juan: (iracundo) ¡Suéltenme! ¡Es una orden! 

Grettel mira impactada todo lo que acaba de presenciar. Juan intenta zafarse de los guardas lleno de ira, pero estos lo reducen. 

Juan: ¡Suéltenme ya!

Hay incluso personas de la oficina que han grabado con sus celulares. 


INT. ESTACIÓN DE POLICÍA/CELDA – NOCHE

Ha caído la noche. Fernanda entra a las celdas. Juan se encuentra allí adentro con la misma ropa ensangrentada del día anterior, la camisa a medio abotonar y además tiene los nudillos inflamados por la paliza que propinó.

Fernanda: (preocupada) ¡Christian, hijo!

Fernanda lo mira desconcertada.

Fernanda: ¿Qué te pasó? ¿De quién es esa sangre?

Juan: Estoy bien.

Fernanda: ¿Bien? Mírate en las fachas en las que estás. ¿Me puedes explicar por qué golpeaste a Emiliano?

Juan: Porque el cabrón se lo merecía. Mandó a matar a María José.

Fernanda: (sorprendida) ¿Qué?

Juan: Unos tipos le dispararon anoche. Yo estaba ahí con ella. 

Fernanda: ¿Cómo estás tan seguro de que fue Emiliano?

Juan: ¡Lo sé y punto! Y claramente no iba a dejarlo pasar. Tantos meses entrenando boxeo me tenían que servir para darle la madriza que debí darle hace tiempo a ese hijo de…

Fernanda: ¡Cállate! ¡No blasfemes! Lo que hiciste no tardó en hacerse una polémica. Hasta mis amigas de la iglesia me enviaron los videos que la gente de la empresa grabó. ¿En qué estabas pensando?

Juan: No te llamé para que me reproches, Fernanda, sino para que pagaras la fianza. Necesito salir de aquí y saber cómo sigue María José.

Fernanda: ¿Por qué te importa tanto esa mujer? Tú no la amas y hasta rechazabas la idea de casarte con ella. ¿Por qué ahora te da por defenderla?

Juan: No tengo por qué darte explicaciones. ¿Pagaste la fianza sí o no?

Fernanda guarda silencio unos segundos y baja la mirada.

Juan: ¿Por qué te quedas callada?

Fernanda: Lo siento, hijo. No pude pagarla.

Juan: (desconcertado) ¿Por qué no?

Fernanda: Roberto presentó una querella formal contra ti en nombre de Emiliano. Los videos de la empresa ya están en manos de la fiscalía y están alegando lesiones personales graves. No puedes salir hasta que un juez revise el caso.

Juan: ¿Me estás tomando del pelo? ¡No me puedo quedar en este sitio encerrado!

Fernanda: Hice lo que pude, Christian. Por lo que me explicaron, el ministerio público determinó que, por la gravedad de las lesiones, tienen que mantenerte detenido mientras se define tu situación jurídica, algo así, no sé bien de esas cosas.

Juan: ¡Maldita sea!

Juan aprieta los puños y golpea con frustración los barrotes de la celda.

Fernanda: No te preocupes. Voy a hablar directamente con ese abogado, aunque tenga que ponerme de rodillas y pedirle perdón a Emiliano por ti. No voy a dejarte acá.

Juan tensa completamente el rostro y dibuja una leve sonrisa.

Juan: Emiliano quiere jugarme sucio, ¿no? Bien, juguemos sucio entonces. De seguro no se espera con la que le voy a salir.

Fernanda: (desconcertada) ¿A qué te refieres?

Juan: Dame tu celular. 

Fernanda: ¿Para qué?

Juan: ¡Dámelo! ¡Necesito hacer una llamada o mandar un mensaje ya mismo!

Fernanda no entiende. Mira hacia atrás cuidando que no estén siendo vistos. 

Juan: ¡Rápido!

Fernanda, sin más opción, le entrega su celular al muchacho quien con rapidez comienza a teclear un mensaje. La mujer observa completamente perdida y confundida.


INT. HOSPITAL/HABITACIÓN DE EMILIANO – NOCHE

Emiliano intenta recostarse en la cama, adolorido. Tiene el rostro hinchado y cubierto de hematomas. Una férula protege su nariz mientras una venda cubre parte de su rostro. Roberto está presente.

Roberto: ¿Te encuentras bien? ¿Quieres que llame a una enfermera?

Emiliano: Chinga a tu madre y mejor ayúdame tú.

Roberto se molesta por el tono de voz del hombre y, resignado, lo ayuda a recostarse en la cama.

Emiliano: (adolorido) Argh, chingada madre. Me hierve la sangre de pensar que estoy así por culpa de ese pendejo. El muy malnacido casi me deja la cara como si me hubiera revolcado una prostituta a tacones.

Roberto intenta contener una sonrisa.

Emiliano: ¿De qué te ríes tú?

Roberto: De nada, Emiliano. Disculpa.

Emiliano: Más te vale porque no ando de humor, eh. El próximo que puede salir de aquí con la nariz hecha mierda eres tú.

Roberto: Perdóname.

Emiliano: ¿Lograste que se quede encerrado allá un par de días?

Roberto: Sí. Las lesiones no son graves, pero logré que tu médico las exagerara lo suficiente para que el ministerio público no le permita salir bajo fianza. 

Emiliano: Muy bien. Espero que con eso escarmiente.

Roberto: Lo que no entiendo es por qué reaccionó así Christian. ¿Qué pasó entre ustedes si se supone que los dos están trabajando juntos?

Emiliano guarda silencio unos segundos.

Emiliano: Eso es justamente lo que no entiendo. Ese bueno para nada nunca había tenido los huevos para hacer algo así. De un tiempo para acá anda raro.

Roberto: ¿Raro cómo?

Emiliano: Habla y se expresa distinto, actúa diferente. Hasta parece que de repente se le hubieran conectado dos neuronas. Él mismo me propuso el plan que ejecutamos ayer antes del atentado contra la María José.

De repente, el hombre parece recordar vagamente algo.


FLASHBACK

Juan brama sin detenerse como si fuera un toro furioso. Emiliano apenas puede estar consciente ante el impacto de los golpes. 

Grettel: ¡Christian, te lo pido! ¡Para ya! 

Grettel le detiene el brazo para evitar que siga propinando más golpes.

Grettel: ¡Detente de una vez! 

Juan: (susurrándolo) Esto va por María José, cabrón.

Juan le lanza un puño fulminante a su tío. Emiliano oye aquello último en un eco y se desmaya

FIN DEL FLASHBACK


Emiliano frunce el ceño con extrañeza.

Emiliano: Claro…

Roberto: ¿Qué cosa?

Emiliano: El pendejo sabía lo que le íbamos a hacer a María José. Estaba encabronado por lo mismo. 

Roberto: No veo por qué. ¿Christian la conoce?

Emiliano: Mi mujer y la traidora de mi hermana querían casarlos, nada más que no se les dio, aunque lo que no entiendo es por qué defenderla tanto. Es más, ¿cómo se enteró el idiota de que fui yo?

Roberto escucha que su celular comienza a sonar, observa la pantalla y responde.

Roberto: ¿Bueno?

De repente, su expresión cambia de inmediato y desencaja el rostro al oír.

Roberto: ¿Qué?

Emiliano lo mira, extrañado.

Roberto: (molesto) ¿Cómo carajos pasó? (Pausa) ¿Están conscientes de lo que significa eso, inútiles? (Pausa) ¡No quiero escuchar excusas! ¡Quiero que lo traigan de vuelta ahora mismo o no les garantizo el resto del pago! ¿Escucharon? Búsquenlo hasta por debajo de las piedras. ¿Entendido?

Roberto cuelga el celular, sintiéndose sumamente perturbado.

Emiliano: ¿Qué pasó?

Roberto: Emiliano…

Emiliano: ¡Habla, imbécil! ¿Por qué reaccionaste así?

Roberto: Hubo una emboscada.

Emiliano frunce el ceño.

Emiliano: ¿De qué chingados hablas?

Roberto: De Octavio. Se lo llevaron.

Emiliano queda completamente impactado.


INT. AUTO DE GAEL – NOCHE

De forma paralela, un hombre conduce el vehículo. Gael se encuentra sentado en el asiento de copiloto.


Gael: ¿Estás bien, papá?

Octavio se enfoca sentado en los asientos de atrás con una prominente herida en la cabeza. Hay otro hombre sentado al lado.

Octavio: Sí, no fue nada. Todo salió tal cual se planeó.

Gael: ¿De verdad piensas seguir con esto?

Octavio tarda en responder y mantiene una expresión seria. Varias secuencias de recuerdos por parte de ambos se enfocan.


FLASHBACK

UN DÍA ANTES

INT. DEPARTAMENTO DE OCTAVIO – DÍA

Tocan la puerta con insistencia. Octavio se dirige a abrir en ropa de casa con una toalla que le cuelga alrededor del cuello y el cabello húmedo, pues acaba de tomar una ducha.

Octavio: ¡Voy! 

Octavio termina de secarse el cabello y deja la toalla en un sofá para abrir. 

Octavio: (sorprendido) ¿Tú?

Juan es la inesperada visita. El joven lo mira con suma seriedad y un odio evidente en los ojos.

Juan: ¿Gael está contigo?

Octavio: ¿Cómo conoces a mi hijo?

Juan: ¿Está o no?

Octavio: Pues no, pero…

Juan entra sin pedir permiso. Octavio lo ve desconcertado.

Octavio: Voy de salida. Quedé de verme con tu tía más tarde para llevarla a un sitio donde se supone que está su madre biológica. ¿O acaso cambió de opinión y por eso te envió?

Juan voltea a ver al hombre con desprecio.

Juan: Mira, cabrón. Estoy haciendo un esfuerzo bien chingón para no partirte la madre, así que iré al grano para no andarme con rodeos contigo.

Octavio: (extrañado) ¿Qué te traes? 

Juan se le acerca despacio sin dejar de tensar el rostro.

Juan: ¿No me reconoces?

Octavio se desconcierta por esa pregunta. 

Juan: ¿Te olvidaste del día que tus pinches sicarios fueron al orfanato para secuestrarme?

Octavio se impacta ante ese cuestionamiento. 

Juan: Porque déjame decirte que yo no. Todos los días lo recuerdo. Hay días que hasta sufro de insomnio y tengo pesadillas con ese momento en que estuve a punto de morir.

Un tono lleno de resentimiento embarga la voz del joven.

Juan: Me acuerdo de la forma tan cobarde en que arremetiste contra mi mejor amigo. Me acuerdo cómo le disparaste como si su vida no valiera nada.

Juan lo agarra del cuello de la camiseta. Octavio parece incrédulo ante la posibilidad que están contemplado.

Juan: ¡Lo mataste a sangre fría!

Juan lo suelta de mala gana, empujándolo. Octavio retrocede un par de pasos, pálido y completamente desconcertado. Observa a Juan con atención sin dar crédito.

Octavio: Imposible. Me estás chingando. Juan murió. Me dijeron que lo habían matado. 

Juan: Eso era lo que todos tenían que creer. Emiliano me mandó a matar. Yo debí haber muerto esa noche, solo que las cosas no salieron como él esperaba y la persona que mandó para asesinarme, terminó matando a Christian en mi lugar y aquí me tienes.

Octavio permanece en silencio, todavía procesando lo que escucha.

Juan: Desconozco por qué esa persona no me ha delatado si sabe quién soy. Ella misma fue la que me puso la trampa para que fuera hasta al hotel. Paula fue mi primera sospechosa, pero ya la descarté. El caso es que el tiempo está corriendo y no me quiero arriesgar a que me descubran sin antes hacer justicia.

Octavio lo mira de arriba a abajo con una leve sorpresa.

Octavio: ¿Quién diría que una persona como tú iba a llegar tan lejos? 

Juan: (arqueando una ceja) ¿Una persona como yo?

Octavio: Tú no eres más que un sacerdote pendejito, huérfano, que se crio en un orfanato. Nunca me esperé que tuvieras las agallas de hacer una cosa así. 

Juan: El “sacerdote pendejito” se murió ese día que tú precisamente me secuestraste. Este que tienes acá al frente es otro y sí, es verdad, ¿sabes? Yo no hubiera podido llegar tan lejos de no ser por tu hijo que me ayudó bastante.

Juan dice aquello con cinismo.

Octavio: (desconcertado) ¿Qué tiene que ver mi hijo en esto?

Juan: Más de lo que te imaginas. Gael fue el detective asignado al caso y me ayudó muy “gentilmente” a falsificar las pruebas para que todos creyeran que yo era Christian. 

Octavio: No te creo. Gael me lo hubiera contado. ¿Por qué iba a ayudarte?

Juan: No tenía opción. Él sabía perfectamente la clase de criminal que eres, sabía todo lo que hiciste y, aun así, te encubrió, y pues ¿qué crees? De ahí me valí para tenerlo de mi lado y él aceptó cooperar a cambio de no dañar tu dizque intachable reputación de comandante. 

Octavio: ¡No te metas con mi hijo, infeliz! Déjalo por fuera.

Juan: Pues gracias a tu hijo estoy aquí y eso de dejarlo por fuera, fíjate que está cañón. El pobre está bien sucio desde el momento en que borró los videos que te incriminaban del asesinato del ex de María José y de mi secuestro. Lo traigo bien cortito.

Octavio: (furioso) ¡Eres un…!

Octavio intenta irse contra él, pero este reacciona de inmediato. Juan lo esquiva, lo toma del brazo y le hace una llave. Octavio se queja.

Juan: ¿Qué crees que haces, ah?

Octavio: (adolorido) ¡Suéltame, desgraciado! ¡Suéltame!

Juan lo mantiene reducido.

Juan: Escúchame bien porque solo voy a decírtelo una vez.

Juan lo suelta y lo empuja al piso.

Juan: Mi único objetivo es destruir a Emiliano y no voy a descansar hasta verlo pagar por todo lo que ha hecho. 

Octavio mira acorralado al muchacho desde el piso.

Juan: ¿Recuerdas los papeles de adopción? Los conseguí yo y fui también yo quien te los mandó. Paula solo es una imbécil a la que estoy usando y la engañé proponiéndole una alianza. Ella cree que al que estamos engañando es a ti y no se imagina que es al revés.

Octavio: ¿Qué pretendes?

Juan: Necesitaba que viniera a verte para tomarle fotos y dárselas a Emiliano. Quería que él pensara que tú y ella eran los que estaban detrás de unos supuestos anónimos amenazantes que en realidad fabriqué yo.

Octavio: (sorprendido) ¿Y para qué me lo cuentas? ¿Quieres que Emiliano nos mate? 

Juan: No me interesa que muera nadie. Todo lo contrario. Quiero que vivan para que paguen cada lágrima que he derramado por culpa de ustedes y por todas las personas que me quitaron.

Juan siente que se le forma un nudo en la garganta.

Juan: Pero sé que cuando todo esto termine, yo también voy a tener que pagar por lo que hice. Voy a confesar que suplanté la identidad de mi hermano y voy a asumir las consecuencias, nada más que no voy a caer yo solo.

Juan se acerca y se pone en cuclillas. Octavio lo observa con suspicacia.

Juan: Emiliano va a caer. Paula también. Tú te vas a pudrir en la cárcel y…

Octavio guarda silencio.

Juan: Gael también va a pagar por haber manipulado evidencias y por haberme ayudado a sostener esta farsa.

Octavio abre los ojos, acorralado.

Octavio: ¡Gael es inocente! ¡Manténlo por fuera de esta mierda! Él no tiene culpa de nada.

Juan: No te preocupes. El imbécil solo quiso proteger a su papá a pesar de ser una basura y eso no se lo puedo negar. Hasta en cierto punto lo entiendo y no voy a ser injusto con él, así que si de verdad quieres protegerlo...

Juan se pone lentamente de pie. 

Juan: Vas a hacer exactamente lo que yo te diga.

Octavio permanece en el suelo, respirando agitadamente. Juan lo observa desde arriba.

FIN DEL FLASHBACK


FLASHBACK

EXT. CALLE – TARDE

Octavio baja de su automóvil y comienza a caminar hacia la entrada del edificio residencial donde vive. 

Juan: (voz en off) Esta tarde, después de que regreses de tu cita con Paula, vas a entrar al edificio como si nada. Emiliano va a mandar unos tipos que te van a interceptar.

Una camioneta se detiene a unos metros de él. 

Juan: (voz en off) Y tú vas a dejar que te lleven.

Dos hombres encapuchados se bajan de los asientos traseros y con prontitud abordan al excomandante. Este se da cuenta.

Juan: (voz en off) No opongas resistencia. No intentes hacerte el héroe. Debes dejar que te secuestren.

Los encapuchados rodean a Octavio. Uno de ellos se alza la camiseta y deja ver su pistola.

Sicario 1: ¡Ven con nosotros por las buenas sin hacer escándalos o te matamos aquí mismo!

Octavio mantiene la tensión en el rostro, pero no opone resistencia. Los sicarios lo conducen hacia la camioneta.

Juan: (voz en off) Y cuando lleguen al lugar que yo preparé, Emiliano y yo vamos a estar allí ya. Vas a confesar todo.

Octavio se ve obligado a subir a la camioneta. La puerta se cierra violentamente.

Juan: (voz en off) Vas a confesar todo lo que has hecho con Emiliano, cada crimen, cada encubrimiento...

La camioneta arranca. Octavio permanece sentado entre los dos sicarios en los asientos traseros del vehículo.

Juan: (voz en off) Vas a decir cada maldita cosa en la que hayan participado. Emiliano no se va a imaginar que todo será un montaje mío para grabarlos. Tendrás que confiar en mí hasta el final y seguirme la corriente en todo, así que tú decides…

Octavio permanece completamente serio y mira de reojo a sus captores.

Juan: (voz en off) Gael cae contigo cuando todo termine o si cooperas conmigo, te doy mi palabra de que lo dejaré por fuera y no lo implicaré. Es tu hijo y tú sabrás si deseas protegerlo para no arruinarle más la vida.

FIN DEL FLASHBACK


FLASHBACK

INT. BODEGA – NOCHE

Octavio está amarrado de pies y manos a una silla. Lo han mojado con un balde de agua fría y tiene el labio partido, por lo que le sangra. Emiliano observa muy tranquilo mientras fuma sentado en una silla. Juan está presente de pie a su lado.

Emiliano: De veras no debiste ser tan imbécil. Yo pensé que habías descartado la idea de irte en mi contra esa vez que fui a verte al hospital. De veras pensé que ibas a ser inteligente y que te ibas a retirar en paz después de tu jubilación, pero no…

Emiliano da una última calada a su puro, lo tira al piso, lo pisa para apagarlo y se acerca caminando despacio.

Emiliano: La cagaste aliándote con esa perra de Paula, buscándome la caída. ¿Qué pretendían? ¿Provocar un escándalo haciéndome ver delante de todo el mundo como un huerfanito ilegítimo al que recogieron por caridad? ¿Quieren invalidar mi posición?

Octavio: Pierdes tu tiempo. No tengo idea.

Emiliano tensa el rostro y le pega un fortísimo puño en la cara. Juan permanece retirado, aunque atento. Octavio escupe algo de sangre. 

Emiliano: ¿Tan bien te está pagando para que la protejas? 

Octavio: Déjame ir, Emiliano. Yo no tengo nada que ver. Paula fue la que me buscó y me pidió que investigara lo de tu adopción. Yo solo la ayudé. Ella es la del plan, no yo.

Emiliano: ¿Y por qué será que no te creo?

Octavio: Estoy diciendo la verdad. Bien lo acabas de decir. Después de que te amenacé, pensé bien las cosas y me di cuenta que era inútil irme contra ti.  

Octavio mira fugazmente a Juan con complicidad. 

Octavio: ¿Crees que si quisiera destruirte hubiera recurrido a una estupidez como revelar que eres adoptado? Yo hubiera ido más allá. Hubiera podido revelar todo lo demás que hemos hecho. 

Emiliano no se convence.

Octavio: Pude haber contado lo del supuesto accidente de Gabriel y lo del viejo padrino de Juan de La Cruz al que atropellaste, al tal Evaristo. Recuerda que fui yo quien archivó el expediente para que no investigaran. Pude inclusive contar el cómo asesinaste a Michael y la vez que secuestramos a Juan, pero ¿sabes por qué no he abierto la boca?

Emiliano lo escucha con atención.

Octavio: Porque sé bien que también estoy implicado y de nada serviría hundirte si también me hundo yo. 

Emiliano: No me fío de ti, Octavio. ¿Qué pensaste? ¿Que soy pendejo?

Octavio: Ándale, hombre. Nos conocemos hace un chingo de años desde antes de que te casaras. Te juro que esa vez te amenacé porque tenía rabia. 

Emiliano: De ser así, no habrías ayudado a Paula, pero lo hiciste porque en el fondo me quieres chingar. Reconócelo.

Octavio: Te aseguro que no. Déjame ir. Estás tratando con la persona equivocada.

Emiliano: Yo no me ando con medias tintas y tú ya me conoces. 

Emiliano saca su pistola de su pantalón, quita el seguro y le apunta directamente a la cabeza. Juan permanece en quietud. Octavio se asusta.

Octavio: No me mates, Emiliano. Paula es por la que debes ir. 

Emiliano: Claro que voy a ir por ella no sin antes acabar con el lacayo porque eso eres. ¡Un pinche perro rabioso que muerde la mano de quien le da de comer!

Octavio: (aterrado) Te lo suplico. Te juro que me voy a desaparecer. Perdóname la vida.

Octavio mira a Juan con desesperación, esperando que intervenga.

Emiliano: Tus promesas no me sirven y yo no cometo errores. 

Octavio: ¡Por favor, te lo pido!

Emiliano: Hasta nunca, Octavio.

Emiliano está a punto de presionar el gatillo. 

Juan: ¡Tío, espera!

Emiliano se detiene abruptamente.

Emiliano: (fastidiado) ¿Qué?

Juan: Todavía no.

Emiliano: ¿Todavía no qué?

Juan se acerca. Octavio respira agitado y con el corazón latiéndole a mil al punto de que se ha orinado. 

Juan: Ten tantito de piedad, ¿no? Míralo. El pobre hasta se orinó.

Juan sonríe con burla por haber esperado hasta el último momento para que el asesino de su amigo agonizara al ver venir su muerte. Octavio resopla, aliviado, aunque aterrado.

Emiliano: No me digas qué hacer. Me da igual si el pendejo se mea o se caga en los pantalones. No voy a esperar para acabar con este imbécil.

Emiliano se vuelve a poner en posición para disparar. Juan le baja la pistola con brusquedad.

Juan: Razona. ¿De verdad crees que este cabrón te va a soltar todo mientras le estás apuntando con una pistola? Tiene miedo, sí, pero todavía se está guardando algo.

Octavio observa a Juan, entendiendo hacia dónde quiere llevar la situación.

Juan: Paula no llegó hasta él por casualidad. Él mismo acaba de decir que sabe demasiado. Sabe lo de Gabriel, sabe lo de Evaristo, sabe lo de Michael y sabe perfectamente cómo terminó todo lo del secuestro de Juan.

Emiliano parece dudar, considerando la hipótesis de su sobrino.

Juan: Paula podría saber también esas cosas. ¿Qué tal si este tipo le entregó pruebas?

Emiliano frunce el ceño y baja lentamente el arma.

Juan: Tú mismo dijiste que no cometes errores. Entonces no cometas uno ahorita. Tengámosle más paciencia.

Emiliano: Paciencia no tengo. Voy a torturarlo entonces hasta que suelte la sopa.

Octavio: (temblando) ¡No, por favor! ¡Voy a hablar! ¡Voy a hablar, pero no me hagan nada!

Emiliano: ¡Entonces sí estabas ocultando algo, miserable!

Emiliano, lleno de furia, lo golpea en la cabeza con la pistola. Octavio sangra de forma prominente por el golpe propinado. 

Emiliano: (a Octavio) ¿Qué tienes para decir, pendejo? ¡Habla de una vez antes de que pierda la poca consideración que te tengo!

Octavio: Quiero que a cambio me dejes huir. 

Emiliano: (burlándose) ¿Cómo? ¿Crees que voy a ser tan imbécil como para dejarte ir así nomás?

Octavio: Me iré del país en el primer vuelo. No volverás a escuchar de mí nunca, Emiliano. Te lo juro. 

Octavio balbucea, pues aunque está siguiendo el plan, no puede evitar sentirse nervioso y asustado en verdad.

Emiliano: ¿Y cómo por qué debería confiar en ti si hace rato casi te pongo un tiro en la frente y ni así hablaste?

Octavio: Porque pensé que no ibas a llegar tan lejos, que nada más querías darme un susto, hombre, pero ya me di cuenta que no. Escucha, Paula sí tiene unas pruebas que le entregué…

Juan: (fingiendo) ¿Qué pruebas?

Octavio: (muy nervioso) Eh, son… son…

Emiliano: ¡No me estés chingando o te mato sin contemplaciones, infeliz!

Emiliano le apunta una vez más con la pistola. Juan se interpone.

Juan: Basta, déjalo hablar (a Octavio) Y tú ya dinos o a la próxima no te garantizo que pueda defenderte.

Octavio: Son expedientes, reportes y peritajes de la muerte de Gabriel donde se establecía que la causa del accidente fue provocada, como también la investigación que archivé de la muerte del viejo Evaristo López. Paula tiene todos los originales. 

Emiliano baja la guardia como también la pistola.

Juan: ¿Por qué deberíamos confiar en ti esta vez?

Octavio: Paula es la única que sabe dónde están. Yo se los di por si algo me pasaba. 

Juan y Emiliano se miran entre sí.

Octavio: Pueden obligarla a hablar o hacer lo que quieran. Nada más les pido que me dejen ir. No volveré al país nunca más. 

Emiliano: Eso no es garantía. Puedes tener copias por ahí para chantajearme luego.

Octavio: Te aseguro que no. No tengo copias en mi poder, pero si no me crees, puedes mandarme en el primer avión que salga a dónde sea. De esa forma, no voy a tener chance de agarrar copias guardadas si es que sí existieran. Tus hombres me pueden escoltar.

Juan: Yo propongo que comprobemos si es cierto.

Emiliano: ¿Y cómo? 

Juan voltea a ver al excomandante.

Juan: Dejémoslo con vida por ahora y consigamos los expedientes originales. Luego vemos qué hacemos con él. 

Emiliano se queda pensativo.

Juan: (fingiendo) Déjamelo a mí. Paula me envió un mensaje hace rato para que vaya a verla a su depa esta noche. Puedo aprovechar para, tú sabes, hacerle el amor, esperar a que se quede dormida y buscar.

Emiliano no responde de inmediato.

Juan: Confía en mí. Estamos juntos en esto.

Emiliano sigue dudando.

FIN DEL FLASHBACK


FLASHBACK

HORAS ANTES

EXT. CALLE – NOCHE

Gael se encuentra atendiendo un caso junto con un detective adjunto. El área está acordonada y hay policías alrededor. Mientras ambos entrevistan a un testigo, el celular del primero suena. Este lo saca y hace mal gesto al ver en la pantalla de quién se trata.

Gael: Disculpen un momento.

Gael se aleja unos metros y contesta de mala gana

Gael: ¿Qué quieres, Quintana? Estoy ocupado.


INT. ESTACIÓN DE POLICÍA/CELDA – NOCHE

Juan, encerrado, habla en voz baja a través del celular de Fernanda. Esta permanece alejada y luce desconcertada.

Juan: Esto es de vida o muerte, Luján. Si no, no estaría llamándote. 


INTERCUT JUAN/GAEL

Gael: ¿Qué pasó ahora?

Juan: Tu papá está corriendo peligro. Tienes que ir por él.

Gael: (extrañado) ¿De qué hablas?

Juan: No tengo tiempo para explicaciones. Estoy encerrado en prisión. Luego se las preguntas a él. Debes ir a buscarlo a una dirección que acabo de enviarte por mensaje. Ve armado y con hombres si es preciso. 

FIN DEL FLASHBACK


Gael lo mira por el retrovisor interior.

Gael: ¿Papá? Te hice una pregunta. ¿Vas a seguir con este juego en serio?

Octavio: (resignado) No hay marcha atrás, Gael. Es lo más justo que puedo hacer por ti. Juan me tiene acorralado.

Gael: (molesto) No tienes que hacer esto por mí. Quintana no puede salirse con la suya. Casi te matan por la locura de plan que armó contigo sin mi conocimiento. ¿No te das cuenta?

Octavio: No nos metamos con él. Juan de La Cruz no es ningún imbécil. Ha sabido mover bien sus hilos y no es el mismo curita pendejo de antes. Ha sabido demostrar de lo que es capaz, sino mira… 

Gael continúa molesto mirando a través del parabrisas.

Octavio: Te chantajeó a ti para que lo ayudaras con la excusa de no hundirme. Quería implicarte en algo ilegal y lo hizo con la intención de chantajearme a mí luego para que me entregue y para que de paso entregue a Emiliano con tal de que no arruines tu carrera.

Gael: (fastidiado) Para mí solo es un idiota con suerte. No comprendo cómo es que María José se fijó en un tipo tan insignificante. Juan es una completa farsa.

Octavio: Da igual. No podemos desconocer que el güey ha hecho esto por una razón válida. Me parece que antes nos la dejó barata a ti y a mí. Yo me chingué a su mejor amigo. ¿O es que lo olvidaste?

El policía que va manejando mira por el retrovisor interior y comparte miradas con el otro policía en los asientos traseros. Gael lo nota.

Gael: Ustedes ni una sola palabra de esto si no se quieren quedar sin trabajo. ¿Oyeron?

Octavio: (resignado) Déjalos. ¿Qué más da que el mundo se entere?

Gael: Papá, no lo hagas…

Octavio: Es lo más correcto, Gael.

Octavio se inclina levemente y le pone la mano en el hombro desde atrás.

Octavio: Yo soy un hijo de puta, un desgraciado, un asesino. No seas como yo. Tú eres diferente a mí. 

Gael guarda silencio y un nudo se le forma en la garganta.

Octavio: Eres mi orgullo, hijo. No te vayas a convertir en alguien como yo, por favor. A tu mamá no le gustaría. Honra su memoria.

Gael no responde y baja la mirada con culpa. Calla unos segundos y luego habla.

Gael: ¿Qué piensas hacer ahora? ¿Quintana te dio alguna instrucción?

Octavio vuelve a recostarse en el sillón.

Octavio: Hay que esperar a ver. 


INT. DEPARTAMENTO DE PAULA – NOCHE

Es tarde y es poco más de medianoche. Paula se encuentra bebiendo vino, recostada en el sofá, con una expresión amarga y en ese instante, tiene un recuerdo fugaz que le cruza la cabeza.



FLASHBACK

AÑO 2005

MADRID, ESPAÑA

INT. CASA DE LOS MONTIEL – NOCHE

Paula, mucho más joven que en la actualidad, sale de la habitación. Hay otra joven mujer en la sala, vestida de luto, con el rostro demacrado y con una expresión seria. Paula permanece detrás con una actitud hipócrita y misteriosa. 

Paula: Logré que se durmiera. Fue difícil. La pobre todavía está tan afectada. ¿Y cómo no? Lo que vivió fue horrible. Ver morir a su papá de esa manera fue aterrador.

Francisca: Ya te puedes largar. Te permití ver a María José la última vez, pero no quiero que vuelvas a acercarte a nosotras.

Paula: María José es mi ahijada, Francisca y yo amaba a su padre tanto o más que tú.

Francisca: Vete de una buena vez. No tengo las fuerzas para discutir contigo sobre mi marido.

Paula sonríe con incredulidad.

Paula: Eres una cobarde. No me extraña que tu marido me prefiriera. Te faltan ovarios para afrontar la situación.

Francisca: (indignada) ¿Cómo te atreves, malnacida?

Francisca intenta voltearse, pero antes de que pueda siquiera reaccionar, Paula envuelve el cuello de la mujer con una soga y comienza a ahorcarla a traición. Francisca va quedándose sin aire. 

Paula: (susurrándole) Ay, comadre. Es una pena que las cosas terminen así para ti y ya que te vas a morir, me parece pertinente confesarte que el secuestro fue ideado por mí.

Francisca abre impactada los ojos. Paula continúa ahorcándola con fuerza y una inhumana frialdad.

Paula: Sí, tal como lo oyes. Fue un plan que ideé muchos años, así como también planeé convencerlos de llamar a la policía. Quería que tu marido fuera de metiche al lugar del secuestro. Di instrucciones de que lo mataran si algo salía mal, y no te creas. Me dolió, en serio. Me dolió sacrificarlo porque era un excelente amante.

Paula le dice aquello con una fría sonrisa al tiempo que susurra al oído a la otra mujer.

Paula: Pero no te preocupes. Yo voy a cuidar bien de tu hijita. Voy a educarla y a convertirla en toda una señorita para vengarme del infeliz de mi hermano. 

Pone sus dedos en su cuello intentando liberarse y chapotea con las piernas. 

Paula: Descansa en paz, amiga.

Luego de varios segundos que parecen eternos, Francisca deja de moverse y de respirar. Muere con los ojos abiertos. Paula la suelta y la deja caer en el sofá, mirándola sin ninguna expresión aparente en el rostro.


CORTE A:

INT. DEPARTAMENTO DE PAULA – NOCHE

Paula se encuentra dentro de un modesto lugar, empacando su ropa en una maleta. Pronto, su teléfono suena y ella se apresura a contestar con una sonrisa maliciosa, como si ya sospechara de qué se trata.

Paula: ¿Bueno?

María José: (voice over) ¡Madrina, madrina!

La voz infantil de la niña se oye quebrada en un desesperado llanto.

Paula: ¿Qué pasa, mi amor? ¿Qué tienes?

María José: (desconsolada) ¡Madrina, es mi mamá, mi mamita!

Paula se hace la desentendida.

Paula: ¿Qué le pasó a tu mamita?

María José: Mi mamá no respira. Está colgada del techo y tiene los ojos abiertos. No se mueve. ¡No se mueve, madrina! ¡¡Ayuda!! ¡¡Estoy muy asustada!!

Paula no borra aquella sonrisa cargada de maldad; una maldad que llena de impotencia a quien la presenciara y que pondría los pelos de punta.

FIN DEL FLASHBACK


Paula deja de recordar y bebe un sorbo de su copa de vino.

Paula: ¿Cómo olvidar ese día? Es una lástima que tantos años invertidos en esa estúpida no sirvieran de nada. Espero que se muera para que no estorbe. Juan debe olvidarla. 

Paula le da un último sorbo a su copa y justo en ese instante escucha el timbre, por lo que se extraña.

Paula: ¿Quién podrá ser ahora? Juan no creo. Ha de estar ocupado con la imbécil de María José. 

Paula se asoma por el ojo mágico, pero no ve a nadie, cosa que la extraña y es cuando, de repente, la puerta es tumbada abruptamente. Paula cae al piso y pega un grito aterrada. Unos hombres encapuchados han irrumpido en el departamento.

Paula: (asustada) ¿Quiénes son ustedes?

Ellos no responden.

Paula: ¿Qué quieren?

Es así como la mujer ve que otro hombre entra al departamento, caminando despacio y con suma tranquilidad. Paula alza los ojos y empalidece al ver a dicha persona, cuyo rostro no puede ser visto. 


INT. ESTACIÓN DE POLICÍA – NOCHE

Chela llega apresurada. Fernanda, quien espera en el pasillo, la ve entrar y se le acerca.

Fernanda: ¿Tú qué haces acá? ¿Cómo lo supiste?

Chela: Mi niño me envió un mensaje desde tu celular. Él mismo me lo dijo y me pidió que viniera. 

Fernanda: No veo por qué. No necesita nada de ti que no pueda darle yo.

Chela: (con seriedad) Mi compañía y mi amor, quizás, cosas que tú jamás pudiste ni podrás darle.

Fernanda quisiera responderle, pero la anciana se aleja y se acerca a un policía de la recepción.

Chela: Buenas noches, oficial. Vengo a ver a Christian Fonseca. 

Fernanda se queda viéndola con suspicacia.


INT. DEPARTAMENTO DE PAULA/BALCÓN – NOCHE

Paula, entretanto, se encuentra siendo ahorcada de una forma brutal por unas fuertes manos masculinas que la aprisionan contra el barandal del balcón. Paula intenta soltarse con todas sus fuerzas.

Paula: (en un hilo) Te lo suplico. Perdóname.

Paula pone sus manos sobre las manos de aquel desconocido.

Paula: ¡No me mates, por favor! ¡No me hagas esto!

Paula llora desesperada, quedándose cada vez más sin aire y fugazmente recuerda aquel momento en que ella también ahorcó a la madre de María José. Todo se ve en cámara lenta. Paula intenta defenderse, pegándole en la entrepierna a su verdugo, quien la libera, aunque es inútil y antes de que ella siquiera pueda escapar, aquel individuo la agarra del cabello, la envuelve con sus brazos y en fracción de segundos, la empuja por el balcón. Paula cae de forma brutal siete pisos hacia abajo en medio de un grito desgarrador y su cuerpo cae irremediablemente sobre la vía, inconsciente, al tiempo que un prominente charco de sangre comienza a formarse alrededor de su cabeza. El hombre que la ha lanzado se asoma y poco a poco, el rostro se descubre. Emiliano es quien ha cometido tan brutal acto y observa a su hermana con una inhumana frialdad. 


INT. ESTACIÓN DE POLICÍA/CELDA – NOCHE

Chela es conducida a la celda por un policía, pero no hay nadie allí encerrado.

Chela: ¿Dónde está? 

Chela voltea a ver al policía, quien tampoco comprende.

Chela: (desconcertada) ¿Dónde está mi nieto? 

El policía de inmediato toma su radio de comunicación y habla con voz acelerada.

Policía: ¡Central, central! Aquí el oficial de guardia en la barandilla de la comandancia. ¡Alerta máxima! Necesito que cierren las puertas principales y activen el protocolo por evasión en el área de retención interna. El detenido que teníamos a disposición del Ministerio Público no está en la celda. Repito, celda vacía, el detenido no está.

Chela se queda sumamente nerviosa y extrañada ante lo ocurrido.


EXT. CEMENTERIO – NOCHE

Es de madrugada. Hay plena oscuridad y silencio; un silencio apenas interrumpido por el cantar de los grillos a lo lejos y por el sonido de una pala que escarba en la tierra. Juan comienza a abrir los ojos lentamente sin entender nada y sintiendo la cabeza sumamente aturdida. Intenta moverse, pero descubre que tiene las manos y los pies esposados, además de estar encerrado en un ataúd abierto.

Juan: (confundido) ¿Do…? ¿Dónde estoy?

Juan mira hacia los lados, dándose cuenta de que está en un agujero a varios metros de profundidad. 

Juan: ¿Qué es esto?

Juan comienza a forcejear, pero es inútil.

Juan: ¡¡Ayuda!! ¡¡Ayuda, sáquenme de aquí!!

Juan grita con todas sus fuerzas.

Juan: ¡¡Ayuda!!

Emiliano: (desde arriba) Qué gustazo verte despierto, sobrino.

Juan de inmediato alza los ojos y desde abajo, ve la silueta de su tío en la superficie, junto a otros dos hombres que sostienen palas y le van echando tierra.

Emiliano: Me estaba preocupando que te fueras a perder la bienvenida.

Juan: (desesperado) ¿Qué se supone que haces, cabrón? ¡Sácame inmediatamente de aquí! ¡Sácame! 

Juan se retuerce dentro del ataúd, pero le es imposible zafarse de las esposas. Emiliano suelta una carcajada.

Juan: (desgarrado) ¡Sácame ya!

Emiliano: De verás que eres terco, mijito. Llegaste muy lejos. Lo reconozco, eh, nada más que logré pararte a tiempo. En esta vida, no todos ganan y esta vez vas a perder, fíjate. ¿Qué creíste? ¿Que no me iba a enterar nunca de la verdad?

Juan respira agitado al ver que su secreto ha sido descubierto por su peor enemigo. El pecho le sube y baja.

Emiliano: ¿De veras creíste que ibas a poder vivir como tu hermano bajo mi techo sin que descubriera tu mentira? Déjame avisarte que te equivocaste, Juanito.

Juan: ¡Maldito! ¡No te vas a salir con la tuya, desgraciado! ¡Te voy a destruir! 

Emiliano: (con incredulidad) ¿Ah, sí? ¿Puedo saber cómo? 

Juan no responde y gime con fuerza, lleno de ira e impotencia.

Emiliano: Ándale, mijo. Te escucho. Tengo curiosidad por ver cómo es que, según tú, me vas a hundir porque esta vez no hay policías metiches que me distraigan para que escapes. 

Emiliano saca una pistola de su bolsillo y apunta directamente hacia el muchacho, quien siente que las pupilas se le dilatan al sentir la muerte cercana.

Emiliano: Esta vez te voy a matar sin contemplaciones y ya hasta me adelanté. Te preparé la tumba donde te vas a pudrir.

CONTINUARÁ…

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