Capítulo 40: In exitu (2° parte)

INT. HOSPITAL/HABITACIÓN DE MARÍA JOSÉ – DÍA

El constante sonido del monitor cardíaco suena de fondo y unas goteras caen dentro de una bolsa de solución intravenosa. María José está allí adentro, todavía inconsciente, recostada en la cama, como si estuviera en un profundo sueño del que no logra despertar.


INT. HOSPITAL/CAPILLA – DÍA

Juan entra despacio a la desolada capilla del centro clínico. Está sucio de tierra, tiene la camisa algo rasgada y a medio abotonar, además de que aún se encuentra con manchas de sangre secas. El joven mantiene la mirada fija en el altar y se arrodilla con un nudo en la garganta.

Juan: Señor, yo sé que estás molesto conmigo… No tengo cara para venir a pedirte nada después de que me salí del camino donde tú me pusiste, pero no vengo a pedirte por mí, sino por ella… 

Juan siente que se le quiebra la voz.

Juan: Permite que María José viva, por favor… Incluso si nunca me perdona, ayúdala para que se recupere, para que salga de esto. Estoy dispuesto a afrontar las consecuencias de mis actos y a pagar por lo que he hecho, pero sálvala, te lo suplico y en cuanto a mí, que se haga tu voluntad. Estoy preparado.

Chela entra a la capilla, sosteniendo una bolsa que le cuelga del hombro. Juan siente la presencia de alguien más, se da la bendición y se levanta. Es así como, al voltear, se encuentra de cara con la mujer.

Chela: (conmovida) ¡Ay, mi niño!

Chela rompe a llorar de felicidad y se lanza a abrazarlo sin importarle el estado descuidado de su nieto. Juan duda en corresponderle, pero al final también la rodea con sus brazos.

Chela: No te imaginas la angustia que pasé. Tuve mucho miedo de perderte a ti también. Una cosa así me hubiera sepultado.

Juan: Estoy bien, abuela. No te preocupes.

Chela se separa y lo mira de arriba a abajo.

Chela: Mírate nada más cómo estás (Le acaricia el rostro). Emiliano es un animal, un monstruo. ¿Cómo pudo siquiera tener el corazón tan negro como para enterrarte vivo? 

Juan: Por un momento pensé que sí se le iba a dar matarme. Es la segunda vez que veo la muerte así tan de cerca.

Chela: Menos mal que no lo logró. 

Juan: Y te lo debo a ti. Gael me contó lo que hiciste. Fuiste muy valiente.

Chela: No iba a permitir más injusticias, además no fue nada. Yo sabía que te habían sacado a la fuerza de la delegación. Emiliano era el único que podía estar detrás y lo único que hice fue responsabilizarlo de cualquier cosa que te pasara… Todo fue gracias al celular que me diste porque de no haber sido por eso, no te hubieran encontrado...


FLASHBACK

DÍAS ATRÁS

INT. DEPARTAMENTO DE CHELA – DÍA

Juan se despide de su abuela materna, aunque ya va de salida.

Juan: Debo irme. Grettel me mandó un mensaje y me pidió que fuera a verla dizque para invitarme a cenar.

Chela: ¿Cuándo se vieron? No me digas que a poco ella sabe quién eres. 

Juan: Hasta ahora no y que mejor no se lo sepa. Me la encontré hace unos días en la casa según para llevarle unos documentos a Emiliano y me pidió que guardara mi número el celular de ella para que nos veamos y hablemos.

Chela: Juan, no me lo tomes a mal, pero cuando conocí a esa muchacha allá en Villa Encantada, hubo algo en ella que no me agradó del todo. 

Juan: Grettel ha sido mi mejor amiga desde que estaba en la prepa. Nos conocemos hace muchos años.

Chela: Uno nunca termina de conocer a la gente, mijo. Nada más ten cuidado. Si ella trabaja para Emiliano, puede ponerte en riesgo. 

Juan: Tranquila. Confío en ella, aunque he aprendido a ser prevenido y precisamente por eso te entrego esto antes de que se me olvide. 

Juan saca de su chaqueta un celular y se lo da a la anciana.

Juan: Toma. Guárdalo bien y mantenlo cargado.

Chela: (extrañada) ¿Para qué me lo das? Yo ya tengo uno. 

Juan: Es por si algo me llega a pasar. Este celular está conectado en tiempo real a mi reloj. 

Juan le muestra el smartwatch de su muñeca.

Juan: Todas las llamadas, notificaciones y hasta grabaciones que haga con este reloj se van a guardar automáticamente en la nube de este celular, algo así me explicó el chavo que me ayudó a configurarlo.

Chela: (confundida) No entiendo, mijo. Para estas cosas de tecnología soy algo mensa.

Juan: (riendo) Está bien. No hace falta que entiendas cómo funciona. Nada más dale este celular a la policía si por algún motivo yo no puedo. También tiene mi ubicación, así que podrían rastrearme.

Chela: Bueno, eso sí no está tan difícil de entender.

Juan: Recuerda, este teléfono es muy importante. Cuando Emiliano secuestre a Octavio, voy a estar grabando con mi reloj y una copia de la grabación va a parar aquí en este celular. Vale oro, así que guárdalo muy bien.

Chela: Está bien, mijo. Cuenta con ello.

Juan: Me voy. Te hablo luego.

Juan se despide, dándole un beso cariñoso en la frente. Chela le da la bendición y él sale del departamento.

FIN DEL FLASHBACK


FLASHBACK

UNA NOCHE ANTES

INT. ESTACIÓN DE POLICÍA – NOCHE

Chela discute acaloradamente con dos policías en la recepción de la delegación. Fernanda le sigue el paso.

Chela: ¡Quiero hablar con el responsable de esta delegación!

Policía 1: Señora, por favor, cálmese.

Chela: ¡¿Cómo quiere que me calme?! ¡Mi nieto estaba bajo su custodia y ese desgraciado de Emiliano Fonseca mandó a que se lo llevaran!

Policía 2: No tenemos constancia de que el señor Fonseca haya...

Chela: ¡No me venga con esas pendejadas! ¡Yo sé perfectamente que él está detrás!

Fernanda, con incomodidad, se le acerca.

Fernanda: (susurrando) Cállate y tranquilízate. No hables de más.

Chela la ignora y se planta frente a los policías, señalándolos con indignación.

Chela: ¡Ese hombre secuestró a mi nieto! ¡Lo sacó de aquí por la fuerza y ustedes se lo permitieron! ¿Cómo es que sacan a un detenido así como si nada de un lugar rodeado de policías?

Policía 1: Le aseguro que vamos a investigar lo ocurrido, pero necesita tranquilizarse.

Chela: ¿Investigar? ¡¿Qué van a investigar si ustedes mismos lo dejaron salir?! Es más, ¿saben qué? Quiero ver de inmediato al detective Gael Luján.

Policía 1: El detective Luján no se encuentra aquí.

Chela: ¡Entonces llámenle!

Policía 2: Es plena madrugada, señora. Está fuera de turno.

Chela golpea con la palma de la mano el mostrador. Fernanda se sorprende. Los policías se asustan y el detalle llama la atención de todos los empleados del lugar.

Chela: ¡Escúchenme muy bien! Si a mi nieto le pasa algo, voy a salir a la calle y voy a gritar que las autoridades están encubriendo a un criminal. ¡Responsabilizo a la policía y a Emiliano Fonseca de lo que le pueda pasar a mi nieto!

Los policías se miran incómodos. Fernanda finalmente pierde la paciencia y toma a la anciana del brazo.

Fernanda: ¡Ya cállate! ¿Enloqueciste? ¡No puedes venir aquí a amenazar a la policía!

Chela se suelta brusquedad y le habla en un susurro.

Chela: Si tú, como madre, no eres capaz de defender con las uñas a tu hijo, yo, como abuela, sí lo voy a hacer.

Fernanda se desarma ante ese reproche. Chela se vuelve a los policías.

Chela: ¿Qué esperan? ¡Hagan algo!

Policía 1: (incómodo) Baje la voz, por favor.

Chela: ¡No voy a bajar la voz! ¡Mi nieto está desaparecido y ustedes quieren que yo me quede sentada esperando! ¡Y no estoy hablando por hablar! ¡Yo soy testigo de todo lo que ha hecho Emiliano! ¡Tengo pruebas!

Policía 2: ¿Qué clase de pruebas?

Chela: Las suficientes para hundirlo y solo se las voy a mostrar al detective Gael Luján, así que llámenle. Quiero verlo y díganle que le interesa lo que tengo para mostrarle.

FIN DEL FLASHBACK


Juan: (conmovido) Gracias de verdad, abuela. 

Chela: No hay de qué, mijo. Gael me dijo que te había dejado aquí de paso porque se lo insististe y me imaginé que necesitarías cosas.

Chela se quita la bolsa y se la pasa.

Chela: Toma. Te traje pañitos húmedos para que te limpies y algo de ropa para que te cambies. Te la compré de paso, así que no es gran cosa.

Juan: Gracias, pero la verdad es que ahorita lo que menos me interesa es cómo me vea. Lo único que quiero es que María José se reponga. 

Chela: Gael también me contó lo que le pasó a esa muchacha. De veras que lo lamento mucho, pero ten fe…

Chela le frota el hombro con cariño.

Chela: María José se pondrá bien y va a despertar en menos de lo que imaginas.

Juan: Dios quiera. 

Chela vuelve a abrazarlo para consolarlo. Juan corresponde lleno de angustia e impotencia, y a los segundos se separan. Juan se pone serio de repente.

Juan: ¿Fernanda no vino contigo?

Chela: Claro que no. Cuando Gael nos contó lo que pasó, quiso acompañarme, aunque se lo impedí y me vine yo sola. ¿Qué planeas hacer con ella? 

Juan: Creo que ya es justo decirle la verdad, aunque tengo que encontrar el momento.

Chela: No me imagino cómo se va a poner.

Juan: Sabré manejarlo. ¿Qué hay de Emiliano? ¿Supiste algo de él?


CORTE A:

INT. HOSPITAL/HABITACIÓN DE EMILIANO – NOCHE

Emiliano se encuentra recostado sobre la cama y poco a poco empieza a despertar después de una cirugía de emergencia en la que le extrajeron las balas. Ve borroso por causa de la anestesia y poco a poco su visión se aclara.

Chela: (voz en off) Hasta donde me enteré, solo oí que lo atendieron de emergencia y lo llevaron a otro hospital…

Emiliano se mueve e intenta recostarse en la cama, muy adolorido, no solo por la cirugía, sino por los golpes y magulladuras de la golpiza que recibió el día anterior. 

Emiliano: (confundido) ¿Qué me pasó?

Es cuando, de repente, el hombre mueve una mano y se da cuenta de que está esposada junto a la baranda de la cama.

Emiliano: ¿Qué carajos?

Emiliano intenta zafar su mano, pero es inútil.

Emiliano: (furioso) ¿Qué se supone que es esto? ¡Vengan y quítenme esta mierda de inmediato!

Emiliano continúa intentando zafarse y recuerda fugazmente lo vivido en la madrugada.

Emiliano: (exaltado) No, no imposible…

Emiliano desorbita los ojos y continúa intentando zafarse.

Emiliano: ¿Que no oyen, idiotas? ¡Quítenme esto! ¡No saben con quién se están metiendo! ¡Llamen a mi abogado ya mismo! ¡No me pueden esposar así!

Emiliano se lastima las heridas de la cirugía por el esfuerzo al gritar y gime adolorido.

Ricardo: ¿Estás contento, hijo?

Emiliano mira para todos lados con desespero, pero solo escucha la voz de su padre adoptivo.

Emiliano: ¿Tú otra vez? ¿No te cansas de chingarme? ¡Lárgate! ¡Lárgate, viejo infeliz!

Ricardo: Debes acostumbrarte. La libertad es algo que no volverás a tener.

Emiliano: Es lo que tú crees, pero te voy a hacer ver lo equivocado que estás. ¡Voy a salir de esto y voy a matar a esos cabrones! ¡Octavio, Juan, todos! ¡Todos! ¿Oíste? ¡Todos!

Emiliano forcejea consigo mismo.

Emiliano: ¡Quítenme estas malditas esposas! Esto es un atropello a mi persona. Yo no soy ningún criminal. ¡Quítenmelas, chingada madre!

Por fuera de la habitación, hay dos policías custodiando la puerta y escuchan los gritos del hombre, pero lo ignoran. Fernanda llega en ese instante a la sala de espera y también escucha los gritos.

Fernanda: (desconcertada) ¿Por qué grita mi esposo? ¿Qué le están haciendo?

Policía 1: Está esposado, señora. 

Fernanda: Vengo a verlo. Déjenme pasar. 

Policía 2: Por el momento, las visitas no están autorizadas. Lo sentimos. 

Fernanda: Él es inocente. Todo esto es un malentendido que está dañando la reputación de nuestra familia. 

Policía 1: Entendemos, pero no hay nada que podamos hacer. Para ello se va a llevar a cabo un proceso y una investigación.

Fernanda se aparta frustrada y camina por el pasillo con evidente preocupación. Justo en una televisión colgada en la pared, escucha unas noticias que llaman su atención y alza la cabeza.

Presentadora: De acuerdo a algunas informaciones filtradas de forma anónima por varias fuentes, el empresario mexicano Emiliano Fonseca, dueño del corporativo que lleva el mismo apellido, ha sido presuntamente arrestado, pues se le acusa de haber cometido varios delitos, entre los que resaltan secuestro y presunto homicidio…

Fernanda: (susurrando) Esto no debía pasar. Emiliano debía morir sin escándalos. Christian fue demasiado lejos…


CORTE A:

INT. CORPORATIVO FONSECA/ASCENSOR – DÍA

Grettel revisa las redes sociales en su celular, leyendo con los ojos desorbitados e impactada un titular.

Grettel: No puede ser… ¿Emiliano detenido?

Justo en ese instante las puertas del ascensor se abren y ella se sorprende al ver el bullicio del piso principal, pues varios empleados y secretarias murmuran y parecen mostrarse la misma noticia en sus dispositivos móviles.

Grettel: (susurrando) Juan, ¿qué hiciste? Lo arruinaste todo. 

Grettel se pasa la mano por la cabellera al ver que sus planes originales han sido arruinados y se toca el vientre con preocupación.


CORTE A:

INT. HOSPITAL/HABITACIÓN – DÍA

Chuy y Martha también miran las noticias, pero en la televisión, donde la periodista hace el reportaje especial de la noticia del día, afuera de un hospital distinto.

Presentadora: El magnate de sesenta años se encuentra en estos momentos hospitalizado luego de resultar herido en un operativo policial donde se le arrestó en flagrancia por el crimen de secuestro y tentativa de asesinato…

Martha: (exaltada) ¿Está escuchando eso, padre?

Chuy no dice nada ante la sorpresa que la noticia le ha ocasionado. 

Martha: Dios mío, esa es una excelente noticia. Por fin se va a hacer justicia. 

Chuy: Dios te oiga, aunque me preocupa alguien…

Martha: ¿Quién?

Chuy no le responde por prudencia.

Martha: ¿Juan acaso?

Chuy alza la mirada y parece incapaz de seguirle mintiendo. Martha esboza una sonrisa.

Martha: No hace falta que me dé explicaciones. Yo siempre lo supe.

Martha baja la cabeza con tristeza.

Martha: Me di a la idea de que mi muchacho sí se murió cuando me lo encontré esa vez saliendo de aquí, ¿recuerda? Estaba tan distinto, pero supe en cuanto lo vi que era él, solo que no quise insistir. Entendí que quiso sacarme de su nueva vida.

Chuy: (acongojado) Juan te quiere mucho, Martha. Él jamás podría sacarte de su vida. Es más, fui yo quien lo corrió y me porté tan duro con él esa vez que vino, pero no pude soportar ver en lo que se había convertido.

Martha: Lo entiendo, padre porque también me sentí igual, aunque lo entiendo. 

Chuy: Lamento mucho haber tenido que ocultarte la verdad. Te aseguro que desde el inicio de esa farsa estuve en contra, pero no hablé para protegerlo. Perdóname.

Martha: No tiene que pedirme perdón. Está bien. En estos momentos lo más importante es que ya arrestaron a ese matón. Juan seguramente tuvo que ver. No por nada sostuvo lo de hacerse pasar por ese otro muchacho, por su hermano.

Chuy: Me pregunto dónde está ahorita. Espero que la ayuda que le envié le sirve de algo.

Martha: ¿Qué ayuda?

Chuy: ¿Recuerdas al señor obispo que vino a verme ayer?

Martha: Sí, claro. Se quedaron hablando bastante rato.

Chuy: Bien. Bernardo es hermano de Evaristo, el padrino de Juan.

Martha: (sorprendida) ¡Ay, no me diga!

Chuy: Él sabe todo lo que pasó y sabe perfectamente que Emiliano es el culpable de la muerte de Evaristo. Nunca alzó la voz por miedo, por proteger su posición y hace poco descubrió que tiene un tumor.

Martha: Dios santo. Pobre.

Chuy: Está muy arrepentido de haber callado y le pedí que contara lo que sabe a los medios para que ayude a que haga justicia de una vez por todas.

Martha: ¿Y cree usted que sí lo haga?

Chuy: Es lo que espero…


INT. ARQUIDIÓCESIS – NOCHE

Bernardo está siendo grabado por un camarógrafo en vivo y en directo. Luce serio, aunque solemne de acuerdo a su cargo como obispo y título de monseñor. 

Bernardo: Para todos los que observan este video, quiero darles un saludo fraternal en Cristo y quiero comenzar diciendo que les habla uno más pecador que ustedes. Ha sido difícil hacer esto, pero he tomado la decisión porque ya no puedo seguir callando y ser partícipe de la injusticia que ya de por sí golpea enormemente nuestra nación…


CORTE A:

INT. HOSPITAL/SALA DE ESPERA – NOCHE

Juan, quien ya se ha cambiado de ropa, está sentado, aún esperando avances del estado de María José, aunque apenas presta atención al video que se reproduce en la televisión colgada en la pared a un volumen moderado.

Bernardo: Es pecador también aquel que, por omisión, permite que se haga daño y públicamente me declaro culpable de ello y a continuación explicaré el porqué… Hace muchos años, casi veintiocho para ser más exacto, mi hermano gemelo, Evaristo López, trabajaba como jardinero en la casa de la familia Fonseca.

Juan alza la cabeza de inmediato al escuchar la voz del obispo en la televisión y empalidece al ver su rostro. Bernardo sigue hablando dentro de la televisión.

Bernardo: Una noche llegó a verme desesperado con un niño recién nacido en brazos. Me contó que era hijo de Gabriel Fonseca, el menor de los tres hermanos de la familia y que Emiliano Fonseca se lo había dado por una cantidad de dinero para que se fuera lejos con el bebé, esto debido a que él veía al niño como una amenaza para apoderarse de la cuantiosa fortuna de la familia que era propiedad de Gabriel, al cual Emiliano asesinó en un accidente automovilístico orquestado junto a la otra hermana de la familia, Paula Fonseca. 

Juan siente que el corazón le da un vuelvo al ver en el obispo el rostro de su difunto padrino y un nudo se le hace en la garganta.

Bernardo: En aquel entonces yo era sacerdote. Evaristo quiso dejarme al niño a mi cuidado, ya que él no se sentía capaz de criarlo ni tampoco sabía qué hacer con él debido a su problema de alcoholismo…

Juan se conmueve y pronto sus ojos comienza a sollozar al escuchar esa historia que le era desconocida.

Bernardo: Yo me negué y debido a la gravedad del asunto, le aconsejé denunciar a la policía y dejar al niño en el orfanato Nuestra Señora de Guadalupe, cuyo director es el padre Jesús Ramírez, de quien fui mentor y amigo personal, aunque mi hermano se negó a denunciar. Temía a las represalias de Emiliano Fonseca y al final decidió quedarse con aquel niño, algo que me molestó profundamente al punto de que corté mi relación con él…

Juan derrama lágrimas discretas, aunque se las limpia sin dejar de ver el reportaje mostrado en la televisión.

Bernardo: Doce años después de todos esos eventos, el niño se enfermó terriblemente de anemia. Evaristo apenas tenía para darle de comer y en su desespero, no vio más opción que buscar de nuevo a Emiliano Fonseca para pedirle ayuda, pero esa noche…

Bernardo hace una pausa, baja los ojos y continúa hablando algo afectado a la cámara.

Bernardo: Esa noche, mi hermano fue asesinado brutalmente por ese hombre. Lo atropelló con alevosía, sin medirse y movió influencias para hundir la investigación. Fue ahí que el padre Jesús Ramírez se quedó a cargo del niño y me pidió denunciar lo ocurrido a las autoridades, pero para aquel entonces recién me habían nombrado obispo y aunque yo sabía que mi hermano había sido asesinado por ese hombre, decidí callar para no afectar mi nuevo cargo, Quería alejarme de algún escándalo que me manchara…

Juan apenas logra contenerse y llora. Recordar ese momento que lo marcó en su adolescencia aún le duele profundamente y más enterarse de la existencia del hermano de su querido padrino.

Bernardo: Fui egoísta, lo admito y apenas ahora puedo hacer públicas estas declaraciones luego de reflexionar en mi reprochable silencio. No pude resistir más después de ver que Emiliano Fonseca salió a declarar a los medios que mi hermano Evaristo se había robado al niño y que, para colmo, lo chantajeaba. Doy fe de que esas acusaciones son completamente falsas y pido encarecidamente a las autoridades investigar a este sujeto para que se haga justicia por todos los crímenes que ha cometido. Gracias.

El video termina y una presentadora aparece en el estudio, mirando a la cámara. 

Presentadora: Hemos escuchado las impactantes declaraciones del obispo Bernardo López, quien nos ha enviado a nuestro noticiero este video en exclusiva en medio de…

Esta sigue hablando de fondo. Juan se pone de pie y se limpia las lágrimas al tiempo que recuerda.


FLASHBACK

Evaristo, con dificultad, alcanza a quitarse de su muñeca un denario (un rosario de diez cuentas), el cual le da al muchachito.

Evaristo: Toma esto y nunca te olvides del buen camino, mijito. Dios te bendiga. 

Evaristo continúa sonriendo, pero sus ojos poco a poco se apagan.

FIN DEL FLASHBACK


Juan: (dejando de recordar) Padrino, perdóneme. Usted también murió por mi culpa, por protegerme, por salvarme desde que nací y me convertí justo en algo totalmente distinto a lo que usted me pidió… Perdóneme…

Juan se recuesta en la pared e intenta no llorar, aunque le es difícil. Es cuando una enfermera se acerca con una planilla y le pone la mano en el hombro.

Enfermera: Disculpe.

Juan se limpia de nuevo los ojos e intenta disimular.

Juan: (volteándose) ¿Sí?

Enfermera: ¿Es usted familiar de la señorita María José Montiel?

Juan se exalta al escucharlo.

Juan: Eh, soy un amigo. ¿Cómo sigue? 

La enfermera no responde de inmediato. 

Juan: ¿Por fin despertó?


CORTE A:

INT. HOSPITAL/HABITACIÓN DE MARÍA JOSÉ – MINUTOS DESPUÉS

Juan mira discretamente por una ventana hacia el interior de la habitación en donde reposa María José, quien ya ha despertado y es examinada por un médico. Hay también una enfermera. Juan solloza de felicidad al verla consciente a pesar de su semblante un poco desmejorado. 

Juan: (susurrando) Dios mío, gracias… Gracias por traerla de vuelta… Gracias, Señor…

Juan toca el vidrio y frunce los labios sin dejar de sonreír. Habla como si le hablara a ella directamente.

Juan: Te prometo que voy a arreglarlo todo y voy a afrontar las consecuencias de mis actos. Te lo prometo. Lo importante es que estés bien. Con eso me conformo. 

Juan quisiera quedarse más rato viéndola, pero al final se despega del vidrio y se va de allí. María José casualmente voltea a ver hacia la ventana en el último segundo y lo reconoce. 

Doctor: Estuvo cerca de morir, señorita. Una de las balas casi rozó su corazón y no comprometió tejidos o huesos de forma grave. 

María José continúa mirando hacia la ventana.

Doctor: Hay cosas que a veces los médicos no podemos explicar. De veras es un milagro. Por ahora, va a continuar en observación en los próximos días, y de ahí veremos cómo evoluciona. ¿Comprende?

María José solo asiente con la cabeza de forma distraída. 


INT. HOSPITAL/HABITACIÓN DE CUIDADOS INTENSIVOS – NOCHE

De forma paralela e irónica, mientras María José ha recobrado la consciencia, Paula reposa inconsciente en una cama, intubada, con la parte superior de la cabeza vendada, además de varios hematomas presentes en los brazos. Es de notar que está conectada a un monitor cardíaco y a suero fisiológico. Chela es guiada por una enfermera hasta la habitación, pero no entra y solo se queda observando desde la ventana al tiempo que recuerda otra parte de la conversación que sostuvo con su nieto en la tarde.


FLASHBACK

INT. HOSPITAL/CAPILLA – DÍA

Juan: Chela, necesito que hagas algo por mí, ya que me queda difícil mientras estoy al pendiente del estado de María José.

Chela: Claro que sí, mijo. Tú sabes que cuentas conmigo para lo que sea.

Juan: Emiliano… (Hace una pausa con dificultad) Emiliano me confesó que mató a Paula.

Chela: (impactada) ¡Bendito! ¿Tú crees que haya sido capaz?

Juan: Conociéndolo no lo dudo, pero tampoco estoy seguro. Llama a todos los hospitales a ver si de pronto la llevaron a alguno con vida o de si plano se llevaron su cuerpo a la morgue. Cuando sepas algo, me avisas.

FIN DEL FLASHBACK


Chela mira a través del cristal con profunda y sincera lástima, pues aquella mujer en la cama apenas se parece a la sofisticada Paula Fonseca.

Chela: ¿Cuál es su diagnóstico? ¿Qué dicen los médicos?

Enfermera: Debido a que todavía se encuentra inconsciente, su estado es reservado. Hay que esperar a que reaccione para realizar estudios neurológicos.

Chela: ¿Creen que sí se despierte?

Enfermera: Todavía es pronto para saberlo.

Chela asiente con tristeza.


INT. DEPARTAMENTO DE GRETTEL – NOCHE

Tocan el timbre de forma insistente. Grettel se apresura a abrir y al hacerlo, se encuentra en primer plano con Juan.

Grettel: (aliviada) ¡Juan! ¡Por fin apareces!

Grettel se lanza a abrazarlo, pero él con seriedad la aparta.

Juan: No me toques.

Grettel: (desconcertado) No entiendo qué te pasa. Tú nunca me has tratado así. El otro día que viniste me juzgaste gacho y ayer estabas como loco golpeando a Emiliano. Dime qué fue lo que hiciste. Vi en las noticias que lo detuvieron.

Juan pasa en silencio y ella cierra la puerta, extrañada por esa actitud cortante. 

Grettel: ¿Juan?

Juan: ¿Qué era lo que buscabas?

Grettel: ¿De qué hablas?

Juan: ¡De Christian! 

Grettel: Juan, no te estoy entendiendo.

Juan: (dolido) No te hagas, Grettel. Yo ya sé que lo mataste.

Grettel siente un vacío al verse confrontada de esa forma.

Juan: Yo sé que tú lo mataste esa noche en el hotel y que lo obligaste a llamarme. Él hablaba de una mujer antes de morir. ¡Fuiste tú!

Grettel: Juan, déjame explicarte…

Juan: (muy indignado) ¿Explicarme? ¿Explicarme qué, carajo? ¿Que tuviste la sangre tan fría como para matar a puñaladas a otro ser humano? ¿Cómo pudiste ser capaz de cometer algo tan horrible, maldita sea?

Juan le grita lleno de ira e indignación. Grettel incluso se aturde por los gritos.

Juan: Christian era mi hermano. No crecimos juntos, pero éramos gemelos y pudimos haber recuperado el tiempo perdido de no haber sido por ti que nos quitaste esa oportunidad. ¿Cómo fuiste capaz? (Pregunta muy dolido)

Grettel: (en un hilo de voz) Lo hice para protegerte.

Juan: Qué excusa tan pendeja. 

Grettel: Aunque te cueste creerlo, es la verdad.

Juan: Esto no tiene nombre, Grettel. ¿No te das cuenta? Te convertiste en una pinche asesina.

Grettel: (solloza) Sí. ¿Y qué? No me arrepiento porque fue para salvarte. 

Juan: (negando con la cabeza) Te oigo y no lo creo. ¿Cómo puedes hablar con tanta frialdad? ¿Cómo tuviste la sangre tan fría para siquiera atentar contra él?

Grettel: Emiliano me chantajeó con matar a mi mamá si no te mataba a ti. ¿Qué más querías que hiciera? Yo no quería que le pasara nada por más mediocre y latosa que fuera.

Juan: ¡No te atrevas a hablar mal de Martha! Ella no se merece una hija como tú que siempre la ha tratado de la patada. 

Grettel: ¿Qué más da? Más bien, en vez de reclamarme, deberías tratar de ponerte en mi posición. ¿Qué hubieras hecho tú por salvar a alguien que querías?

Juan: Yo hubiera buscado cualquier alternativa, lo que fuera, con tal de no quitarle la vida a nadie y estoy seguro de que sí tuviste la dizque inteligencia de armar este circo, pudiste buscar otra forma o pedirme ayuda. 

Grettel: ¿Y cómo? Emiliano me había quitado mi celular. No tenía cómo llamarte. Estaba en una carrera contrarreloj, entre la espada y la pared. No tenía opción, Juan. Entiéndeme.

Juan: No te puedo entender. ¡No puedo! ¡Esto no tiene perdón, Grettel!

Grettel: No me digas eso, Juan, por favor. 

Juan: Mira, yo no seré el mejor ejemplo de santidad y desde que me metí en este juego he hecho cosas reprochables. He chantajeado, he manipulado, he mentido y supongo que este también es mi castigo…

Juan la mira con una profunda decepción. 

Juan: He decepcionado a muchas personas y ahora me tocó a mí pasar por la misma pinche decepción que me causa darme cuenta de que me equivoqué.

Grettel: Juan, yo te amo y créeme que si tuviera que volver a matar por ti, lo haría.

Juan: Cállate. No juegues con algo tan sagrado como el amor para justificar algo tan asqueroso.

Grettel: ¡Juan, por favor!

Grettel intenta acercarse, pero él pone distancia de inmediato. 

Juan: Quiero que te entregues. 

Grettel: No, eso no. No me pidas una cosa así. No puedo ir a la cárcel. Estoy embarazada.

Juan: Debes hacerlo. Después de que des a luz, puedes entregarle el bebé a tu mamá.

Grettel: (negando con la cabeza) No, no lo haré. No voy a pisar la prisión. No me voy a convertir en una maldita presidiaria y arruinar mi futuro así. 

Juan: En ese caso me voy a encargar de delatarte yo mismo, aunque me parta el alma en dos. 

Grettel: No me hagas esto.

Juan: Estás advertida. Tienes un día. 

Juan intenta retirarse del departamento. Grettel se le interpone y, llorando, se lanza a abrazarlo.

Grettel: Perdóname, Juan. Perdóname. Te lo suplico.

Juan: ¡Suéltame!

Grettel: No me odies. Te lo pido. Yo te amo como a nadie y no quiero perderte, por favor. No me hagas esto.

Juan: Que me sueltes, Grettel. No me obligues a usar la fuerza contigo.

Grettel: (desesperada) Hazme el amor. Hazme el amor como ese día. ¡Yo soy tuya, nada más tuya! 

Grettel parece fuera de sí, pues no logra soportar ese odio desmedido que ve en la mirada del hombre que tanto dice amar.

Juan: Basta, Grettel. ¡Déjame!

Grettel: Déjame demostrarte lo mucho que te amo, mi amor. ¡Te amo, Juan! ¡Te amo!

Grettel lo llena de besos desesperados e intenta quitarle la camisa. Juan no lo tolera más y la empuja levemente.

Juan: (furioso) ¡¡Basta!!

Grettel cae justo en el sofá, llorando llena de dolor e incluso el maquillaje se le corre.

Grettel: ¿Cómo te atreves a tratarme así? ¡Eres un completo idiota! 

Grettel se pone de pie y ahora su dolor se mezcla con uno de rabia.

Grettel: Deberías agradecerme por haberme manchado las manos de sangre por un pendejo como tú que nunca fue capaz de valorar una mujer como yo. 

Juan: No seas cínica. ¿Ahora la culpa es mía?

Grettel: ¡Te esperé por años, Juan! ¡Muchos años! Tú siempre has sido el amor de mi vida y armé el plan para beneficiarte, para que tuvieras chance de recuperar lo que el hijo de puta de Emiliano te robó desde que naciste. ¡Deberías amarme y darme las gracias!

Juan: Jamás podría agradecerte por ser una asesina y sobre todo, por haberte atrevido a matar a mi propio hermano. Qué tristeza darme cuenta de que mi mejor amiga tenía el corazón tan podrido. 

Grettel: (furiosa) ¡Eres un imbécil, un ingrato!

Grettel intenta cachetearlo. Juan le detiene la mano.

Juan: ¡Cuidado ahí! ¡No te lo permito! 

Grettel: ¡Desgraciado!

Grettel se suelta de mala gana.

Juan: Esto fue mucho para mí, Grettel. Nada justifica acabar con la vida de otra persona. Benjamín cometió el mismo pecado que tú, no vienen al caso los detalles, pero él por lo menos jamás se justificó.

Grettel: No me compares con ese gay. Estoy hasta por pensar que a lo mejor a ti también te gustaba él porque no comprendo cómo has podido rechazarme. ¿Te lo cogías acaso?

Juan: (muy decepcionado) No vale la pena ni siquiera responderte. Tú nunca entenderías el tipo de amor que yo le tenía a Benjamín, ¿y sabes por qué? Porque una persona como tú jamás entendería lo que es amar de verdad. 

Grettel: ¡Lárgate! ¡No voy a seguir humillándome contigo, Juan! ¡Lárgate!

Juan: Claro que me voy, pero estás advertida. Te entregas o te juro por la memoria de Christian que te delato, Grettel. 

Juan sale del departamento dando un portazo. Grettel rompe a llorar llena de ira e impotencia, pegando chillidos y es cuando se da cuenta de una mancha roja en su jean que la espanta.

Grettel: (exaltada) No, no por favor. Esto no…

Grettel se desespera y busca de inmediato su celular.

CONTINUARÁ…

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